Mérida.- Lo acontecido el miércoles pasado en el parque Kukulcán, donde Yuniesky Betancourt hizo la señal contra un aficionado que le generó una multa superior a 35 mil pesos por parte de la Liga Mexicana de Béisbol (LMB) es sólo el último capítulo de una larga lista de sucesos en los que peloteros, incluso de los Leones de Yucatán y, principalmente de otros clubes, han antagonizado y hasta intercambiado golpes con aficionados yucatecos en una relación que ha ido, en la mayoría de los casos de la cordialidad y el amor, hasta el odio.

Lo sucedido con el ex bigleaguer cubano no ha sido, por mucho, lo más grave acontecido, ya sea en el parque Kukulcán, o en el Carta Clara que en distintas décadas, en las tres épocas del club en la LMB, han pasado de ser un diamante peloteril a una especie de arena de boxeo.

Mánagers y jugadores de los propios Leones, de otros clubes, jugadores de otros clubes y aficionados han protagonizado desaguisados de todo tipo.

Así, desde mentadas de madre, hasta batazos y pelotazos hacia las tribunas y hasta un “collazo” (agarrada de nalgas para los que viven fuera de la Península de Yucatán) en pleno juego a un conocido timonel de los Leones forman parte de ese catálogo de “cariños” entre ambas partes.

Veamos:

LA “WILLIE SEÑAL”

Antes de lo ocurrido el miércoles 19 con el cubano Betancourt, el domingo 9 de julio, el mánager melenudo Willie Romero se “enganchó” el domingo 9 de julio de 2017 con un aficionado que, al parecer, tenía días discrepando con él, al grado de que ya lo acosaba (claro está, desde la tribuna) y al que le mostró la clásica señal del “dedo erguido”.

La “Willie Señal” fue captada por una cámara estática de la televisora Telesur y quedó grabada, dando pie primero a una sanción de dos días por parte de la LMB y a un inmediato cese del estratega en lo que sólo fue la gota, o mejor dicho, el argumento o pretexto para acabar una relación que de algún tiempo atrás ya no era cómoda.

Del aficionado, no se supo nada…el anonimato, como sucede en estos casos, lo encubrió sin que tuviera su parte del castigo que le correspondía.

“COLLAZO” A CARLOS PAZ

En 1998 o 1999, cerrando el siglo pasado, un loco, sin motivo alguno, se bajó del graderío, por el lado de la tercera base e ingresó corriendo hacia el cajón de la tercera base, donde en ese momento se encontraba dirigiendo el icónico manejador cubano Carlos Paz González.

La loca carrera del sujeto, un tipo joven, de no más de 25 años y aparentemente fuera de sus cabales, llegó hasta esa área delimitada, donde sorprendiendo al timonel lo levantó de los glúteos con las dos manos, para regresarse de la misma manera hacia las tribunas.

Intentó, con la misma, abandonar el estadio que en ese entonces tenía acceso directo a la calle, pero policías que se encontraban allá mismo lo sometieron y lo pusieron dentro de una camioneta antimotines.

Del suceso solo hubo una pequeña referencia (eso nos parece) en uno de los pocos diarios (Yucatán) que en ese entonces se publicaban en Mérida.

ERNESTO BARRAZA, MATÍAS CARRILLO Y GUSTAVO RICALDE

En mayo de 1996, durante un partido entre los Tigres (entonces capitalinos) y los Leones en el Kukulcán, el lanzador de los Tigres Ernesto Barraza se involucró en una serie de insultos contra aficionados del lado de primera base (justo arriba del dugout) y molesto, perdiendo la ecuanimidad, trepó sobre uno de los tubos que estaban en la entrada de ese subterráneo y se puso a la altura física de sus antagonistas…¡¡¡No lo hubiera hecho!!!

Acto seguido, varios aficionados lo jalaron de la gorra, luego del pelo y contra su voluntad lo metieron al graderío, donde le dieron una paliza, para regresarlo al campo. Barraza, pelotero que había cobrado cierta fama por lanzar años antes un si hit ni carrera jugando para lo Tecolotes de los dos Laredos, no resultó con mayores lesiones.

Acto seguido, jugadores de los Tigres brincaron hacia el graderío a defender a su compañero y encontraron resistencia de los fans yucatecos que se fajaron con ellos. Uno de esos peloteros, de acuerdo con versiones de ese entonces, ¿Quién lo diría?, 18 años después sería manejador de los melenudos: Matías Carrillo.

