El fin de una era y el surgimiento de una megaestrella: Hace 40 años

Hearns oltando los primeros bombazos con los que acabó con un largo sólido renado y con una época maravillosa del boxeo mexicano.

Con información de Gaspar Silveira Malaver, publicada en el Diario de Yucatán.

Mérida.- La fecha está marcada como una de las más tristes del deporte mexicano….y eso lo sabemos y hasta lo lloramos en su momento  aquellos que tuvimos el infortunio de vivirlo.

Pero sin saberlo en ese momento, fue el advenimiento, la presentación en sociedad de la (junto con Marvin Hagler) última gran megaestrella que el siglo XX habría de generar….y eso, dentro de la desgracia que esa noche representó para los mexicanos, fue algo de ¡¡epopeya!!.

EPIFANÍA

El triunfo, arrollador, espeluznante, con categoría de SEÑOR, de Thomas Hearns sobre Pipino Isidro Cuevas González (No José “Pipino” Cuevas, como es comúnmente confundido) fue algo así como una epifanía para el aficionado al boxeo, allende nacionalidades que presenció algo así como una visión divina.

Lo hecho por Hearns esa noche del 2 de agosto de 1980 rebasó en magnitud al triunfo por sí mismo, al hecho de ganar el campeonato mundial, al de haber derrotado a un símbolo de la división wélter, a un roble innoqueable, con 11 defensas al hilo del trono mundial wélter de la AMB, 10 de ellas por nocaut.

“Esa noche vi al mejor boxeador que había observado en mi vida, qué Ray Robinson, qué Joe Louis, qué Mohamed Alí.

“No sabía de dónde sacaron a ese energúmeno, pero era lo mejor que había visto sobre un ring, palabras más, palabras menos, me dijo años después el sabio Don Eduardo Amer (condujo por 35 años el programa de boxeo de mayor duración en el mundo), al recordar en retrospectiva esa noche.

Claro, con el tiempo y con la quijada, que no era precisamente de mármol de Hearns, la opinión de Don Eduardo, cambió, aunque no mucho.

Thomas Hearns hizo pedazos en solo dos rounds a Pipino Cuevas, ante quien logró aquello de “El que A que Hierro Mata a Hierro Muere”, en la “Joe Louis” Arena de Detroit, la casa del espigado peleador conocido para los hispanos como “La Cobra” y para los angloparlantes como “The Hitman” (sicario).

En entrevista que Cuevas le concedió en 2018 en esta ciudad, el periodista del Diario de Yucatán, Gaspar Silveira, relata en la edición de este día de ese casi centenario rotativo:

“Pude preguntarle un día a “Pipino” qué había pasado aquel sábado 2 de agosto. Cuevas representa para el que esto escribe el primer personaje admirado en los deportes, mucho muy admirado.

“Y saberse frente a la persona que robó esas primeras impresiones, casi cuatro décadas después, representó más que un sueño, a la vez que una sensación de tristeza robarle esa pregunta que muchos mexicanos queremos hacer siempre a las personas que nos representan en cualquier escenario.

“Una mañana de mayo de 2018 me puse entre Carlos Zárate, “El Cañas”, y “Pipino”, como si fuera el niño que en 1980 había llorado por la aplastante derrota ante Hearns.

“No solo a tí. Decepcioné a miles, a millones. No pude hacer llevar el plan de pelea que hicimos”, respondió el nacido en Hidalgo, durante un evento en Mérida.

Cuevas, a pesar de su hilera de 12 victorias titulares (11 de ellas defensas) 11 por nocaut, no era, a diferencia de todos los pleitos desde su coronación, el favorito unánime, al menos no en México y quizás en el país solo cuatro personas estaban conscientes de ello:

Su mánager, Guadalupe “Lupe” Sánchez (quepd) su equipo, Justo “Manzana” Sánchez (quepd), Francisco “Paco” Sánchez (quepd) y su representante y agente, Rafael Mendoza Realpozo (fallecido en 2018).

En declaraciones hace unos 10 años, Mendoza dijo lo siguiente a Península Deportiva:

“Nosotros, todos, particularmente yo, veíamos ese escenario como probable; en esa época habían diarios, agencias informativas, revistas especializadas, vídeos, pero de boxeadores encumbrados y Hearns aún no lo era…ni pensar en youtube, no había información instantánea.

