Semblanza de un genio de la crónica deportiva: Russell Gutiérrez Canto

Así fue la vida del gran cronista fallecido esta noche y quien ha dejado huérfanos a la afición yucateca y a la “Nación Melenuda”

Por Juan Carlos Gutiérrez Castillo.

Mérida.- Russell Augusto Gutiérrez Canto, quien hoy falleció tras una nueva, definitiva crisis de la añeja enfermedad que padecía fue, no sólo el mejor cronista béisbolístico radiofónico y televisivo nacido en Yucatán en los últimos 90 años, sino el más completo comunicador y periodista deportivo que haya visto la primera luz en estas tierras…y en muchas.

Nacido en esta ciudad el 23 de diciembre de 1970, hijo del sr. Rusell Gutiérrez Vales y de Doña María del Carmen Canto, Russel fue un predestinado de la actividad que le dio fama, a la que le entregó la vida y por la que dio la vida: La comunicación y en particular la asociada al béisbol.

LA ESCUELA MODELO Y LA GENERACIÓN DE 1970

Ícono de la Escuela Modelo, institución formadora de grandes talentos en el campo del deporte, Russell formó parte de una generación muy especial de personas dedicadas al periodismo y la crónica deportiva, todos ellos nacidos en el año de 1970.

Fue el último de esa generación nacido en ese año en el que también llegaron a este planeta en orden cronológico dos amigos y hermanos suyos, Alejandro Torre Ramírez y Mario Antonio Peniche Gorocica, así como Juan Carlos Gutiérrez Castillo, primo suyo en tercer grado.

Andrés Manuel Novelo Mena, condiscípulo suyo en la Modelo, nació en 1971, pero forma parte de ese grupo y es contemporáneo de todos ellos que a excepción de Gutiérrez Castillo, cubrieron su escolaridad formal, antes de la universitaria en la centenaria institución del Paseo de Montejo.

No en balde, allá mismo, decenos atrás habían cursado sus estudios dos personas que fueron clave en su carrera profesional: Los señores Andrés García Lavín (quepd) (fundador de Sipse, la empresa donde Russell siempre trabajó) y Eduardo Amer González (quepd), el mas calificado conocedor de boxeo que Yucatán haya tenido y que siempre lo vio con cariño y simpatía al trabajar ambos en ese mismo consorcio.

Gran aficionado del fútbol y también del béisbol, Russell comenzó a conocer, y a querer al deporte en una época de gran efervescencia en Mérida que convertida en la capital del boxeo mexicano y con el regreso del béisbol de la Liga Mexicana en 1979, fue tejido propicio para el desarrollo de aficionados al deporte.

Una tienda que su señor padre tuvo por años en la esquina de la calle 47 x 60 en el Barrio de Santa Ana, especializada en el ramo deportivo, terminó de inocular esta actividad en el “chispeante”, dinámico y travieso muchacho que en sus correrías por el parque de las Américas, a unos pasos de la casa de sus  abuelos, imitaba las piruetas de Hugo Sánchez, las carreras intensas de Evanivaldo Castro “Cabinho”, las gambetas de Carlos Reynoso y los swings de Reggie Jackson.

Delgado, ágil, empero, no pudo alcanzar el nivel competitivo de ellos, pero sí retratar en su mente y atesorar en su torrente sanguíneo esas sensaciones que el deporte le dejó.

Así, con la educación paterna, la instrucción de una escuela con enorme tradición deportiva, ya siendo un adolescente, casi aún un púber, fue “entregado” por su padre a las manos del joven, pero ya experto reportero y periodista, Emmanuel Azcorra Cantón, quien le abrió las puertas de los medios en los que plasmó todo ese caudal de sensaciones.

Poco a poco, primero en la prensa escrita en el diario Novedades de Yucatán (1965-2000) y luego en la radio (XEZ-Radio 600) y en el Canal 3 de televisión (luego se convirtió en el 2), el chamaco, casi niño, de delgada figura, de ojos vivaces y ágil, singular verbo, comenzó a ser conocido, causando simpatía en los mayores y envidias en sus contemporáneos.

Fue, eso nos parece, Jorge Alberto Blanco Martínez “George White” (quepd) su principal maestro, el que pulió ese diamante en bruto, en cuyas paredes se reflejó y entendió que tenía en sus manos a la continuación de sí mismo.

Generoso, nada egoísta, “George White”, el mismo que circulaba en las calles de Mérida en su Volkswagen color beige, con un banderín de los Yanquis de Nueva York pegado en la ventanilla lateral izquierda, leyendo, simultáneamente, la revista Súperhit y oyendo su programa de béisbol grabado por la mañana, en una radio que traía entre su hombro y oreja, “le fue cediendo los bártulos” poco a poco a su alumno.

GANÓ EL BÉISBOL

Nadie le puso la disyuntiva entre el fútbol y el béisbol, los que narraba a la perfección, con conocimiento, chispa, de manera amena, pero el “Rey de los Deportes” terminó siéndolo también el de su corazón.

“El Chel”, como le llamábamos de cariño, aún no cumplía los 20 años y ya era conocido a nivel nacional, al grado que Grupo Televisa lo quiso incorporar a sus filas, primero en su división radio, ofrecimiento que el jovencito yucateco rechazó, primero por estar aún estudiando la Carrera de Ciencias de la Comunicación en el Instituto de Ciencas Sociales de Mérida (I.C.S.M.A.C.) y, también por padecer ya, desde entonces, la enfermedad de la diabetes.

Desenfadado, siempre de buen humor, normalmente, bromista, pero de fortísimo carácter cuando las circunstancias le impedían mantener su estado normal (como sucede con toda la gente bonachona), Russell enfrentó a la vida con ese handicap y supo sacarle lo mejor de ella.

