La biografía de un gigante: Aaron Pryor (Quepd) (vídeo)

Disputa con Chávez el título de mejor súperligero de la historia

Mérida.- A continuación, presentamos la biografía del señor Aaron Pryor, fallecido en las últimas horas en Cincinnati, Ohio y quien mereció los más grandes lauros que un boxeador puede lograr, desde el campeonato del mundo (cuando ello realmente era de gran valor) las preferencias del público, su ingreso al Salón de la Fama de Canastota y, sobre todo, su presencia perpetua en la historia. 
 
La biografía fue escrita por el periodista especializado en boxeo Juan Carlos Gutiérrez en la revista Ko Boxeo Mundial.
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Por Juan Carlos Gutiérrez Castillo.
 
¿Quién no Recuerda? sigue este mes su recorrido mensual por el pasado trayendo ahora hasta las páginas de Ko Boxeo Mundial a un hombre subestimado en sus mejores épocas y, podríamos decir también no suficientemente ponderado aún hasta este 2016.
Nos referimos a Aaron “El Halcón” Pryor, un auténtico destructor del boxeo que a consideración de más de uno fue superior y merece un mejor lugar en la historia de los súperligeros incluso que Julio César Chávez, el ícono más conocido de esa división.
Al menos, la agencia informativa más prestigiada del planeta, Prensa Asociada o Asociated Press así lo catalogó en 1999, al señalarlo como el mejor del siglo XX,lapso en el que pelearon los más destacados de esa categoría.
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Pryor, con recién cumplidos 60 años, pues nació el 20 de octubre de 1955 en Cincinnati, Estados Unidos, fue un soberbio boxeador que, quizás por falta de carisma, o por no pertenecer a la división superior, no brilló a la misma altura de la máxima triada con la que compartió época: Ray Leonard, Tommy Hearns y Marvin Hagler.
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De hecho, fue ,a mala suerte la que le impidió a este golpeador, pues eso era exactamente, un golpeador, competir y equipararse con ellos, pues en su momento tuvo en la mesa ofertas concretas y definitivas para pelear con Durán y con Leonard, con quienes finalmente no combatió.
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En el caso del panameño fue por un “consejo” de su nuevo abogado que le pidió no firmar nada, hasta que arreglase un nuevo contrato con su manejador Budy La Rosa, pero cuando eso sucedió, la oferta que le fue hecha en abril de 1981, por la gran cantidad (para entonces y aún ahora) de 750 mil dólares, ya se había evaporado.
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Un año después, en el otoño de 1982, con la pelea ya firmada, acordada y con venta de boletos abierta, Pryor viajaba desde su casa en Cincinnati a Buffalo, donde él sabía que Leonard estaría, para hostigarlo, hacer show y darle más revuelo a su pleito.
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Pero el “buleado” fue él y de qué manera. Mientras viajaba, escuchaba las noticias y en una de ellas se enteró de que Leonard había sido diagnosticado con desprendimiento de retina, lo que echó abajo su pelea, una semana antes de que ocurriera.
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El “Halcón”, se convirtió entonces en paloma y se salió del camino a llorar por horas al ver que por segundo año al hilo se le iba una pelea grande. Su apodó bien pudo haber sido desde entonces, el “Mala Suerte”.
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Como consuelo, al moreno le quedó haber vencido como amateur a Hearns en la final de los “Guantes de Oro” de Estados Unidos en la división de los plumas, torneo en el que también batiría a otro futuro campeón mundial de esa época, pero de perfil más discreto, James Hilmer Kenty.
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Pryor, como aficionado, acumuló 220 peleas, con 204 triunfos y 16 derrotas.
  
Su derrota número 16, contra Howard Davis Jr., en las eliminatorias para las Olimpiadas de 1976, fue su mayor tropiezo, pues lo marginó de los Olímpicos de Canadá y lo llevó por una vorágine de desánimo y de tropiezos personales, entre ellos el divorcio de su primera esposa en 1979, cuando ya peleaba como profesional.
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Su mánager era el citado Buddy LaRosa, un hombre de negocios de Cincinnati, dueño de pizzerías, quien el 12 de noviembre 1976, lo debutó profesionalmente sin mucha publicidad contra Larry Smith, a quien venció sin problemas. En 1977, ganó ocho peleas en ocho salidas, de ellas, sólo dos terminaron por puntos.
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En 1978, prosiguieron su éxitos, ganando cinco peleas ante boxeadores de más nivel. Con su estilo un tanto alocado, comenzó a ganar público y se empezaron a interesar en él como si fuera una estrella Olímpica, ganándose la mención del mejor novato del momento.
 
