Por Juan Carlos Gutiérrez Castillo (Colaborador eventual)

Mérida.- Vivo físicamente en los últimos años, pero ausente ya desde varios del imaginario colectivo yucateco, el QFB. sr. Don Felipe Escalante Ruz descansa ya en paz tras una fructífera vida en la que abarcó diversas áreas, la más conocida de ellas protagonizada durante unos cuatro decenios por su álter ego, “Juan Brea”.
 
La relación de Don Felipe con “Juan Brea”, la trasformación de uno en otro a partir de la década de los 60´s en las páginas del Diario de Yucatán, no fue como la de Dr. Jekyll y Mr. Hyde en la famosa novela de Robert Louis Stevenson en la que el segundo se desposeía de la personalidad del hombre de ciencia para convertirse en un psicópata que masacraba gente.
 
Quizás fue más como la de Clark Kent, el reportero discreto, taciturno que defendía a todo el mundo, convertido en Súperman. Algo así hacía “Juan Brea”, pero defendiendo las más profundas raíces de su sociedad, de la yucataneidad, “aprovechándose” de un tópico que siempre nos ha seducido; el deporte y especialmente dos de ellos: el boxeo y el béisbol.
 
Don Felipe, que murió ayer domingo, al completar la semana, había también completado un larguísimo ciclo vital que solo un microscópico sector de la población puede alcanzar: 95 años.
 
Químico de profesión, académico, literato, el sr. Escalante Ruz ya había “ponchado” años atrás, nos parece que en el preciso inicio del presente siglo a “Juan Brea” al que, según una publicación suya en la década de los 90´s de la centuria pasada, “dio vida” al iniciar la década de los 60´s para reseñar el boxeo y el béisbol.
 
Fue esa, la de los 60´s, una década no muy prolífica para el deporte yucateco, ya con la Liga Peninsular extinta, sin béisbol de la Liga Mexicana y con un boxeo sin figuras destacadas, si acaso con Silverio “El Chamaco” Ortiz que iba y venía por cuadriláteros de todo el país con triunfos y derrotas, “Juan Brea” desde la redacción del añejo periódico publicaba sus columnas en las que analizaba con tino y jocosidad el diario qué hacer de lo poco que había en el deporte local y de lo que sucedía en México y en el mundo.
 
Contemporáneo en las páginas de ese diario con otros, como él, tremendos conocedores como el sensacional e insigne cubano Eladio Secades, “Juan Brea” fue armando el rompecabezas de la historia del deporte local (disponible en las dos hemerotecas de Mérida con ejemplares desde el siglo XIX) en entregas constantes aderezadas con su singular sentido del humor con expresiones yucatecas e ironía política.
 
“Le sonó en la caja de los panuchos”, escribía en sus crónicas al señalar que un boxeador le había pegado a su rival en el abdomen; “corrió más rápido que un campesino que iba por su torta y su juguito a los mítines del PRI”, parodiaba al referirse a un pelotero que lograba vencer el tiro del cátcher al robarse la segunda o la tercera base”.
 
Con la divisa de la amenidad por delante, elocuente, preciso, profundo, brillante, “Juan Brea” traspasó el umbral de esa década de los 60´s y siguió recorriendo el lunetario de la vida como “roba bases” o como “ejidatario que huye de la policía por ser simpatizante del grupo opositor al gobierno” y dejando evidencia de ello en las páginas del Diario de Yucatán, donde plasmó el conocimiento que será de gran utilidad a la generación de ahora y a las que están por venir y que tuvieron el infortunio de no coincidir en tiempo con él.
 
En ese recorrido, tuvo él la fortuna de ver de cerca, al borde del ring y del terreno de juego la más brillante época del deporte yucateco al surgir en los 70´s la egregia figura de Miguel Canto y las de otros ilustres personajes como “Guty” Espadas, Freddy Castillo, Juan Herrera y Lupe Madera.
 
De la misma manera, el regreso, dos veces, de los Leones de Yucatán y la conjugación de un gobierno involucrado en el deporte encabezado por Francisco Luna Kan y héroes del empresariado como William Abraham Dáguer y Plinio Escalante Bolio que en el box y el béisbol proyectaron a esta tierra de forma significativa y dieron a “Juan Brea” mucha tela de dónde cortar para sus interesantes y siempre alegres entregas periodísticas. 
 
Recuerdo muchos de sus artículos de los que aprendí historia del béisbol y, sobre todo, boxeo de épocas que no me tocó vivir.Fue un gran maestro, en verdad, un TREMENDO PROFESOR, aunque en mi vida solo crucé un saludo con él.
 
