Mérida.- ¿Cómo eran el deporte mexicano y yucateco en el 1971 de la ahora ya premiada, aclamada película Roma?

Fue algo así, más o menos:

Los Leones de Yucatán, con el “champion bat”, en la segunda temporada de su segunda época en la Liga Mexicana de Béisbol (LMB) andaban de plácemes con el humeante bat del gran venezolano Teolindo Acosta Lázaro.

“El Inventor del Hit” se convirtió ese ya muy ejano año en el primero de los tres campeones de bateo que los melenudos han tenido a lo largo de su ya prolongada y, también, prolífica historia.

El gran venezolano en el círculo de espera para tomar su turno al bat con los melenudos yucatecos.

Un jovencito llamado Miguel Ángel Canto Solís comenzaba ya a llamar la atención del público yucateco aficionado al boxeo con sendos triunfos, entre ellos el logrado sobre el ex olímpico en México 1968, Alberto “Costeñito” Morales Colón y otro sobre el panameño Carlos Urrunaga.

A nivel nacional, Rubén Olivares se paseaba por todo el mundo como el campeón mundial de los gallos, recibiendo pleitesía del propio Presidente Luis Echeverría Álvarez y de personalidades como Jacobo Zabludowszky y los “Polivoces”, que lo parodeaban.

Por su lado, en el mundo de la pelota, los Charros de Jalisco comenzaron a construir dos leyendas:

1.- La del “ya merito” de los Saraperos de Saltillo, que tras ir arriba 3-1 en la serie final por el título de la LMB ante los Charros, vieron venir de atrás a los “jinetes” que en sus narices se convertieron en los campeones de la pelota mexicana de verano.

2.- La de Benjamín “Cananea” Reyes, quien con los “jinetes jaliscienses” inició su espectacular tránsito como manejador en la pelota mexicana y hasta en las Ligas Mayores.

Asimismo, el Cruz Azul y el América se repartían la supremacía del fútbol mexicano en una época en la que los medios capitalinos le prestaban atención por igual a todos los deportes y no a uno solo, como hoy día ocurre.

 

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