Mérida.-Octavio Garcia “El Payo” “robó” reflectores al ahora ya matador, André Lagravere, con una cuestionable oreja a su primer enemigo (tercero de la tarde), para salir triunfante en la primera corrida de la temporada 2019-2020 en la Plaza de Toros Mérida.

Con casi tres cuartos de aforo, fueron lidiados seis toros de la ganadería de Fernando de la Mora, disparejos en presencia y complicados en general, mansos y descastados.

El primero, malísimo, por cierto, recibió silencio en el arrastre y estuvo a unos segundos de volver vivo a los corrales y dejar un sello perenne de amargura en la presentación del diestro tabasqueño-yucateco André “El Galo” Lagravere.

El segundo tuvo también silencio en el arrastre; al igual que el tercero, cuarto, quinto y sexto.

Enrique Ponce: Silencio y palmas.

Octavio García El Payo: Oreja protestada y silencio.

André Lagravere El Galo: Al tercio tras dos avisos y silencio tras dos avisos.

Detalles:

André Lagravere El Galo tomó la alternativa con el toro que llevó por nombre Altivo, marcado con el número 18, y con 530 kilogramos.

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Arrancó la temporada taurina 2019-2020 en la Plaza de Toros Mérida, y la afición acudió al coso y hacer una entrada que pasó por poco la mitad de la plaza.

Los toros de Fernado de la Mora dejaron mucho que desear, fueron complicados, mansos y descastados, los seis fueron silenciados en el arrastre, los toros no tienen palabra de honor y eta vez la ganadería quedó a deber.

Enrique Ponce estuvo entregado pero sus fallos con la espada  lo privaron del éxito, trató de sacar provecho de lo que le permitieron sus astados pero no logró mucho, y lo que rescató estuvo en torero, como figura, la gente le coreó sus tandas, estuvo empeñoso.

Octavio García “El Payo” estuvo muy profesional, cuajó buenas tandas con su primero, bordó el toreo y después de un pinchazo mete una entera que basta, el juez le otorga una oreja después de pensarlo mucho, y ceder a la presión de la afición.

García dio la vuelta con la oreja escondida en su casaquilla. Con su segundo casi no tuvo opciones, y fue silenciada su labor.

El toricantano André Lagravere “El Galo” estuvo muy nervioso, trató de agradar pero la tarde no estuvo de su lado, voluntarioso en banderillas, cuajó buenas tandas pero el primer toro el de la ceremonia fue infumable y no había mucho por hacer, falló con el acero.

A la hora de matar escuchó los dos avisos y justo cuando faltaban unos segundos, quizás instantes para el tercero que le habría representado la vergüenza de dejarlo ir vivo a los corrales en su estreno como matador, pudo liquidarlo con el descabello.

Con su segundo fue copia al carbón del primero, trató de agradar pero las cosas no le rodaron, falló otra vez con el acero y con los descabellos. También escuchó la trompeta en dos ocasiones.

“El Galo” se convirtió en el undécimo torero local con alternativa que quedará para la historia de la tauromaquia yucateca y peninsular.

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