Mérida.- Enrique Orozco, una de las más grandes promesas y también de las más grandes frustraciones que hayan existido en el boxeo yucateco, cumple este lunes 30 años de haber debutado en el boxeo de paga en el que estaba llamado a ser una gran estrella que se eclipsó antes de llegar a su máximo destello.

Debutado por Edilberto “Beto” Rivero Segovia a los 15 años (los cumplió el 13 de junio de 1989), Daniel Enrique Orozco Herrera fue un caso raro, pues desde antes (14 años) ya había sido campeón nacional amateur.

Para ello y con la confianza de que “algo ganaría”, la entonces Asociación de Boxeo Amateur (ABAY) encabezada por José del Pilar Campos Santana (quepd) le consiguió un acta de nacimiento apócrifa con la que lo hicieron pasar de mayor edad, para que pudiera pelear en el campeonato nacional de 1989 en Morelia.

Asi, fue un “cahirul al revés”, a diferencia de esa costumbre, empleada usualmente para “bajarle la edad” a deportistas que buscan competir con ventaja ante oponentes de menor empaque físico.

Finalmente, en la gran final de peso minimosca, noqueó (R.S.C.) a José Vicenteño, que tiempo después sería boxedor olímpico en Barcelona 1992.

Heredero por ambas vías familiares del boxeo (sus tíos Juan campeón del mundo, y Daniel Herrera) y de un tío abuelo por parte de su padre, llamado “El Gordito Orozco”, Enrique tuvo un explosivo estreno en el que virtualmente hizo medio round de sombra antes de triturar y zarandear al hunucmense Jorge “Relapaguito” Canté.

Canté, quien visitó dos veces la lona jamás habia subido antes y tampoco volvió a hacerlo después a un ring.

Ello no demeritó el triunfo del novatito, quen hubiera hecho lo mismo con cualquier otro rival y que tan solo con “moverse” un poco alegró la pupila del fan al evidenciar suma elegancia y enorme clase para un “rapazuelo” de esa edad o de cualquiera.

Recordamos con simpatía que al llegar al camerino lo esperaba su apoderado, Don William Abraham Dáguer, quien alegre le dio para su “cena” (más dinero del que cobró por pelear) y le pidió qe cambiara su pantaloncillo (blanco con vivos en negro o negro con vivos en blanco, ya no recoramos bien), porque traía al frente la leyenda Orosco y no Orozco, como por razones obvias debería de ser.

A un lado, el singular y también bien recordado asesor, Eric Germon González exclamaba entre risas, “este pinche flaco me va a terminar de hacer millonario”.

En esa ocasión, el cartel estuvo encabezado por quien sería por años su compañero de gimnasio, Javier “Candelita” Várguez, quien enfrentó y noqueó en cuatro rounds al capitalino Jacinto Escalante, así como por el tabasqueño Óscar Gallegos, que fue sorprendido por el también “defeño”, Javier Varela, que lo derrotó por puntos en 10 vueltas.

Mientras que el peso súpermosca tabasqueño Basilio Morales puso a “roncar” en dos vueltas (kot) a José Martín.

Luego de ese pleito, Orozco hizo una más que aceptable campaña por ocho años, hasta que decidió retirarse luego de ser noqueado en cuatro rounds por el hidalguense Adán Vargas, con quien combatió en peso súpergallo, siendo él un mosca natural.

Enrique, quien ya no le prestaba el mismo cuidado a su carrera tumbó en dos ocasiones a Vargas (tres veces retador al título mundial gallo), pero éste vino con todo y lo prendió espectacularmente, para dejarlo tendido para la cuenta de 100 (tardó minutos en recuperarse).

Todavía peleó una vez más e hizo su despedida 15 años después bajo el auspicio de Yuatanboxing de los sres. José Rivero y Lus Rejón (un segundo padre para él) el 14 de diiembre de 2012 en Kanasín, donde venció en seis rounds a Wilberth Collí.

En opinión de península deportiva ha sido uno de los boxeadores yucatecos llamados a ser estrella y que no quiso pisar la alfombra roja.

Era un boxeador con un gran y fino boxeo, con grandes aptitudes defensivas y una pegada de lo más explosiva que hemos visto en la zona (solo equiparable a Miguel Berchelt), noqueador de un solo golpe, lo que le permitía ser un contragolpeador fulminante.

Y si bien tenía un enorme valor (era muy macho) y pegada como la del actual campeón mundial súperpluma, es cierto también que carecía de su fortaleza y de resistencia al castigo (sufría de quijada frágil), además de algo muy importante: determinación.

La carrera del “Maestrito”, como muy acertadamente lo apodó el gran Gonzalo “Fayo” Solís comenzó a venir abajo en 1994, justo cuando se acercaba a la gran oportunidad, al ser noueado en un round por el siempre peligroso sinaloense Javier Ríos, quien en esa noche de febrero le quitó el invicto de manera contundente y dramática.

El dolor de esa terrible derrota y problemas personales que ya comenzaba a a atravesar hicieron mella en su amor por el boxeo que poco a poco comenzó a decaer, hasta alejarlo de la meta a la que tendria que haber llegado: el campeonato del mundo.

Enrique o “Zurdo”, como con mucho cariño le llamabamos (era de guardia equivocada) fue hijo del sr. Enrique Orozco Padilla y de doña Teresa Herrera Marrufo (una sensacional persona y toda una DAMA) y esto casado ccon la señora Anahí, con quien tuvo un hijo que desgraciadamente falleció a los 15 años de manera súbita, cuando iba a debutar como padre.

Quizas fue esa muerte, aunada a las de su padre y madre con poco tiempo de sucesión entre una y otra, la que lo dejó en muy mal estado anímico, activando, posiblemente, una leucemia que acabó con el el 18 de octubre de 2017, tan solo a los 43 años.

En Península Deportiva lo recordamos con mucho afecto y pena por los hechos que antecedieron su deceso y la muy mala suerte que en muchas ocasiones lo persiguió. Fue una muy buena persona y un caballero.

Además de su señor esposa le sobreviven solamente un nieto y su hermana, la Lic. Leticia Herrera Herrera y el esposo de ésta. (Que Siga Descansando en Paz).

 

 

 

 

 

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