La zacapela se puso tan “gruesa” que ante lo sucedido, el propio presidente y dueño de los Leones, Gustavo Ricalde Durán dejó la “leonera” (privado que estaba detrás de home, donde hoy día está la zona VIP) y subió rápidamente a la caseta de prensa, donde agarró el micrófono del sonido local y pidió calma a los aficionados en algo que aparentemente jamás había sucedido y que jamás se ha repetido).

“BATE VOLADOR” Y LA LEGIÓN LUCIFER EN “EL BOTE”

En 1984, un conteo que le disgustó al toletero diablo Gary Gray levantó la que creemos ha sido la peor bronca que ha habido en el estadio de la “Serpiente Emplumada”, mas no en el béisbol de la LMB en Yucatán.

Al ser ponchado, sin tirarle por el umpire Luis Rochin, Gray se le fue encima al árbitro.

Rochin, al cantarle el tercer strike hizo un movimiento muy manifiesto, quizás exagerado en el que quedó viendo hacia la malla protectora del parque.

Fue cuando Gray, quizás más molesto por ese desplante, que por haber sido ponchado, fue sobre él que estaba de espaldas y le dio un señor empujón que lo hizo dar vueltas sobre sí mismo en una acción que nadie creía a pesar de verla.

Rochín, sin creerlo, alcanzó a expulsarlo y justo cuando Gray iba a rematarlo, sus compañeros, los jugadores de los Leones y su mánager Benjamín “Cananea” Reyes intercedieron, mientras una lluvia de cerveza, hielo caía sobre el terreno de juego y la caseta de los “odiados” Diablos que comenzaron a regresar la agresión a la gente.

Así, súbitamente, un bat salió volando hacia las gradas desde la sucursal yucateca del averno estrellándose en la testa de un aficionado de apellido Ricalde (nada que ver con el posterior presidente melenudo). El responsable fue el venezolano Oswaldo “Ossie” Olivares.

Enardecida, la afición tiró de todo al terreno de juego y el mánager Benjamín “Cananea” Reyes se rehusó a seguir jugando y se resguardó en el clubhouse, hasta donde llegaron agentes de la entonces Dirección General de Seguridad Pública y Tránsito (DGSPT), para detener a Olivares y llevarlo al “calabozo”, de esa dependencia que estaba en la Avenida Reforma.

Finalmente, todo se resolvió…y hasta poco después, Olivares fue contratado para jugar con los Leones.

EL “CANANEA” y UN UMPIRE YUCATECO QUE LE LEYÓ LA CARTILLA Y LO AMENAZÓ CON “ROMPERLE LA MADRE”

Los que lo vieron dirigir, recordarán al “Cananea” Reyes, un tipo de béisbol agresivo, pero también de actitud algo soberbia, pero al mismo tiempo singular, quizás entre lo simpático y lo irónico, que hacía por sí solo su espectáculo en el terreno de juego.

Reyes, mánager de Coatzacoalcos a inicios de los 80´s, pero icónico de los Diablos, de los que ha sido su más grande estratega y con los que fue más que identificado en Mérida y en todo México, se metía mucho con los fans en una especie de enfrentamiento y “cotorreo” simultáneo.

Calvo, al quitarse la gorra, los aficionados le gritaban “Maestro Limpio” (en referencia al producto de higiene doméstica que tiene de logotipo a un pelón) y él, de manera no tan disimulada le daba vuelta con una mano a toda su cabeza y luego hacía las dos manos para los lados simulando que la tenía (la testa) muy grande, como a los yucatecos nos han estigmatizado desde el centro del país.

Además, al hacer las señales a sus jugadores desde la antesala, aprovechaba en una de esas, para virar el rostro hacia la afición y metiendo un brazo dentro de otro, simulando una indicación a sus peloteros, le dejaba ir una mentada a los yucatecos.

Así, abusando de su presencia  que por su enorme talento era mucha, pero sobre todo por el peso de su organización tenía dentro de la liga y a la que se le perdonaba y justificaba de todo, “El Pelón Mágico” (así se le conocía) protestaba y peleaba todo, hasta que un día topó con laja (piedra).

Sucede que en una de esas andanzas, llegó a Mérida en un juego al que no pudo asistir uno de los umpires de la LMB, por lo que debió entrar al quite uno que estaba siempre en espera (emergente) en caso de ser necesario y ese era ni más ni menos que Andrés “Caballo” Flota.

En pleno juego, los presentes vieron cómo “Cananea” protestó una jugada y se refirió al umpire (como solía hacerlo), con manotazos, gritos y demás ademanes poco amables, pero de repente, a la distancia, el “Caballo” se desabotonó la parte superior de la camisa y avanzó hacia él, haciendo retroceder al sonorense que se calló y regresó al dugout.

