Larry Holmes bajó de la gran escena a Mohamed Alí hace 40 años

Mérida.- Ufff, parece que fue ayer, pero no; ya han  pasado cuatro decenios.

Hace 40 años como hoy, uno de los mejores pesos de la historia le abría la puerta del adiós, no del boxeo, pero sí de la gran escena, es decir, de las peleas de campeonato mundial, al más grande púgil y deportista que haya existido: Mohamed Alí.

Alí, quien buscaba su cuarta coronación como monarca del orbe de los completos, no pudo contra quien había sido su sparring y no tuvo más remedio que quedarse sentado sobre el banquillo, como también lo hizo, aunque sin perder, en su último pleito con Joe Frazier en Manila.

Ya Alí le había pedido a Angelo Dundee no seguir, pero al ver aquél que ya le quitaban las cintas de los guantes a Frazier, no dejó ver sus intenciones y solo dejó que la “bandera blanca” saliera primero de la otra esquina.

Pero este no fue el caso de lo que sucedió en el Caesar´s Palace en Las Vegas.

Un Holmes (uno de los 10 mejores pesos completos de la historia, pero el más subvaluado), estaba en su mejor momento.

Había sido amplio dominador de los 10 rounds de la pelea, que ganaba desde el primer round, estaba entero y listo para dejar tendido en la lona a un ya agotado, y sin posibilidad real alguna de vencerlo, Alí.

Fue la octava defensa del oriundo de Georgia, y quizás la única que no tuvo un sabor a gloria, no sólo por vencer a la más grande leyenda del boxeo, sino por la forma en la que lo logró, haciéndolo sin crueldad, pero sí evidenciando que su ex maestro estaba acabado.

La imagen del mega icónico púgil sentado, vencido, casi arrumbado en su banquillo fue, desgraciadamente, lo que más se recuerda de esa noche.

VILLANO PERPETUO

Quizás eso fue lo que eclipsó la carrera de Holmes y lo puso inconsciente e injustamente, como villano y en un segundo plano en el imaginario boxístico perpetuo.

Holmes, según consigna el Consejo Mundial de Boxeo (CMB), lloró después de la pelea, ya que sentía una profunda admiración por Ali, recordando los tiempos pretéritos.

“Tenía carisma. Él era un ser hermoso y encantador. Escucha, incluso después de vencerlo en nuestra pelea en 1980, fui a su camerino después y estaba acostado en la cama ya que estaba muy dolorido.

Y dije: “Ali, sabes que te amo. Siempre has sido mi amigo”. Y él dijo:” Si me amabas, ¿por qué me golpeaste asi?.”

Pero él nunca tuvo rencor, incluso hasta el día de su muerte. Incluso cuando estaba enfermo, cada vez que lo veía, él bromeaba y decía: “¡Quiero a Holmes! ¡Tráeme a Holmes!

Finalmente, Holmes “pagó” sus culpas y con intereses unos ocho años después cuando enfrentó a Mike Tyson en circunstancias similares a las que tuvo cuando peleó con Alí.

Tyson, quien sentía admiración por Alí, se esforzó en darle una paliza de padre y señor nuestro a Holmes, quien no se quedó en el banquillo.

Se quedó estampado en la lona.

 

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