Por Jorge Canto Alcocer, publicado en el Diario Por Esto.

Mérida.- Hace semanas que David Cortés, gerente deportivo de los melenudos, anunció con “bombo y platillo” que Luis Carlos Rivera no se irá del timón por nada del mundo.

Entonces, no se crea que estamos entrando al “béisbol de estufa”, o a la grilla para derrumbar al flamante estratega. Sabemos que se quedará al mando, a menos que ocurra una catástrofe, una de aquellas rachas que a veces se dan en el Deporte Rey.

Pero, como cronistas del devenir de los Leones, y como aficionados apasionados al béisbol, simplemente no podemos dejar pasar dos incidentes que esta semana –prolongada hasta el lunes por obra y gracia del mal tiempo que azota a la península yucateca- se convirtieron en cruciales derrotas para los nuestros, que vieron cómo los Bravos de León, un equipo que realmente está en la mediocridad, los rebasó, empujándolos al quinto sitio, por lo que si hoy terminara la temporada, los yucatecos tendrían que jugarse todo a un solo partido, de ganar o morir, contienda que se realizaría en casa de los guanajuatenses.

El primer suceso ocurrió el miércoles 29, cuando Jesse Estrada lanzaba una auténtica joya, sin jit y sin carrera, hasta el cierre de la sexta. Ahí trastabilló el texano, y fue relevado por el debutante zurdo Gabe Aguilar, quien permitió el empate a dos del conjunto tijuanense.

Luego, ambas escuadras se enfrascaron en tremendo duelo, que llegó con el mismo score hasta la última entrada. Óscar Robles jaló entonces por Jake Sánchez, su cerrador, para colgar el cero.

Los Leones necesitaban ese triunfo, pues ya los Bravos tocaban a la puerta, y estábamos seguros que Luis Carlos Rivera enviaría al montículo a Chad Gaudin. Pero… ¿Qué pasó por la cabeza del señor Rivera que decidió meter a Tony Amezcua?.

Veamos sus números previos a ese partido: en 14 episodios, lanzados en 23 partidos, Amezcua había recibido 3 bambinazos, le habían bateado 19 inatrapables y le zarandeaban su pelota para .333, es decir, uno de cada tres enemigos enfrentados se la había reventado de jit.

¿Su efectividad? Cómo no: 9.42. ¡Sí! ¡Leyó Ud. bien! Le anotan en promedio más de una carrera por episodio… Pero el sapientísimo Rivera juzgó que era él, y nadie más, quien debería enfrentar al abrir la novena al derecho Junior Lake, un fortísimo y oportunísimo bateador, que le estaba pegando para .348, con seis bombazos y 40 producidas en 44 encuentros.

Amezcua lo puso en cuenta de dos strikes y una bola, y trató de poncharlo con una recta al cuarto lanzamiento… Ya sabemos la historia: Lake le pescó el pitcheo y… dice la leyenda que la pelota aún no cae…

Este lunes, en el único partido que se pudo efectuar, José Samayoa tiraba otra joya, como es su costumbre, hasta la sexta entrada, momento al que había llegado con apenas 70 lanzamientos.

Abriéndose el ining con jit de Olmo Rosario, Rivera se lanzó al montículo y aplicó la grúa al sonorense, para meter a Ronald Belisario, quien todo el año ha estado titubeante.

¿El resultado? Tras dos jits, un golpe y varias jugadas poco eficientes del cuadro, la joya de Samayoa pasó a formar parte del museo de las cosas inútiles.

Estas dos lamentables derrotas, en las que la impericia del mánager fue factor fundamental, convirtieron la semana en una pesadilla para las fieras, quienes descendieron sorprendentemente a la quinta posición, con riesgo de ser rebasados incluso por los Tigres de Quintana Roo, que ganaron la “guerra civil” a los luciferes, y se ubican a tres juegos de la posición melenuda, con seis compromisos de enfrentamiento directo entre estas dos novenas, la mitad en el Kukulcán y la mitad en el “Beto Ávila”.

¿Qué pasará? La verdad es que los Leones, sin problemas de lesiones y con un trabuco en el papel, deberían hundir a los felinos del vecino estado, pero con decisiones como las que toma cotidianamente el manager Rivera todo, absolutamente todo puede pasar. Salvo que lo cesen, bueno, al menos es lo que ha asegurado David Cortés. ¿Será?

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