Sí, la maldición del “Cacao”

Jorge Canto desmenuza el “Waterloo” melenudo y lo compara con la “Maldición de la Cabra” y la del “Bambino”

Con Información de Jorge Canto Alcocer del Diario Por Esto

Mérida.- Pese a su evidente superioridad, los Leones fueron inexplicablemente eliminado en cinco juegos

El zurdo James Russell estaba dando de comer en la mano a los Pericos. Los dominaba a placer, y los Leones, tras mucho esfuerzo, habían logrado una sufrida carrerita. Aún estábamos a la mitad del partido, y las cosas finalmente parecían sonreír a los favoritos.

Pero de pronto, todo se descompuso: una línea suave de Ricky Rodríguez se internó al jardín central, luego una base por bolas rigurosa benefició a César Tapia. Con dos en base, el toque era mandatorio, y así lo ejecutó, un poco largo, Héctor Garanzuay.

Ricardo Serrano entró por la pelota y la tomó, pero inesperadamente se fue al piso, como si alguien le hubiera jalado el tapete. Ya en el césped, tomó la pésima decisión de tirar, le salió una rolatita que un buen primera base debió controlar, pero ese no es el caso de Yuniesky Betancourt: la pelota terminó en el fondo del jardín derecho, y Pericos tomó una ventaja que, a la postre, se convirtió en definitiva en el partido conclusivo.

Sin embargo, en la fatídica séptima, Yucatán tuvo su gran oportunidad. José Juan Aguilar inició la entrada con una rola difícil, un seguro jit al cuadro. El poblano Carreón, empero, jugó agresivamente y lanzó un tiro desesperado intentando ponerlo out, pero la pelota salió desviada, lo que debió dar una base extra al michoacano, pero inesperadamente el mal tiro chocó con el cuerpo del coach de primera y quedó cerca del fildeador.

José Juan reaccionó y parecía que llegaría a salvo a la inicial, pero, en otro momento inaudito, cayó al piso, y fue presa fácil del inicialista poblano. Después vendrían una base por bolas y un jit, que hubieran permitido anotar a Aguilar con toda la facilidad del mundo, pero …

¿Había Ud. visto algo así? Claro, por supuesto: el 25 de octubre de 1986, una inocente rola del “Mooky” Wilson debió ser el último out de la décima entrada para permitir a Medias Rojas de Boston seguir luchando por obtener el banderín de la Serie Mundial, pero, inesperadamente, la pelota se le escurrió entre las piernas.

Años después, el 14 de octubre de 2003, Steve Bartman, un aficionado de los Cubs de toda la vida, gran conocedor del béisbol, olvidó por un instante la situación del juego y le “robó” un foul a Moisés Alou, que hubiera acercado a los Cubs a sólo cinco outs del boleto para la Serie Mundial; después de ello, unos Marlines que antes estuvieron totalmente dominados vapulearon a cuanto pitcher puso Chicago, y aquellos cinco outs nunca llegaron.

Sí, desde mi perspectiva no hay duda: así como La Maldición del Bambino afectó a Medias Rojas por más de 80 años, y la maldición de la cabra impidió por décadas la coronación de los Cubs, sólo la maldición de Cacao puede explicar la increíble serie de circunstancias que provocaron la humillante derrota de los bien armados Leones a manos de unos desmantelados Pericos.

“Cacao” es un hombre muy gentil y ha demostrado indudable amor por Yucatán y su afición, pero su inesperado, absurdo, injustificado cambio a principios de julio, a poco más de 30 partidos del final de la temporada, provocó un auténtico desastre en los selváticos, desastre que concluyó de la inexplicable forma relatada el pasado 31 de agosto.

¿Quién fue el responsable de tal desatino? Eso es algo que sólo saben los hermanos Arellano Hernández, el gerente Juan Carlos Cañizales, y Willie Romero, quien unos cuantos días después fue despedido igualmente de modo inesperado, absurdo e injustificado.

¿Es Ud. escéptico ante las maldiciones? Lo comprendo, a mí me pasa en el terreno religioso. No he encontrado ningún credo que conmueva mi absoluto escepticismo respecto a un posible origen divino de la humanidad.

Y como le comprendo, intentaremos la explicación racional: Los Leones perdieron frente a los Pericos, pese a su inmensa superioridad, por tres razones: el absoluto desbalance de su orden al bate, provocado por el exceso de bateadores de largo alcance y la correspondiente carencia de bateadores de contacto y jugadores veloces; la deficiencia de su defensiva, particularmente en el cuadro, especialmente porque los guantes de oro del año pasado fueron banqueados para dar preferencia a los aporreadores antes mencionados –y que no aporrearon más que su cascos cuando regresaban dominados las más de las veces-; finalmente, y como desde esta tribuna advertimos desde la salida de Willie, porque no hubo acoplamiento entre el cuerpo técnico, heredado del manager saliente, el nuevo manager, y los jugadores.

¿A qué se debió este desastre? Pues una cosa llevó a la otra: se priorizó el bateo de largo alcance, olvidando el béisbol de fundamentos; los bateadores de largo alcance fueron, además, defensivos limitados; finalmente, Juan Francisco “Chico” Rodríguez tuvo que adaptarse a lo que encontró. Los resultados saltan a la vista.

Sin embargo… sí Serrano no se hubiera resbalado, si después de haberse resbalado se hubiera guardado la pelota, si Yuniesky hubiera pensado, como primera base, que la pelota no debe pasar por ningún motivo… o si, al contrario, el tiro de Carreón se hubiera ido al monte en vez de chocar contra la humanidad de un coach descuidado…

Para acabarla de sentenciar (la maldición), el último out a los Leones, el out 27 de ese funesto (para los Leones, claro está) quinto partido fue entregado, ¿por quién cree ud?; claro, por Ricky Álvarez, el mismo que ocupó el sitio del “Cacao” en los melenudos y quien se ponchó tirándole.

Por más vueltas que le doy, la explicación racional me parece insuficiente, mientras que la magia sobrenatural cobra más fuerza.

¿Y si realmente fuera la maldición? ¿Cómo conjurarla? Puede Ud. reírse todo lo que quiera… estoy seguro que ni en Boston ni en Chicago lo tomarían a broma…
 

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