Reacción dramática, pero insuficiente la de los Leones de Yucatán

No nos queda más que exclamar: ¡Qué hermoso, qué grande es el béisbol!

Por Jorge Canto Alcocer. Publicado en el Diario Por Esto.

Mérida.- El último sprint de Corey no pudo evitar el out 39 y la eliminación en el inenarrable sexto juego, pero sí contribuyó a la majestuosa ovación que la mayoría de las 12 mil almas que colmamos el Kukulcán le tributamos a los Leones tras la batalla de cinco horas.

Impulsados por esa extraordinaria reacción, los jugadores de ambas escuadras, que nos acababan de brindar uno de los episodios beisboleros más hermosos que se hayan vivido en Mérida, comenzaron a aplaudirse y felicitarse a la distancia, así como a enviarnos a nosotros de vuelta la calurosa ovación.

Poco a poco, los gladiadores fueron acercándose, hasta que de nuevo Corey fue protagonista, al fundirse en emotivo abrazo con uno de los poblanos.

El aparentemente frío Cory Snyder, con los ojos inundados de lágrimas, se unió al inaudito momento, y poco después aquello se convirtió en uno de los acontecimientos más memorables de la historia del béisbol mexicano, rubricado por la increíble entrega de la fanaticada melenuda e incluso por entusiastas porras para los Pericos, flamantes campeones de la Zona Sur.

Los Leones eran el gran favorito para llevarse el banderín sureño, y no lo logró. Algunas voces, que durante toda la temporada fueron acríticas y saludaron con grandes fiestas todas las decisiones de la directiva, así como la forma de manejar de Willie Romero, de pronto han endurecido el discurso y repiten incesantemente la palabra fracaso, al tiempo que señalan las cabezas que deberán cortarse.

Por nuestra parte, por un lado señalamos la deplorable inconsistencia del discurso de quienes durante todo el año parecieron voceros a sueldo de la directiva, y ahora se encarnizan con algunos de los jugadores e incluso con Willie, al que no tocaron ni con el pétalo de una rosa con anterioridad.

Esos posicionamientos, que encontramos en medios diferentes al nuestro, además de lamentables, en ningún modo contribuyen a engrandecer a nuestro béisbol. Mención aparte, por supuesto, al equipo comunicativo dirigido por Russell Gutiérrez, quienes, pese a ellos sí estar directamente vinculados con Leones, a lo largo de toda la temporada mantuvieron la mesura, la analítica y la ética, así como hacemos en nuestro POR ESTO!

¿Fracaso? ¿Decepción? Tras un partido de cinco horas y trece angustiosos capítulos, en los que sucesivamente los Leones llegaron a estar a cuatro outs de forzar el séptimo partido, luego a tres outs de la eliminación, minutos después con todo el escenario dispuesto para dejar en el terreno a los Pericos, momentos después de nuevo al borde de la tragedia, luego empatados, luego… puff… Fue un encuentro de grandes batazos, tremendo pitcheo, atrapadas sensacionales, malos conteos y decisiones polémicas de los umpires, errores de estrategia, pasividad de ambos managers, errores de fildeo y de tiro…

En fin, un tremendo juego de pelota que tuvo absolutamente de todo, y que terminó no con la eliminación de Leones, sino con la entrega más apasionada y amorosa que hemos vivido de una multitud, no hacia su equipo, sino, precisamente, hacia el béisbol.

Algunas evidencias -los escritos de los gacetilleros que les conté hace rato, entre otros detalles- parecieran poner de relieve que para los hermanos Arellano la eliminación fue muy dolorosa. Es de entenderse y respetarse. En cierto modo así estamos toda la Nación melenuda, pero dudo mucho que quienes amamos el béisbol estemos molestos o en busca de culpables.

Como señalamos la semana pasada, Willie dirigió estos seis partidos de la misma forma que toda la temporada, lo que le redituó en el superliderato de la Liga y una marca histórica para la franquicia. ¿Era lógico esperar otra cosa? El pitcheo selvático estuvo simplemente formidable, con una efectividad de 2.36; el bateo tuvo sus problemas, pero prácticamente estuvo a la par que el de Pericos (los nuestros batearon para un pobre .226, pero los emplumados apenas y estuvieron un poco mejor, e incluso anotaron menos carreras que los Leones); la verdad es que fue una serie cerradísima, con cuatro partidos definidos claramente -dos para cada equipo- y dos encontronazos de entradas extra, uno decidido por un gran batazo y otro por un gran error, la diferencia fue que ambos fueron para los poblanos.

Me parece que esta gran temporada, que para los Leones concluyó este domingo, nos deja un extraordinario capital. El club ha logrado despertar a la gran afición yucateca, restableciendo, en tiempos de mezquindades y tragedias sociales, ese gran amor que entre el béisbol y la fanaticada yucateca existió hace décadas.

Quienes estuvimos en el Kukulcán el domingo podemos dar testimonio de ello. Como antaño, se aplaudió al contrario en reconocimiento a su entrega y su quehacer; como antaño, cuando el sonido local enmudeció, nosotros mismos organizamos las porras, los vítores y el entusiasmo; y esa escena inolvidable, de los Leones y los Pericos fundidos en pletóricos abrazos, sólo fue posible por el impulso de nuestros corazones. Ese gran capital, que en gran medida debemos a los Arellano, debe ser valorado y dirigido hacia grandes cosas.

Por supuesto que la hora del análisis ha llegado. La directiva y el cuerpo técnico harán el suyo, nosotros esperaremos a la culminación de la temporada 2016 para realizar el nuestro. Por lo pronto, tras haber vivido tan bello e incomparable episodio no nos queda más que exclamar: ¡Qué hermoso, qué grande es el béisbol!

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