Houston.- El mexicano Jaime Munguía retuvo esta noche con holgura, pero deslucidamente el campeonato mundial súperwelter de la OMB al vencer por amplia decisión al japonés Takeshi Inoue en una guerra de trancazos de la que el americano fue el mejor librado y resultó justo triunfador.

Las tarjetas, en una pelea en la que no hubo caídas, fueron de 119-109 (Levi Martínez), 120-108 (Javier Martínez) y 120-108 (César Ramos) en favor del aún bisñoño tijuanense, quien siendo ya campeón mundial con defensas no deja de evidenciarse como lo que es; un boxeador aún en formación, con muchas facultades, pero enormes limitantes en lo técnico.

Munguía, gran guerrero, como miles que hay en México y en muchas partes, sólo confirmó que los títulos mundiales de hoy día nada tienen que ver con los que algún día tuvieron legitimidad y la tuvieron porque quienes los poseían eran boxeadores con toda la barba, hechos física y técnicamente y con táctica instrumentada desde una esquina conocedora.

Y si bien el chamaco de Tijuana puede algún día tener ese estatus, tendrá que luchar mucho para ello y tener alguien que lo haga ser consciente de lo mucho que le hace falta por aprender y no que le esté festejando triunfos sí emotivos, pero de muy baja ralea como el de esta noche ante un retador valiente, voluntarioso, pero carente de conocimiento y capacidad de cómo ir por un campeonato del mundo.

El japonés Inoue, tipo bien presentado, compacto y de bajo nivel boxístico, fue un punching bag que fue para adelante y que sufrió lo indecible para hacer la pelea en el terreno que le convenía, el corto ante un campeón de brazos más largos que se olvidó en varios pasajes de la pelea de tirar el jab y el recto.

Y fue justo cuando esos golpes elementales no estuvieron sobre el ring, cuando el asiático entró a la distancia corta y pudo golpear al “grandote” Munguía que se trompicaba enredando sus piernas con las del desafiante que sin fintas, sin movimiento de cintura, sin romper los tiempos, sin pasos laterales; en fin, sin idea, sólo salió a tirar golpes.

PELEA CALLEJERA

El japonés, que entró siempre franco, con la cabeza adelante y tirando “veletazos” (como si fuera una veleta de viento) a la parte trasera de la cabeza del campeón, fue peligroso, no por sus capacidades boxísticas, sino precisamente por lo contrario, sus limitantes, y más aún por las del campeón que le impidieron aprovechar los handicaps de su enemigo para resolverlo.

En sus entradas trompicadas, accidentadas, Inoue entraba con la cabeza para abajo, acorralando contra las cuerdas al campeón que no hallaba el ángulo para soltarle el uppercut para levantarlo, porque no se echaba para atrás.

NULO CONOCIMIENTO DEL USO LAS CUERDAS Y ENTRENADOR QUE SIRVE PARA NADA

Así, sin echar el cuerpo para atrás, lo que le habría permitido el espacio para recibir de upper o conectar de regreso con ganchos a Inoue, Munguía se la pasó abrazándose y echando hacia el frente a su rival que si bien no empleaba las fintas para atacar, menos aún para defenderse.

Como boxeador corriente (con respeto para él) que es, el japonés sólo atinaba a cubrirse el rostro y parte del tórax para evitar la llegada de los golpes del tijuanense a su rostro, mas no a su cuerpo, lo que representaban puntos para el campeón.

Inoue, no movía la cintura, tampoco la bajaba, no bloqueaba los golpes, no usaba e rolling (movimiento lateral del cuello), ni daba pasos a los lados, para evitar los impactos del campeón que no supo, ni pudo resolver la pelea antes de tiempo, con todo y que le pudo meter golpes al cuerpo en más de una ocasión.

Verdaderamente, Munguía deberá buscar mejorar y si bien sabemos que cada día quiere acercarse a las verdaderas grandes ligas, los que manejan su carrera deberán ponerlo en esa ruta y quitarle de la esquina a un tipo como Roberto Alcázar que una ocasión sí y en otra también ha evidenciado su limitada capacidad en altos niveles.

No en balde, fue corrido del lado de Óscar de La Hoya, para darle su sitio al maestro mexicano Jesús Rivero, quien llevó al “Golden Boy” a ganar tres campeonatos del mundo en distintas divisiones y a otros púgiles a ser inmortales.

El campeón mejoró a 32-0, 26 KOs y el japonés cayó a 13-1-1, 7 KOs, además de bajar del ring con una herida en la ceja izquierda y la tristeza de la derrota.

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