Russell Acosta sufrió de nuevo, pero su empuje lo vuelve a sacar adelante
Mérida.- El corazón de Russell Acosta, más que su reciente prolongada preparación en Jiquipilco, Estado de México le permitió salir de un problema venido de Colombia y que amenazó con abollarle la corona mínima de Norteamérica.
Y, de paso, ganar en el décimo y último round el pleito estelar de esta noche ante un lleno en el Centro de Convenciones Yucatán Siglo XXI.
Un golpe del bravo kanasinero a la cabeza de su rival en el último episodio le permitió poner en mal estado a Edinson Martínez, que, valiente, se resistió a caer, mientras se mecía como muñeco por todo el ring a unos segundos del final de un buen duelo, de mucha combatividad y no mucho talento boxístico.
El réferi Mario Mena Castro, al ver uno de los tantos rebotes en las cuerdas del visitante se aproximó y parecía que iba a aplicarle la cuenta de protección de pie, como correspondía.
Empero, detuvo las acciones, contra la voluntad del “cafetero”, mas no de su esquina, que entendió la circunstancia.
No fue una decisión fácil, pero sí acertada como el 90 por ciento o más de las intervenciones del Ing. Mena Castro.
Russellito, merecidamente festejó y la emotividad del triunfo, del momento y de haber ocurrido con cierta espectacularidad a segundos del final de una pelea difícil desencadenó una “semilocura” en el Centro Internacional de Convenciones Yucatán Siglo XXI.
Empero, pasada la vorágine del show, lo visto sobre el ring no planteó, sino que confirmó interrogantes, o sí, podríamos decirlo, dudas, sobre lo que podemos esperar del joven kanasinero a quien algunos ya lo ubican como el próximo campeón mundial yucateco.
Y sí, en una de esas lo lograría. Hay veintiun mil millones de títulos “mundiales”, “interinos”, “plateados”.
Bueno, en una de esas hasta “campeonato mundial de la marquesita” inventan por allá.
Y Russellito quizás si logre; es más queremos que sea un campeón mundial de cualquiera de los organismos reconocidos (de preferencia de la AMB no, es ya el más chafa).
Sin embargo, no vemos de momento como pueda ser no un monarca (ya hoy día no es lo más importante), sino una figura, como no tenemos desde hace unos 40 o 50 años.
Le da mucho trabajo ganar sus peleas, no vemos que mejore y deseamos que lo logre, porque es dedicado y disciplinado y eso es lo principal, mas no lo único.
Como le pasó en su pelea previa con el “Charrito” Ruiz en Kanasín, sufrió y de hecho, quizás las tarjetas no estaban consigo hasta el séptimo round.
Aunque en el octavo, logró prender y lastimar al joven Martínez, emparejando las acciones, sufriendo en el noveno y viniendo con todo para un cierre de película, plausible que le dio su victoria 16 en 16 peleas y su sexto nócaut.
Su triunfo legítimo, valioso, aún no nos “inocula” el virus del entusiasmo respecto a su futuro, pero su valor, disciplina y denuedo pueden llevarlo a donde todos deseamos.
Aunque para ello, debe convencer y eso lo hará mejorando, luciendo como en los dos primeros episodios, para luego perder el dominio al aceptar intercambiar metralla, muchas veces innecesariamente, por su temperamento, o por no carecer de recursos.
El tiempo nos dirá.
“Sayú”, en plan enorme.
En la pelea semifinal, el cubano Adriano Sayú despachó fácil, y con dotes de maestría que ya le vimos por vez primera al mexicalense Mariel Clemente Agúndez, a quien le aplicó la peor derrota de su carrera: en un round.
Muchos dijeron que se trató de un “bulto” y no, no lo fue. Sayú, al menos esta noche, si dio muestras de un real avance.
Liquidó espectacularmente al norteño al que acabó “así como va”, no porque Agúndez fuera un bulto, sino porque tuvo las herramientas, el conocimiento y, sobre todo, la capacidad de hacer ver fácil algo que a muchos otros se les habría dificultado.
Tras tomar el mando de las acciones, Sayú fue superando al mexicalense en velocidad de manos, moviéndose bien, caminando bien por la tarima, llevándolo a donde él quería de manera coordinada.
Al llegar al final de round, en una esquina neutral, como los grandes, le soltó una izquierda al mexicano, que parecía iba a su cabeza, pero que en el camino cambió en milésimas de segundo, hacia el hígado, donde se estrelló.
Enseguida, soltó la derecha plena en la cabeza de Agúndez, que se desplomó, siendo resguardado por el internacional Miguel Canul.
El caído aparentemente no estaba listo, pero un réferi de clase mundial como “Mike” Canul entendió que si en una de esas lo dejaba seguir, lo que venía iba a ser desastroso y responsabilidad suya, hubiera ocurrido en ese mismo primer round, o en el segundo.
Sayú, si lo dejaban, iba a hacer pedazos al norteño.
Magnífico, impresionante, espectacular triunfo del isleño; para nosotros, el mejor de su aún bisoña carrera y no por lo lucido, sino por algo muy especial y particular que ya pocos buscan y logran ejecutar en estas épocas de show: la definición.
Sayú supo cómo definir y acabar una pelea de manera precisa y hasta grandilocuente si es que la palabra aplica.
Cosas buenas viene para él y ojalá siga con su maestro inicial, Román Acosta, quien le está dando forma de diamante a este joven, cuya estampa nos recuerda a Emile Griffith y un poco a Earnie Shavers (los que saben entenderán a quienes nos referimos)…..(ampliación en breve).







