Mérida.- Siempre Fiel a sus convicciones y a sus pasiones, entre ellas su familia y el boxeo, tal como reza el nombre de la canción que identificó a su programa “Cita en el Ring”, Eduardo Amer González cumple este viernes 21 de agosto de 2015 10 años de desaparición física.

El insigne, célebre historiador, periodista y coleccionador boxístico, cuya labor no ha sido posible borrar por el tiempo, ha crecido, al mismo tiempo, como ícono de la difusión de este deporte que tanto necesita a gente como él en estos tiempos de disparates históricos en el que el boxeo ha sido trivializado por quienes tendrían la responsabilidad de salvaguardar por su integridad, honorabilidad y dignidad.
Don Eduardo, una de las inspiraciones de Península Deportiva, murió la tarde del domingo 21 de agosto de 2005, año particularmente trágico para la fistiana yucateca que en ese calendario perdió a cuatro figuras de distintas tribunas: Edilberto “Beto” Rivero Segovia, el manejador y entrenador más prolífico, William Abraham Dáguer, el mecenas responsable de que el boxeo y el deporte en la entidad cobrara dimensiones internacionales, Eduardo Amer, quien mantuvo el interés de los yucatecos en esta actividad en los tiempos buenos y malos y Jorge Guadalupe “Lupe” Madera Pacheco, el quinto campeón mundial que tuvo esta entidad.
Amer González, sin posibilidad alguna de que alguien nos pueda demostrar lo contrario, fue el más grande coleccionista de boxeo en país alguno de lengua hispana; fue una especie de Hank Kaplan (el más grande coleccionista de boxeo en la historia) mexicano. Los que tuvimos la fortuna de conocer su “tesoro boxístico” y hemos conocido otros en muchas partes del mundo, podemos dar fe de ello (además, las kilométricas dimensiones de la que fue su casa, se lo permitían).
También estuvo considerado entre los más grandes conocedores en el país, junto con su paisano y amigo, Rafael Mendoza Realpozo y su otro gran amigo, Víctor Cota León, integrando una tríada espectacular que alimentó el conocimiento en la materia y generó nuevos fans del boxeo.
Don Eduardo (que dudamos que descanse en paz, pues ha de estar reseñando boxeo en el plano en el que se encuentre) fue dueño del récord mundial de transmisión de un programa boxístico con su gustadísimo programa sabatino “Cita en el Ring” que mantuvo al aire por 35 años y cuatro días.
Hombre discreto, de perfil bajo, caballeroso y bien educado, pese a ser algo reservado, el sr. Amer dio clases de conocimiento boxístico a través de la televisión en los canales 3 y 2 (eran el mismo, pero por cuestiones técnicas debieron cambiar a finales de la década d elos 90 del siglo pasado)  de la misma empresa (Sipse). Asimismo, en los diarios “La Afición”, “Esto”, Novedades de Yucatán y el “Mundo al Día”.
Si bien era principalmente un reseñador del boxeo, también tenía su lado crítico, pero siempre discreto, con respeto, lo que le hizo ser excluído por el poder de varios de los grandes eventos pugilísticos de su tiempo. Uno de sus grandes amigos le confió un día a Península Deportiva que su postura de “no ponerse de alfombra” para festinar al “poder” lo hizo ser mal visto por quienes lo ejercían. Y como bien decía ese buen amigo, que siempre lo fue de Don Eduardo, en este caso aplicó un refrán acuñado por él: La “Fiesta del Boxeo” no lo es para la verdadera gente del boxeo.
Constantemente, a la casona de la calle 64 x 55 y 53, del rumbo de La Mejorada, llegaban lo que el sabio yucateco bien llamó participaciones con memebrete de invitaciones para eventos, convenciones, peleas a las que él, si hubiera deseado asistir, habría tenido que pagar, a diferencia de como sucedía con periodistas de otros lados, esencialmente de la capital mexicana, quienes normalmente estaban de tránsito por el boxeo al que cubrían por uno o dos años o a veces por meses, para migrar a otra fuente, pero que gracias al centralismo y a la sumisión de sus medios o de ellos mismos, tenían esas oportunidades que por su poco apego a la materia y consecuente ignorancia no podían valorar, ni capitalizar periodísticamente.
Don Eduardo fue referente en su época de boxeo en México y alternó en las páginas de los mejores diarios de México con Cota, Mendoza y el mejor y más puntilloso crítico de boxeo en el país: Antonio Hernández Hinojosa.
En prensa escrita fue, por decenios, el principal referente de boxeo en el mundo al recibir la confianza de la revista The Ring y de su editor y dueño, Nat Fleischer para ser titular de la corresponsalía en México y lo que esa responsabilidad implicaba.
Don Eduardo, quien en vida jamás recibió un homenaje como correspondía a su trayectoria, en lo personal estuvo casado poco más de 50 años con la señora Leyla Alzina a quien quiso (nos consta) de manera exacerbada, como toda mujer desearía que su pareja la valorara.
Fue precisamente la ausencia de doña Leyla, fallecida a principios de 2003, lo que comenzó el inicio de su fin. Sin ella, el sr. Amer ya no le halló el mismo sentido a la vida y ya con su afición al box disminuída por la vertiente circense y de lucha libre que el boxeo ya había tomado, vino a menos.
Así, el día miércoles 9 de marzo de 2005 anunció de manera sorpresiva, pero correcta nos parece, su decisión de suspender “Cita en el Ring” luego de 35 años y cuatro días.
Don Eduardo, quienes la persona más acusiosa y ordenada que hemos conocido (colecionaba y clasificaba hasta los primeros zapatos de sus hijos)  ya estaba enfermo del mal que segaría su existencia física, derivado en buena parte creemos, de la ausencia de doña Leyla. Así, el 21 de agosto de ese 2005 murió a una edad que él meses antes había dicho correcta para su final, así como para el de “Cita en el Ring”: Un buen número para terminar es uno que concluya en 5 o en 0, porque completa un ciclo. Así, él se fue a los 75 años y “Cita en el Ring” a los 35.
Casualmente, “Cita en el Ring” fue su “retoño” 5, pues antes había procreado cuatro con doña Leyla, entre ellos nuestro también Maestro y querido, entrañable amigo, Dr. Julio César Amer Alzina. Quisiéramos decir que Don Eduardo Descanse en Paz, pero confiamos en que no ha sido así, y que haya tenido una nueva vida acompañado por Doña Leyla, todos aquellos que amó y con pasión renovada viendo boxear en la gloria a todos los que se le adelantaron en el camino.
   

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