SUCESOR DE GEORGE WHITE

A la muerte de “George White”, a los 68 años el 2 de enero de 1992, con recién 21 años cumplidos, Russell se erigió como el principal referente de la “pelota caliente” en Yucatán y nunca cambió, jamás se dejó seducir por el fantasma de la soberbia, por el egoísmo o la arrogancia; siempre fue el muchacho con un dejo de travesura que con su gorra puesta al revés convivía sea con los más altos dirigentes y empresarios del béisbol, que con el más humilde de los aficionados.

Su voz ingresaba, como un invitado especial y muy esperado todas las noches de primavera y verano a las casas yucatecas, donde retrataba las jugadas de los Leones de Yucatán en las mentes de sus cientos de miles de radioescuchas con su maestría y talento.

Fue precisamente esa característica, el talento, la que lo llevó a alcanzar los más altos estándares de calidad, de capacidad y admiración entre los aficionados locales y de muchas otras partes.

EL SEÑOR TALENTO

“El caso de Russell es muy especial, es un tipo nacido con talento, mucho talento, él la hace aquí y en cualquier lado donde le ofrezcan un micrófono”, comentó en alguna ocasión el experto y productor televisivo de Televisa y muchas otras empresas, Ariel Barajas Canto (no eran familiares), sobre Gutiérrez Canto, con quien trabajó en dos ocasiones en Sipse.

Russell trabajó toda su vida en el béisbol que le dio para vivir bien, sobre todo porque era un tipo modesto, sencillo, sin mayores pretensiones materiales, más que estar en donde hubiera béisbol.

Como “George White”, fue sencillo en su andar, manejó por años un vehículo compacto, pequeño (Atos) de color verde en el que traía, como buen periodista, sus revistas y apuntes, con su gorra puesta al revés.

Fue Alejandro Torre Ramírez su hermano, no de sangre, pero sí de corazón y quiso de manera igual o al menos similar, a Mario Antonio Peniche Gorocica.

Con ellos y con muchos otros, emprendió el camino de la vida en el mundo del deporte y en él tuvo la dicha de encontrarse con su hijo, Russell Gutiérrez Flores.

Conoció mundo; anduvo varias veces en Estados Unidos, donde transmitió formalmente partidos de Ligas Mayores en Arizona, para la radio latina estadounidense, así como en Clásico Mundial para Sipse y en una ocasión, a principios de la década de los 90´s transmitió en su primer programa Al Límite, un especial de fútbol desde España en el que él y Alex Torre entrevistaron a Hugo Sánchez y a Luis García Póstigo.

Simpático, agradable, tuvo suerte con las mujeres y tuvo no pocas novias, una de ellas, cuya repentina, temprana muerte en 2012 demostró su nobleza al salir al aire a dar un emotivo amoroso, respetuoso mensaje en memoria de esa dama.

MOMENTOS BUENOS Y MALOS Y PROFETA EN TIERRA AJENA

Tuvo momentos buenos, los más, pero también algunos malos, como el no poder narrar ni el juego perfecto de Óscar Rivera en 2005, ni la coronación de los Leones de Yucatán en 2006, toda vez que las transmisiones de los melenudos estaban a cargo de otra empresa. Eso fue algo que le dolió y contra lo que no pudo hacer nada.

Ya consagrado, se enfilaba a la madurez con un futuro lisonjero, con tranquilidad y consagrado como uno de los mejores de todo México, admirado y querido en todo parque en el que se presentara. No en balde, en una ocasión, los Rieleros de Aguascalientes le entregaron un reconocimiento por su destacada trayectoria.

A los 45 años, en septiembre de 2016, estando de paseo en San Diego con su familia, comenzó a experimentar problemas severos de salud, al grado que debió cruzar a Tijuana, donde acudió a un hospital en el que le recomendaron permanecer para no poner en riesgo su vida.

DE FRONTERA A FRONTERA

Obcecado, porque así lo era, prefirió tomar un vuelo hacia Guadalajara, donde se agravó y sin bajarse del avión, voló en ese mismo aparato a Mérida, a donde llegó la mañana del lunes 26 de septiembre en estado gravísimo, siendo recibido por sus compañeros de Sipse que lo llevaron al Hospital Regional de Alta Especialidad, donde sus médicos pronosticaron lo peor.

Esa noche, con muchas personas ya enteradas de su condición y aislado en Terapia Intensiva, le sobrevino un paro cardíaco del que pudo salir y tras una batalla de semanas en la que siempre fue contra la corriente, recibió, después de estar en cuenta de 3 y 2, la cuarta bola que le permitió seguir por la vida.

Todavía la temporada pasada de la Liga Mexicana de Béisbol (LMB) la cubrió entera como cronista local y viajero e hizo lo mismo en la Liga Meridana de Béisbol en la cual todavía narró la tarde de este sábado el duelo Zorros vs. Rockies, cuando comenzó a sentirse mal y fue llevado a su casa.

Allá, sin saberlo, sus amigos Peniche Gorocica, Marco Moreno, entre otros, se despedían de él.

EL OUT 30

Poco después, fue llevado a la Clínica de Mérida, donde le sobrevino una crisis que le cantó el out 30 (pues vivía en extrainnings) y terminó con su existencia y la de una época de la crónica deportiva y de muchos de quienes fuimos sus colegas y amigos, justo en octubre, justo en el día en que la Serie Mundial quedó definida y justo a unos días de conmemorarse el quinto aniversario de la muerte de Ray Torres, el máximo ídolo que haya tenido la pelota yucateca.

A Russell Augusto Gutiérrez Canto le sobreviven sus señores padres, su hijo y su hermano Rubén, entre otros deudos.

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