Por el sensacional periodista boxístico y entrañable amigo de Península Deportiva. Don Ernesto Castellanos Galván

México.- EL boxeo mexicano recibió un duro golpe. La noticia corrió como reguero de pólvora. Jesús Castillo, ex campeón mundial gallo y uno de los más grandes peleadores que ha dado México, dejó de existir el martes 15 pasado a las 16 horas, a consecuencia de un infarto al corazón en un hospital capitalino.
El ex luchador “León Negro”, hermano de Chucho, fue quien difundió la fatal noticia. Castillo había sido internado por un problema de piedras en la vesícula, por lo que era necesario intervenirlo.
Castillo era hipertenso, lo que complicó las cosas, y finalmente esa fue la causa por la que murió de un infarto. Tenía 68 años de edad, y vio la luz primera el 17 de junio de 1944, en Nuevo Valle de Moreno, Guanajuato. Le sobreviven su esposa María Antonieta Castillo, cinco hijos y varios nietos.
Después de su muerte en un hospital de la colonia Roma, sus restos mortales fueron trasladados a su domicilio de San Pedro Xalostoc para ser velado. El WBC planeaba velarlo en una funeraria del centro, pero por voluntad del finado y su familia se le llevó a su domicilio.
Descanse en paz.

DEJA PROFUNDA HUELLA

JESÚS Castillo ya está en el viaje a la eternidad, pero aunque ya no está entre nosotros físicamente, siempre se le recordará por haber sido uno de los más grandes campeones mundiales mexicanos.

OBRA CUMBRE

Castillo tuvo grandes noches en el ring, venció a los mejores rivales de su tiempo, su obra cumbre fue el triunfo que logró la noche del 16 de agosto de 1970 ante un lleno asfixiante en El Fórum de Los Ángeles, donde destronó a Rubén Olivares, al gran ídolo, para conquistar el campeonato mundial gallo. Esa noche alcanzó la gloria del pugilismo y el reconocimiento del Consejo Mundial de Boxeo (WBC) y de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA).
La rivalidad de Castillo con el famoso “Púas” ha pasado a la historia del boxeo mexicano y mundial por haber sido tres batallas de alta calidad, con un saldo de dos triunfos para Rubén y uno para el guanajuatense.
Castillo perdió la primera de esas tres entrevistas con Olivares el 18 de abril de 1970 en El Fórum, en el distrito de Inglewood. La pelea fue tan cerrada que se tuvo que organizar la revancha para llevarse a cabo cuatro meses después. Fue cuando en el segundo pleito Castillo derrotó a Rubén por nocaut técnico a causa de una gran cortada en una ceja. Fue la primera derrota profesional de Rubén.
En la tercera entrevista entre ellos, Olivares recuperó el campeonato al vencer a Castillo por decisión en quince asaltos, en una de las más grandes demostraciones de boxeo de Rubén, quien a base de izquierdas ofreció todo un concierto que todavía se recuerda como un clásico del ring.

CON ROSE

Otra gran pelea de Castillo fue la que sostuvo contra el entonces campeón mundial gallo, el australiano Lionel Rose, también en El Fórum de Los Ángeles, que era en esos años la catedral del pugilismo.
Castillo ofreció esa noche un gran encuentro, al grado de que cuando se dio la decisión a favor del australiano, el público, casi en su totalidad mexicanos que llenaron el local de 16,000 espectadores, provocaron una bronca gigantesca, como pocas ha habido en el boxeo, y comenzaron a prenderle fuego a las butacas. Llegó la policía, llegaron los bomberos, se detuvo a cientos de aficionados y muchos de ellos fueron deportados de la Unión Americana al comprobarse que estaban ahí en calidad de “mojados”.
Y todo porque no estuvieron de acuerdo con la decisión en contra de Chucho Castillo. Creemos que esa noche le robaron los jueces la decisión y el campeonato del mundo al guanajuatense.
Castillo fue uno de los campeones mundiales consentidos del promotor George Parnassus. El empresario griego, que había llegado de Europa a lavar platos en Nueva York, y que al mudarse a Los Ángeles pasó a ser uno de los mejores promotores de boxeo de la historia, colocó siempre a Chucho en las grandes funciones.
Y Chucho siempre le respondió.

DESDE ABAJO

Castillo llegó muy joven al DF, trabajó en diversas actividades mientras aprendía boxeo en el gimnasio Atlas, de la colonia Guerrero, en las calles Zarco y Camelia. Ahí recibió las primeras enseñanzas de Fistiana de parte del que siempre fue su manager, Jerónimo Eleuterio López, apodado “La Coneja”.
Castillo se inició desde abajo, desde las peleas a cuatro asaltos en las arenas México y Coliseo, y a base de tumbar carne humana se fue ganando su ascenso hasta ser de los mejores del orbe y, en su etapa de grandeza, el campeón del mundo.
En su carrera hacia el estrellato, Castillo derrotó a rivales como Miguel Castro, “Pichón” Contreras, Emiliano Olvera, Memo Téllez, Joe Valdez, etc. Más adelante se impuso a fuertes estelaristas como Yoshio Nakane, Jerry Stokes, Waldemiro Pinto, y participó en aquella histórica función del 14 de octubre de 1967 en el estadio Azteca, donde se impuso al colombiano Bernardo Caraballo, en un cartel en el que Vicente Saldívar derrotó al galés Howard Winstone para retener el campeonato mundial pluma.
Fue apoderado por el licenciado Juan José Torres Landa, el cual tuvo grandes campeones bajo su égida, como fueron Vicente Saldívar, Romeo Anaya y Salvador Sánchez, entre otros.
Castillo peleó de 1962 a 1975 y al retirarse puso diversos negocios. Se fue a vivir con su esposa Maria Antonieta y sus hijos a Santa Clara, Estado de México.
Una vez nos contó, hace unos cinco años, que en su casa se quedó dormido en un balcón que no tenía barandal. Como estaba dormido, cayó desde el segundo piso, pero como su cuerpo dio contra el pasto realmente no sufrió lesiones de consideración. Pero sí se asustó.
Su hermano fue un destacado luchador ahora en retiro, el León Negro.
Castillo aparecía frecuentemente en el medio boxístico, en eventos organizados principalmente por el CMB. 
Descanse en paz el gran amigo.

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