“Sin embargo, yo ya sabía quién era, pues su entrenador, Emmanuel Steward era viejo conocido mío; años antes estuvimos involucrados en asuntos comunes y yo ya sabía cómo venía el desarrollo del muchacho, por lo que me decían otros periodistas (Mendoza era periodista) y promotores de mi confianza.

UN INÉDITO MILLÓN DE DÓLARES, A CAMBIO DE LA FAJA WÉLTER AMB

“La pelea era inevitable y el riesgo de la derrota no era bajo, querían llevarse la pelea a Detroit a como diera lugar y nos pusimos difíciles ante lo inevitable y finalmente conseguimos que le pagasen 1.1 millones de dólares, cifra que jamás había ganado deportista mexicano alguno en cualquier deporte.

“El trato se cerró en la Ciudad de México, cuando la gente de Hearns llegó y sacó de un banco la cantidad pactada 1.1 millones de dólares; nos reunimos en un hotel y mostraron el efectivo.

“Ahí, dos contadoras del Banco de México constataron, delante de ambas partes, que el dinero era lo acordado y así se selló el futuro del reinado de Pipino que de esa manera se convirtió en el primer deportista mexicano millonario en dólares”, explicó en su momento el experto y sagaz agente.

ATAQUE FULMINANTE

Ya una vez instalados en el ring de la gran arena y en una megafunción para aquella época (tres títulos del mundo), sucedió lo que Silveira Malaver añadió en su publicación de este día en el decano de los diarios del sureste de México:

“El primer round fue un dominio claro de Hearns y en el segundo, simplemente lo masacró.

“Una reseña que encontré dice sobre el segundo asalto: Ya cerca del final, Hearns colocó en la mira a Pipino en el centro del ring y lo fusiló con un trallazo con la derecha que pareció un rayo.

Pipino se estremeció de pies a cabeza, como electrocutado, y quedó suspendido en el aire por fracciones de segundo.

Mientras el mexicano flotaba semiinconsciente, Hearns (lo midió magistral y malévolamente con la izquierda) rearmó su derecha y la repitió, esta vez (como un rayo) sobre la sien izquierda.

Pipino cayó de frente con la cara sobre la lona (sin meter las manos). A duras penas se recuperó, pero su entrenador, “Lupe Sánchez”, entró al ring declarando la rendición al réferi Stanley Christodoulou”, añadió Silveira Malaver.

El sudfricano Christodolou (un real caballero y magnífico amigo de Península Deportiva) , el mejor réferi que África haya tenido, desgranó la cuenta.

Y aunque Pipino la venció y se puso de pie reflejando los efectos de haber tomado “un silo de tequila”, Don “Lupe” Sánchez subió a parar la masacre y a detener la ejecución de quien era como un hijo para él.

El réferi, por cierto, fue tercero sobre la superficie de una de las peleas de campeonato mundial del yucateco Lupe Madera, cuyo apoderado Willliam Abraham Dáguer (muy cercano a “Lupe” Sánchez), estaba esa noche en Detroit, junto con su sobrino Juan José Abraham Achach.

Finalmente, Silveira Malaver recordó: “Pipino” me dijo hace dos años que “dolió, pero así fue. Hearns fue un gran campeón mundial”.

Zárate, que le escuchaba, le dijo: “Esa sí nos dolió”. Dicen que muchos perdieron casas, coches y empresas por apostar. Pero más perdió el orgullo mexicano viendo a Pipino Cuevas irse en declive desde entonces, concluyó el relato del experimentado periodista del Diario de Yucatán.

Esa noche, la del 2 de agosto de 1980, acabó la que quizás ha sido la más brillante época del boxeo mexicano.

Aquella en la que tuvo simultáneamente a los dos campeones mundiales (entonces sólo había dos organismos) Y QUÉ CAMPEONES de las divisiones mosca (Miguel Canto y “Guty” Espadas), gallo (Carlos Zárate y Alfonso Zamora) y wélter (Carlos Palomino y Pipino Cuevas).

Pero también inició la última gran época del Siglo XX con Hearns, Ray Leonard, Roberto Duran y Marvin Hagler.

Todos ellos conformaron un cuarteto (todos pelearon entre ellos) que históricamente podría haber rivalizado con cualquier combinación en la época que fuere de nuestro infinitamente amado y por siempre sensacional, electrizante deporte-espectáculo del boxeo.

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