Por Juan Carlos Gutiérrez Castillo.

Mérida.- Viernes 14 de marzo de 1997, alrededor de las 19:00 horas, en el Restaurante Los Almendros.

Sonriente, manifiesta y evidentemente contento, al Presidente del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), José Sulaimán, le ganaban ya las ganas por “desembuchar” una versión que él, como gente magníficamente informada, tuvo a su alcance antes de que trascendiera a los medios.

“Jóvenes, les tengo una información muy importante, pero se las voy a comentar en plan de amigos, no se los digo a los periodistas, ¿ok?, sugirió el influyente líder (el más influyente en toda la historia del boxeo) a los reporteros con los que compartía la mesa.

Sentados junto, o enfrente de él en una mesa rectangular, el gran Eduardo Amer (quien tuvo por 35 años el programa de tv de boxeo más longevo en el mundo), Eduardo Urzáiz, empleado del diario Por Esto; el reportero de Ovaciones, Ángel Peña, alguno otro que escapa a la memoria y quien escribe.

SALBUT CON TENEDOR Y CUCHILLO…Y DÍAS CONTADOS

Mientras intentaba comer un salbut con tenedor y cuchillo (Amer y quien escribe le explicamos que podía comerlo con las manos) y con servilleta en el cuello, el jerarca del CMB anticipaba que los días de Jesús “Choláin” Rivero con Óscar de La Hoya estaban contados.

Sulaimán (qepd) no abundó en detalles, pero aseguro (o confió deberíamos precisar) que la pelea del 14 de abril próximo (justo en un mes) entre el “Golden Boy” y Pernell Whitaker era la última en la que Rivero subiría a un ring con de La Hoya…¡¡y no falló!!!.

Más que conocidas fueron las amplias, duras y agrias diferencias entre los señores Rivero y Sulaimán, presente en Mérida para encabezar un día después la entrada al “Salón de la Fama” del CMB (que operó intermitentemente por pocos años) de los dos más grandes íconos del deporte (como deportista y como hombre de pantalón largo) Miguel Canto y William Abraham.

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Esas diferencias, recordadas hasta hoy, fueron propiciadas principalmente por “Cholaín”, quien, como siempre ha sido, derecho, honesto con sus creencias…y frontal, criticaba abierta, duramente al Presidente del CMB en declaraciones y, principalmente, en las páginas del influyente Diario de Yucatán.

MÁNAGER Y PSIQUIATRA

En su columna en ese diario, “Choláin Opina”, Rivero criticaba lo que no le parecía bien del boxeo, y como parte de ello, a Sulaimán, al que llegó, incluso, a cuestionar en su salud mental.

Todo ello, por lógica consecuencia, vino (y con intereses acumulados), de rebote en aquella sonrisa, con dejo de travesura, que el líder boxístico mostró al “soltar”, astutamente, esa “bomba” sobre la mesa de Los Almendros.

Pero la “bomba” le estalló a quien sí respetó el “pacto de amigos”, o sea, a quien esto escribe.

Sucede que dos días después de la ceremonia de entronización en el Hotel Hyatt, la prensa capitalina sí publicó la noticia de la salida de Rivero, con el consiguiente regaño, para el autor de estas líneas desde las oficinas centrales de la agencia informativa en la que trabajaba.

Una vez explicado el motivo de la omisión, bien comprendida y aceptada por ese gran jefe que fue Víctor Godínez Torres, escribí la información, que en pocas horas llegó a Los Ángeles, sorprendiendo y enojando a “Choláin”.

Rivero mandó a manera de reclamo a su amigo Jorge González (quepd), que hizo un “show” en la oficina, amenazando con demandar a la agencia (lo que era improcedente, pues teníamos fuente (Sulaimán), pero aceptando la réplica con….¡¡Bob Arum!!, de quien nos facilitó el número telefónico.

“CHOLÁIN” ES COMO EL PADRE DE ÓSCAR

Al día siguiente, contactamos al “Tío Bob”, quien entre otras cosas nos dijo: “Yisus (Jesús) is laik a fader for Óscar (es como un padre para Óscar), dats not tru mister Gutiérrez (eso no es verdad señor Gutiérrez), yu can bi shure, ui ar very japy wit Yisus (usted puede estar seguro, nosotros estamos muy contentos con Jesús).

Finalmente, el día de la pelea llegó y Óscar hizo una pelea inteligente, no tanto por la manera en la que la desarrolló, sino por no anteponer el nócaut a la victoria, como muchos villamelones le exigían como obligación.

A un tipo como Whitaker, con su exacerbado, enorme nivel de dificultad, y fortaleza, había que vencerlo, a como dé lugar; el nocaut era un premio circunstancial que nadie, por cierto, pudo lograr de manera legítima sobre él (su última pelea, con Carlos Bojórquez, terminó así, pero a consecuencia de una lesión en un hombro).

Whitaker, incluso, en una acción circunstancial, pero válida y legitima, derribó a De La Hoya, quien era constantemente reprendido por Rivero, que le pedía se mantuviera a la distancia conveniente y hacer lo convenido al cambiarse de guardia (boxeaba a la zurda, porque de La Hoya es zurdo de nacimiento, pero convertido a derecho).

Finalmente, los augurios de Sulaimán fueron ciertos y semanas después, a la distancia, se daba a conocer la ruptura de Óscar y “Cholaín”. El motivo, que no pudo noquear a Whitaker y que había perdido espectacularidad.

DE NADA SIRVIERON SUS NÚMEROS

Fueron siete peleas en las que el olímpico de 1992 estuvo con Rivero, manteniéndose invicto y ganando cinco de ellas por nocaut.

La última, con el ahora fallecido Whitaker, uno de los zurdos más efectivos de la historia, al que derrotó con todas las de la ley.

El real motivo, al menos eso le quedó claro a mucha gente, sobre todo a Rivero, fue que las “letanías” sociales y educativas y cuidado sobre la persona y futuro de De La Hoya, perjudicaban los intre$e$ de mucha gente, comenzando por la propia familia del “Golden Boy”, a quien, por cierto, parecía no gustarle mucho la vinculación del pequeño sabio yucateco en su vida personal.

LE FALTÓ “PRODUCTO DE GALLINA”

De La Hoya, por cierto, jamás tomó el teléfono para llamarle a Rivero y comunicarle su decisión.

Finalmente, quien los unió, el asesor de Bob Arum, Rafael Mendoza (quepd), calificó al púgil como El Golden Boy…con el Corazón de Piedra, y “Cholaín”, para el “Tío Bob”, dejó de ser el padre de Óscar y se convirtió en un “estorbo” para la parafernalia que lo succionaba, perdón, que lo rodeaba.

Quepd. Pernell Whitaker.

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