En 1979, obtuvo seis triunfos significativos: noqueó a Johnny Copeland en el séptimo, a Norman Goins en el noveno, a Stephen Herranz en el tercero, a Al Ford en el tercero, a José Fernández en el primero y al panameño ex campeón mundial welter Jr. Alfonso “Pepermint” Fraser, en el quinto round, pero sin cobrar aún bolsas buenas y con reconocimiento más que discreto.
 
“Muchas veces me frustré y pensé en retirarme del boxeo, viendo que a otros a los que yo les ganaba le daban oportunidades de título y a mí me apartaban”, dijo Pryor en su momento.
 
Incluso, en 1980 se habló de que tendría oportunidades por las coronas de peso ligero del CMB contra el escocés Jim Watt o la de la AMB que ostentaba el venezolano Ernesto “Gato” España, pero como le sucedería posteriormente con Durán y Leonard, todo se vino abajo.
 
Viendo que nadie le daba oportunidad en los ligeros, subió a los súperligeros en las 140 libras, donde un veteranazo, con toda la experiencia del universo, Antonio Cervantes  “Kid Pambelé” aceptó a sus 40 años ir a enfrentarlo a Cincinnati. Eso era todo lo que Pryor necesitaba, que alguien de trayectoria se subiera al ring con él, para ganar y así lo hizo con Pambelé, a quien arrebató la corona mundial de ese peso con un nócaut en cuatro vueltas el 2 de agosto de 1980.
 
Pryor haría cinco defensas de esa corona, todas por la vía rápida, hasta que en una megapromoción de Bob Arum en el Orange Bowl de Miami, tuvo su pelea, su primera gran pelea, la que le haría ganar una suma millonaria y el prestigio que siempre había buscado y siempre se le había negado.
 
Así, el 12 de noviembre de 1982, poco tiempo después de cancelarse la pelea con Leonard, Pryor subió a pelear con Alexis Argüello, quien le iba ganando no de manera avasalladora, pero sí indudable la pelea, aunque uno de los tres jueces tenía a Aaron arriba.
 
En el round 13, un impacto de Argüello puso en evidentes malas condiciones al estadounidense, quien alcanzó a escuchar el tañido de la campaña que pareció haberlo salvado.
 
BOTELLITA DE AGUA
 
Fue, precisamente, en el descanso de ese round, cuando uno de los capítulos más raros y controvertidos del boxeo ocurrió, cuando los micrófonos de la televisora HBO “pescaron” al entrenador de Pryor, Panama Lewis pidiéndole al second Artie Curley una botella de agua y cuando la recibió, le dijo, “no esa, sino la que preparé”.
 
Tras consumir su contenido, como por arte de magia, Aaron salió entero, renovado, casi nuevo y desde su guardia derecha pescó a Argüello con una serie de combinaciones a la cabeza que lo llevaron a las cuerdas, a la mitad del ring, donde la cabeza del nicaragüense, convertida en una pera loca, tomó mucho castigo, hasta que el acreditado réferi sudafricano Stanley Christodolou paró las acciones, sin poder evitar que el vencido se desvaneciera entre sus brazos de manera dramática, quedando tendido varios minutos sobre la lona. Lástima que para entonces no existía aún control antidoping.
 
Fue ahí, donde se acabó la carrera del centroamericano y se consolidó la de Pryor, quien un año después en una revancha, aplicó otro nócaut a Argüello, en 10 rondas en Las Vegas.
 
Luego de esa pelea, ambos anunciaron su retiro, extrañando la decisión de Pryor, quien tiempo después volvió y se apoderó de la corona de los súperligeros de la FIB siguiendo su gran carrera, pero con un perfil cada vez más discreto a causa de un enemigo al que no pudo noquear: Él mismo.
 
Pryor cayó en adicción a la cocaína y así comenzó a pelear de manera esporádica, hasta que se retiró en 1990, dejando una hilera de 10 defensas invicto, de las que solo un adversario, Nick Furlano, llegó de pie a la última campanada.
 
El hijo de Sara Pryor (de su padre nada se sabe), una conductora de autobús, se fue del boxeo con una excelente hoja de servicios de 40 peleas, 39 de ellas ganadas, con 35 kos y una sola derrota, por cierto por nócaut ante Bobby Joe Young.
 
Debió retirarse por sus problemas con la cocaína y con la visión que lo llevaron a ser rechazado para pelear en varios estados, hasta que en Winsconsin le fue permitido, pero previa firme de deslinde a la comisión local en caso de que algo le ocurriera.
 
Finalmente, en 1993 fue médicamente declarado sano de su abuso de la cocaína, luego de un largo período de abstinencia, tras lo cual, el Salón de la Fama del Boxeo Internacional de Canastota lo indujo en 1996. Es hoy día, maestro de boxeo en Ohio.
 
Fue un boxeador, de espectacular excelsitud al que en este recuento hemos pretendido hacer un sencillo homenaje a falta del reconocimiento popular que no alcanzó. 

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