Miami.- Guillermo Rigondeaux
es campeón de la Asociación Mundial de Boxeo y Nonito Donaire es campeón de la
Organización Mundial de Boxeo.

“Rigo
no sólo va a demostrar al mundo que es el más grande peleador amateur que jamás
existió, sino que además va camino a convertirse en uno de los más grandes
boxeadores profesionales de todos los tiempos”, expresó Hyde. “En el 2012, Rigo
conquistó el título mundial y lo defendió con éxito dos veces. Iba por su
cuarta pelea de campeonato mundial en 12 meses, pero razones más allá de su
control impidieron que combatiera”.


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Si algo hace que se rechace a cuanto boxeador cubano aparece en el
horizonte es la cantidad de basura que se habla por sus representantes como
supuesta “política de promoción”, porque el show de los promotores está bien,
pero cuando un manager entra al ruedo y dice cosas como las de Gary Hyde (en la
foto con Rigo) conque encabecé este material, yo, que soy cubano y mantengo de
un tiempo a esta parte una posición de defensa, a veces exagerada, de los
pugilistas de la Isla de reciente factura, lo primero que deseo, rompiendo el
compromiso conmigo mismo, es que le arranquen la cabeza al peleador, que no
tiene la culpa.

Para hablar como Hyde lo primero que debe tenerse es un total irrespeto por
“el ridículo”, porque eso es este tipo: UN SOBERANO RIDÍCULO, después, un
desequilibrio absoluto entre lo que necesita el cubano con respecto a lo que
puede hacerle daño.

Los manejadores de Guillermo Rigondeaux (este individuo, Hyde, en primera
fila), tienen que concluir que el zurdo no es un peleador que le interesa a la
cantidad de público suficiente como para que los grandes promotores lo
propongan como figura de gran cartel y mejor dinero para la televisión, porque,
desde que la pequeña pantalla apareció en el firmamento deportivo americano, el
concepto que siempre ha prevalecido es: “gusta en televisión porque tira mucho”,
lo que quiere decir que se faja, así ha sido, es y será siempre y ningún
elemento que represente al capitalismo en el deporte debería confundirse con
suposiciones buenas para donde se desconoce todo del boxeo profesional, como
sucede en Cuba desde hace 50 años.

¿A santo de qué se cita que un boxeador que es campeón
mundial de una versión del boxeo profesional, va a demostrar que: “es el mejor
peleador amateur de…”? Si peleara contra Donaire, ¿Qué medalla estaría en
juego, olímpica, panamericana…? Y, si lograran el pleito ¿En que lo puede
ayudar ese carretón de galardones aficionado que le arrastran y le hace daño
que lo repitan?

Cuando se habla de Patterson, de Pascualito, de Clay, de Foreman, de
Leonard, de Frazier, de Benvenutti o de Wilfredo Gómez nadie escribe sobre sus
brillantes carreras amateurs, que fueron de medallas de oro olímpicas o de
campeonato mundial aficionado, porque son inservibles cuando el boxeador tenga
que devolver los golpes que le tiran en más de 3 rounds de duración y con
dinero por “la gracia”.

Entonces, cuando ven a Rigondeaux los mexicanos, los boricuas, el público
de todas partes, con ese exagerado estilo de separarse de la candela a mil por
hora y uno les habla de “técnica exquisita” y cosas parecidas, cuando lo ven
tirar tan poco que desfasa el tiempo del pleito (conocido como aburrido por el
ritmo lento e inactivo), entonces, si uno le plantea lo del “brillo olímpico”,
contribuye a cavar la tumba del paisano, porque incrementa el rechazo ajeno a
un estilo que ni es cubano ni se sabe de dónde es, pero que, a fuerza de
conocer poco, como si Cuba se hubiera descubierto en 1959, pretenden imponerlo
como “ejemplo del boxeo superior de la ex Perla de las Antillas”, cuando se
sabe que cualquier mexicano, boricua… conoce mejor el sentido y la ciencia
tradicional del deporte, porque es el de ellos propiamente y, como todo en la
vida, no tienen la culpa de que a Cuba la tiranicen los hombres que pisotearon
el boxeo nacional para, con semejante “logro”, crear la confusión en el pueblo.

Lo otro que dijo Hyde como el sacrílego y desconocedor de intereses
trasnochados que es: si Rigondeaux le ganara a Donaire, también demostraría que
“es uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos”.

Para buscar el rechazo del cubano por apatía, por exceso de cuidado o por
lo que sea, de acuerdo a sus actuaciones poco reconocidas en el ring, tiene que
meter esa cuchareta para que desborde el vaso…

Yo, cuando leo o escucho esas cosas, también me preparo para ripostarlas de
la forma como mejor lo hago: escribiendo contra el cubano, porque, por encima
del compromiso paisanista, debe primar lo objetivo, lo honesto, lo deportivo
sobre estas politizaciones de última fila en un espectáculo tan malo que ni
categoría tiene.

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