Días después, al preguntarle un aficionado, mientras compraba carne en el Mercado Santos Degollado del céntrico barrio meridano de Santiago, cómo logró acallar al “Cananea”, Flota (conocido por su muy mal carácter) solo respondió que le pidió que se callara inmediatamente, porque a él que no era asalariado del circuito, sino solo un colaborador eventual, no lo iba a humillar ni a sobajarlo en público, y que de lo contrario “le iba a romper la madre allá mismo, valiéndome una pu$&%%% los Mansur (entones dueños del equipo) y toda la LMB”.

Y así, de esa manera, el gran “Cananea” “se vio más bonito”.

PELOTAZO A UN FUTURO PRESIDENTE DE LOS LEONES

Llegado de Ligas Mayores, donde había jugado con los Astros de Houston, el pitcher neoyorquino de origen boricua, Gilberto Rondón dejó huella de su capacidad y, también de que no era de los que aceptan ofensas de a gratis.

En 1979, año de ingreso por tercera ocasión de las fieras a la LMB, Rondón fue uno de sus refuerzos y desde la lomita del parque Carta Clara defendió la causa melenuda, hasta que…

Para eso días, uno de los aficionados más frecuentes y, también más efusivos y metidos al juego era el Contador Público, Arturo Millet Molina, gran conocedor del deporte y de carácter fuerte, muy fuerte.

En esos días, quien a la poste sería presidente de los Leones de 1987 a 1992, ocupaba un asiento en los palcos de 3a base que en ese entonces eran una especie de cajones pegados al terreno de juego y desde allá, según los relatos de la época, vociferaba y cuestionaba a los peloteros.

Sucedió que al parecer, ya había un problema con Rondón con quien no mantendría una buena relación, al grado que en una de esas, el lanzador, al venir del campo e ingresar al dugout, le lanzó un pelotazo a Millet Molina, quien apenas alcanzó a esquivarlo. Se dijo que la silla del entonces fan, que era totalmente de metal, quedó abollada con la forma de la pelota en su respaldo.

Acto seguido, el presidente de los Leones, Plinio Escalante Bolio envió a la policía por su jugador, lo mandó a la policía y, claro, lo corrió del club.

Y LUEGO, COMO PRESIDENTE

Años después, en 1989, cuando la Diosa Fortuna lo favoreció con ser el presidente de los Leones, Millet Molina tuvo otro desaguisado, con otro lanzador, que tras dejar a los Leones se convirtió en un gran brazo de la LMB. Julio Purata.

Sucede que en pleno juego, también en el parque Carta Clara (se jugó allá por ocasión especial), Millet, molesto por una mala jornada de Julio, le reclamó airada y muy pesadamente y de paso le recriminó lo mal y poco beisbolístico que se veía usando un arete en una de sus orejas.

Dicen los que lo vieron, que Purata se le fue encima a su presidente y de paso agarró un bat, pero fue contenido por sus compañeros y su mánager, Roberto Castellón Yuén.

Al día siguiente, en una negociación que hizo por sí mismo, sin apoyo de su vicepresidente, Jorge Carlos Menéndez Torre, Millet Molina le llamó al entonces gerente de los Bravos de León, Manuel “Manny” Cortez, quien había anteriormente mostrado interés por el pitcher y le dijo palabras más, palabras menos ¿sigues interesado en él? y al recibir la respuesta afirmativa, le contestó: “Es tuyo, luego vemos a quien me mandas por él”.

Al año siguiente, Purata ayudó a los Bravos a ser campeones de la LMB.

UN CAMIÓN INCENDIADO….Y APEDREADO

A inicios de la década de los 70´s, en la segunda época de los Leones en la LMB, un pleito con los Tigres degeneró en un “San Quintín” que se extendió hasta el estacionamiento del parque Carta Clara.

Allá, los fans apedrearon y hasta terminaron incendiando el camión de los felinos en un suceso que ha casi quedado enterrado en el tiempo.

DON ZACARÍAS Y EL REPORTERO

Sucede que en la primera época de los Leones,en los años 50´s del siglo pasado, el inicialista Zacarías Auais Kmaid no era de todas las simpatías de un reportero que se sentaba por el rumbo de la primera base y que, según los relatos de la época, la traía contra el pelotero.

En una de esas, el primera base, molesto por los cuestionamientos, le gritó desde la inicial, luego del consabido “saludo familiar”, “¡¡¡¡HUEVO DE PAVA!!!” en alusión al rostro pecoso del periodista.

A partir de entonces y por buen tiempo, el nombre de Auais no apareció en la publicación del reportero, quien sólo hacía referencia a él como: “El inicialista o el primera base”.

¡¡¡Vaya Casos!!!

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