Por Jorge Canto Alcocer, publicado en el Diario Por Esto

Mérida.- Jesús Valdez, Wimberly, Quevedo, Núñez … nuevos nombres empiezan a poblar el
imaginario del fanático yucateco
En la temporada 2005, tras una década de esfuerzos, el siempre bien recordado
Gustavo Ricalde Durán alcanzó uno de sus máximos sueños: conjuntar un equipo de
Leones sólido, balanceado, competitivo y con fuerte sello local. Con una
columna vertebral poderosa -Said en la receptoría, Borges y Morejón en la
mancuerna, Willie Romero en el center-, adicionados con peloteros de enorme
valía -“Rayo” Arredondo, Pedro Castellano, los pítchers Óscar Rivera, Salvador
Arellano, José Vargas- los melenudos volvieron a tener la estatura de antaño.
La afición regresó al Kukulcán, los jugadores eran conocidos y reconocidos, los
triunfos deportivos se volvieron cotidianos: tres finales del Sur, dos
campeonatos divisionales y el gallardete de 2006. ¡Una auténtica dinastía!
Don Gustavo se nos adelantó en el viaje sin retorno durante los primeros días
de 2008, y la administración del equipo recayó en Wilberth Valle. Malos manejos
de éste, así como la excesiva influencia de Lino Rivera, llevaron al
desmantelamiento de aquella dinastía. Cuatro años bastaron para que esa dupla
destrozara al equipo y lo hundiera en el sótano, lo que finalmente condujo a la
venta de la franquicia, que dejó de ser de los herederos de Ricalde para pasar
a manos de los hermanos sinaloenses Arellano Hernández, quienes comenzaron a
manejar a la novena desde la temporada 2013, aunque la venta se oficializó
hasta fines de aquel año.
Dos años después, y tras el escandaloso fracaso de 2014, el renovado rostro de
Leones muestra al fin el radiante cariz del éxito. Los peloteros que conforman
el equipo se caracterizan por ser jóvenes veteranos, es decir, tener la
suficiente experiencia para solventar los compromisos, así como estar en la
parte más productiva de sus respectivas carreras. Sus nombres comienzan a ser repetidos
por una afición que ha regresado a la casa melenuda incluso con más pujanza que
en 2005-2007. Jesús Valdez, Corey Wimberly y Adam Reifer son ya ídolos de la
parroquia, en tanto que los jugadores de campo Israel Núñez, Kevin Flores, José Juan Aguilar, Héctor Giménez y Luis Alfonso García, así como los serpentineros
Marco Quevedo, Alejandro Astorga, Jonathan Castellanos y Manuel Rodríguez son
ampliamente conocidos y populares.
¿Puede ser el inicio de una nueva dinastía melenuda? Las evidencias indican que
sí, pues la mayor parte de los mencionados están en plenitud de facultades. La
notable excepción puede ser justamente el único yucateco, el relevista Manuel
Rodríguez, quien a sus 19 años muestra condiciones de escalar a mayores alturas
y, por qué no, ser el primer coterráneo en jugar en el Gran Circo.
Por lo pronto, el equipo se encuentra ahora sí firmemente encaramado en la
primera posición del Sur, con cuatro y medio juegos de ventaja sobre los Tigres, en tanto
que los Olmecas, Pericos, Guerreros, Piratas y Delfines pasan por un pésimo
momento, lo que les ha permitido a los selváticos mantener una muy buena
distancia sobre ellos. Los ajustes en el relevo finalmente se realizaron,
quedando fuera el titubeante Anthony Ortega, sustituido por el cubano Yoanner
Negrín, con muy buenos numeritos, y contándose con la adición de Héctor
Navarro, quien había sido injustificadamente prestado a los Broncos de
Tamaulipas. El equipo luce así impecable, principal candidato al título sureño.
Aún faltan varios escollos para ello, y hoy mismo se materializará el primero,
cuando los nuestros inicien serie con los pingos en el “Fray Nano”, en un nuevo
enfrentamiento de líderes, en el que los capitalinos tratarán de vengar la
afrenta que las fieras les propinaron al barrerlos en el Kukulcán. Pero acaso más importante aún que el éxito deportivo es el impresionante
retorno del pueblo yucateco al principal escenario beisbolero de la región. El
lleno impresionante del domingo pasado frente a los Rieleros -superior a la jornada
inaugural, al Juego de Estrellas y al domingo previo contra los siempre
taquilleros Diablos Rojos- da testimonio de la pasión de los yucatecos. Las
atronadoras ovaciones al “Cacao” Valdez, Corey Wimberly y Adam Reifer
evidencian el nacimiento de nuevos ídolos … ¡Qué grande es el béisbol en
Yucatán!

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