Por Juan Carlos Gutiérrez Castillo.

Mérida.- Sábado 27 de julio de 1991, parque del Seguro Social.

“Chico”, ya inició otra vez el juego, y ni nos dimos cuenta; vamos p´allá”, señaló Leonel Aldama con su índice izquierdo hacia el dugout desde el túnel que conducía de los vestidores al dugout de los Tigres de México (3a base), empleado ese día por los Leones de Yucatán.

El umpire recién había decretado la reanudación del juego número uno del primer play off de ese año entre los melenudos y los Diablos Rojos del México, tras un aguacero que lo suspendió.

Absortos en la plática, el entonces joven reportero, de 21 años, con ya un poco de experiencia, y el ya veterano coach melenudo platicaron sabrosamente cerca de una hora, luego de que aquél bajó a buscar unos datos aprovechando la pausa generada por “Tláloc”.

La paliza que los pingos le daban a los selváticos, con todo y que el as del pitcheo de la Liga Mexicana de Béisbol (LMB), Mercedes Esquer estaba en el montículo, debía reanudarse.

Jonrones de Nelson Barrera, José Luis “Borrego” Sandoval y hasta de Juan José Pacho animaron la tarde capitalina, pero no a la porra melenuda; ni Leoncio, que hizo el viaje, sacó una sonrisa de los peninsulares.

Arriba, Carmen Salinas dirigía a los fans luciferes que festejaban la paliza.

Con la reanudación del juego, el reportero quedó, involuntariamente, “atrapado” dentro del dugout y violentando una regla de la LMB que prohibía que personas de “pantalón largo” estuviesen en ese sitio durante el juego.

Y no era el primero; algunos años antes, otra persona (aunque este sí con dinero y poder) el Alto Comisionado Alejo Peralta Diazceballos, lo habia hecho en el parque Kukulcán en el dugout de sus Tigres capitalinos, como constó en una foto de Marcial Heredia Gamboa “Bugs”, publicada en el Diario Novedades de Yucatán.

Consciente de ello (y quizás para evitar una foto), el reportero debió atisbar y anotar el juego desde el pasillo, al menos dos entradas, mientras el entonces mánager, Fernando Villaescusa le hacía un guiño con el ojo y el batboy, Mario Ojeda “Memo”, y el “Coronel” le compartían un refresco.

Una “uixada” más de Tláloc le permitió al enviado de Novedades regresar al graderío, donde se sentía ya un frío durísimo, aunqe no tanto como la mirada de descontento del vicepreidente melenudo, Jorge Carlos “Manito” Menéndez Torre y la de su compañero, Don Felipe “Abuelo” Ceballos Fuentes que, ese sí, siempre, hasta riendo, tenía gesto adusto.

Al final, feliz, dentro de su dugout, Benjamín “Cananea” Reyes, ya muy enfermo del cáncer que lo mataría en unos cuatro meses más, celebró la paliza a los Leones y le advertía a la afición yucateca que la serie no iba a regresar al parque del Seguro Social y que lo iba a celebrar en “La Prosperidad” (el antecesor de los Eladios).

Y sí así fue, pues los Leones se fueron en cuatro juegos, con un show incluído entre Fernando Villaecusa y Nelson Barrera por alegatos de un bat encorchado del toletero carmelita.

Años después, en 1998 en el terer Juego de Estrellas en Mérida, sucedió lo siguiente.

“Oye, ya estás uniformado ¿porqué no juegas?”.

Así cuestionaba el ya muy veterano héroe cubano de mil batallas Adolfo “Tribilín” Cabrera al reportero al iniciar el juego entre reporteros y directivos (o algo así), al verlo inseguro de salir al terreno de juego con el uniforme de los Leones de Yucatán.

Sentado en el dugout de los visitantes en el parque Kukulcán, Cabrera, el mismo que casi mata de un batazo en la cabeza a Rufus Lewis en el parque Delta, seguía animando al reportero: “Ponle cojones chamaco, tienes hasta cuerpo de pelotero y estás ágil, delgado”.

Y si bien el reportero los tiene para varias cosas, carecía de ellos para enfrentar al multicéfalo; el pánico escénico lo ponchó antes de ir a la caja de bateo del Kukulcán , donde quien sí lo logró tiempo después, fue Gustavo Ricalde.

“Qué joder contigo”, concluyó con una mueca de fastidio, dado un manotazo en el aire y virando la cara el oriundo de Cienfuegos.

Ambos grandes cubanos, contemporáneos y quenes hicieron su vida y la concluyeron en México, partieron al más allá con apenas unos días de diferencia. Que en Paz Descansen.

 

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