Por Andrés Pascual

Con las agencias de noticias autorizadas por la tiranía deben tener mucho cuidado los diarios del mundo libre, porque ninguna dice las verdades como deberían, o las encubren y edulcoran ajustadas a la censura para poder mantenerse gozando de todo lo que ofrece La Habana, a mucho menos precio que cualquier otro lugar: mujeres bellas, ron, tabaco, cocaína, “negrones” para ambos gustos o, si se burla “el equilibrio noticioso” impuesto por la cartilla de libertad de prensa muy particular del régimen, salir del país como bola por tronera, incluso despertarse en el cuartel general del DSE con 10 represores al frente, dispuestos (ordenados) a todo.

Por eso cualquier material de AP o de EFE o de… se debe revisar y editar, no hacerlo procede a que el periódico o la revista se gane el calificativo de “procastrista”, incluso de 5ta columna de la tiranía. La reincidencia viciosa en presentarlo tal y como sale de La Habana le da la razón a quienes acusen de castrocomunistas a las editoriales o, todavía más, de provocadores contra el exilio.

Pero no es contra el exilio solamente que se provoca cuando se informa sin editar desde Cuba, sino contra los hispanos que conozcan la situación nuestra también, por ejemplo, los deportes beisbol y boxeo cubanos no se le pueden manipular al resto del Caribe, porque saben más sobre nuestra gloria y hazaña en el sector, no solo que el espadón que está en la Isla, sino que los recién llegados de algún o no tanto tiempo, quienes, porque les borraron la historia o se la contaminaron, o no la conocen o se quedan muy cortos, sin embargo, una vez aquí, hacen poco o nada por ponerse al día, especie de rechazo absoluto a sus raíces, que debe entenderse como “oposición personal y de grupo al exilio anticastrista”, lo que demuestran en el empecinamiento en publicar sin editar esa sarta de mentiras y ninguna verdad que se leen un día y otro y otro…

El caso del pelotero Antonio Muñoz, con quien hable más de 100 veces, es raro: nacido en Condado, Escambray, corazón de la lucha guerrillera contra la tiranía en el centro de la Isla, la mitad de su familia, por colaborar con los patriotas alzados, fue reconcentrada en los pueblos pinareños que construyeron para descampesinar tanto a Pinar del Río como a Las Villas, por eso alguna vez se comentó que el jugador hubiera podido integrar una de las novenas vueltabajeras a las Series Nacionales. Como se sabe, nunca sucedió.

A Antonio Muñoz no le conocen los fanáticos boricuas ni dominicanos ni…como, digamos, a Tony Taylor, a Tito Fuentes, a Mike de la Hoz o a… por lo que su carácter de leyenda es puramente local, una vez que no contribuyó a diseñar el poderío del beisbol en ningún país ajeno a Cuba y su participación internacional fue a través del beisbol amateur, de muy baja clase atlética y de ninguna promoción mediática salvo en el feudo dictatorial.

El total desamparo histórico de Antonio Muñoz y de más de 500 peloteros cubanos hasta 1995, es de total y absoluto sello castrista: fue la tiranía la causante de la pérdida del poderío nacional en el deporte, incluso, de que el juego haya perdido su carácter de “pasatiempo nacional”. Por lo tanto de que Antonio Muñoz nunca hubiera sido parte de los Elefantes del Cienfuegos de la Liga Cubana de Beisbol Profesional de Invierno, de que nunca hubiera ganado una Serie del Caribe ni de que hubiera podido exhibir su talento en Grandes Ligas.

¿Qué tan bueno fue Muñoz? Sin consideraciones aparte en cuanto a que el béisbol profesional es muchísimo más fuerte que el amateur, más organizado, de mayor compromiso individual y mucho más mediático, este hombre era, en su momento, una de las grandes promesas del beisbol cubano, posiblemente ningún país del área hubiera podido ofrecerle algo mejor al Beisbol Organizado.

Desde sus 6´3 de estatura repartía palos hacia todos los ángulos del terreno, porque era capaz de utilizar todo el espacio para batear y las conexiones al left-center podían medirse por encima de 400 rutinariamente.

Como muchos de los grandes bateadores de la historia, se burló continuamente del “sesudo” concepto, tan repetido hoy que cansa, de “paciente en el home”, que quiere decir “no tirarle a bolas malas”, fuera de la zona.

Antonio Muñoz le hacía swing a la que le gustaba, por alta, baja, adentro o afuera que viniera, porque tenía el divino don del contacto excelente: a la que le tiraba la chocaba, aunque fuera de foul.

Como slugger de promedio, pues era tratado con preocupación y cuidado extremo, por lo que recibía buenas cantidades de bases por bolas contra menos ponches, sin embargo, entendió siempre su función en el clutch y hacía valer la razón de que se paraba en el plato para empujar carreras, no para caminar hacia la primera con pasaporte de libre tránsito.

Números en una pelota muy floja como para considerarlos no valen la pena; no obstante, este bateador se enfrentó a la última era de pitcheo inteligente y realmente bueno nacido en Cuba, mayormente con bate de madera.

¿A dónde hubiera llegado Antonio Muñoz si la horda no se apodera del aliento nacional y lo destruye todo? Por descontado que en Grandes Ligas hubiera jugado y algún “outsider” que ocupó el lugar que debió ser suyo si no… nunca hubiera visto un estadio de liga grande por dentro como no fuera pagando la entrada.

El problema es cuál hubiera sido el impacto de este inicialista aquí. Al modo mío de ver las cosas, tanto Muñoz como quién sabe cuántos cubanos más, no están pendientes de la llamada que los inmortalice en Cooperstown por obra y gracia del más feroz y despiadado grupo criminal y anticubano de tiranía-dictatorial que, 54 años después, no solo continúa en el poder, sino con más apoyo internacional, a pesar de los muertos, de los presos, de Muñoz y de todos los otros.

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