No me parece que fuera el más profundo conocedor de esos deportes, como en béisbol y boxeo lo fueron Jorge Carlos Menéndez Torre y Eduardo Amer, pero sí era el que más agradable nos hacía la lectura con sus ocurrencias, analogías e ironías del deporte con la cultura yucateca y la política.
 
De esos artículos, recuerdo dos de manera especial; uno el de dos vecinos suyos del rumbo del rumbo de “La Jardinera” en el barrio de Santiago (por allá había una cantina de ese nombre), unos gemelos de nombre Alfaro, ambos boxeadores y del mismo peso, me parece que eran gallo y uno de ellos se llamaba Eduardo.
 
Resulta que un día, uno de los hermanos Alfaro subió al ring del “Circo Teatro Yucateco” a pelear con un rival fuereño, al parecer capitalino, quien lo estaba superando a la altura del cuarto o quinto round en un pleito a 10 rounds.
 
Súbitamente, la luz se fue del “Circo Teatro Yucateco”, ubicado a unas tres o cuatro cuadras del rumbo de “La Jardinera” y al regresar unos cinco o 10 minutos después, el pleito reinició, pero cuál fue la sorpresa del visitante cuando vio a su rival con el mismo short mojado, pero sin magullones, fresco como una lechuga y con mucha energía aún, lo que lo llevó a claudicar antes del final pactado.
 
Con las risas y bromas del público que el equipo capitalino no entendía (en esa época todos se conocían en Mérida), finalmente le levantaron la mano a Alfaro II, mientras Eduardo I veía las acciones sentado en gayola.
 
Don Felipe, mejor dicho “Juan Brea”, aseguró, en su muy jocosa manera de contar las cosas, que ese capítulo sí sucedió.
 
Otro artículo fue el que escribió el 8 de octubre de 1992 con motivo del debut de Gustavo “Guty” Espadas jr. hijo de quien fuera el más sensacional deportista nacido en Yucatán: Gustavo Hernán “Guty” Espadas Cruz, campeón mundial mosca de 1976 a 1978.
 
“Juan Brea” lo llamó “Gutito” y le deseó un sin fin de parabienes recordando lo que su padre hizo en cuadriláteros de todo el mundo llevando siempre por delante y muy en alto el nombre del terruño. ¿Quién le habría de decir que ese chamaquito de 18 años de “piernas de popote” y copete medio “paxux” (achinado o esponjado dirían en otras partes) se convertiría en el primer ser en la historia de la humanidad en lograr imitar a su padre como campeón del mundo?.
 
Como esas, muchas, muchas anécdotas más hay de este ser sin igual, como la del día que, cedió su asiento en un avión a un fotógrafo de apodo “Torrente”, para cubrir el desastre que un ciclón causó en Chetumal a finales de los 50´s. El aeroplano cayó en el sur de Yucatán y nadie sobrevivió.
 
Sus libros de anécdotas (tesoros para los que tenemos la fortuna de conservarlos) en las que retrataba al Yucatán de la primera mitad del siglo XX, con los gatos o “mixos” (gato en maya) y “tolokes” (iguanas) corriendo por las noches sobre las láminas de los techos y los ruidos nocturnos caseros los lunes tras la ingesta del infaltable, en ese día, frijol con puerco, quedan para la posteridad.
 
Asimismo, el relato del reportero (así lo recordamos) que llegado de la Ciudad de México a trabajar al Diario de Yucatán salía de la redacción en la madrugada y se dirigía a su casa hacia el barrio de Santiago e iba pegado a las paredes muerto de miedo al creer que un león andaba suelto en la calle por oír los rugidos que a esa hora se escuchaban claramente, provenientes del cercano parque zoológico del “Centenario”.
 
El pésame por la partida de Felipe Escalante Ruz al que “Juan Brea” seguramente recibió con un abrazo, acompañado de San Pedro y Dios Nuestro Señor, va no solo a sus deudos familiares, sino para los que tuvieron la fortuna de convivir de cerca con él y de aprenderle, entre ellos sus alumnos Gaspar López, Gínder Peraza, Alejandro Flores, Gaspar Silveira, Javier Pacheco, Willie Casanova y Jorge Pinzón, entre otros.
 
Para quienes viven en Mérida, les recomendamos ir a las dos hemerotecas que hay en la ciudad y que busquen sus textos en el Diario de Yucatán, les aseguramos que no será tiempo desperdiciado y sí lo será de mucha amenidad. (Que en Paz Descansen Felipe Escalante Ruz y Juan Brea).
 

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