Mérida.- Raymundo “”Ray” o “Battling” Torres, como también se le conoció, llegó a la que sería su segunda y definitiva casa en el año de 1984, a mediados de la campaña de ese año, según recordamos, en el mes de mayo, en una operación que trajo a Yucatán al más grande ídolo que el club ha tenido en su última etapa desde su regreso a la Liga Mexicana en el año de 1979.

“Ray” fue un sonorense sin igual, lejos del estrellato mundial que alcanzó su paisano Fernando Valenzuela y sin las dotes de líder nato como su otro coterráneo, muerto ya como él, Fernando Villaescusa Elías, pero que con su esfuerzo y pundonor cargaba como el pípila el ataque del equipo sobre sus espaldas.

El de San José de Moradillas, era callado como el originario de Etchoahuaquila, a diferencia del de San Luis Río Colorado, que fuera su compañero y mánager con los Leones y que partió hace ya 11 años víctima de un cáncer. Pero a la hora de empuñar el marro de madera, era estruendoso…e implacable.

Se inició en la Liga Mexicana de Béisbol en 1977 jugando con Durango, donde estuvo tres campañas, para pasar, según la enciclopedia del Béisbol Mexicano, a los Diablos de Winston Llenas en 1980.

Bajo el mando del “Pelón Mágico” Benjamín “Cananea” Reyes, permaneció con los infernales hasta mediados de 1984 cuando fue transferido a Yucatán, donde alcanzó la inmortalidad y el cariño de su gente al ganar el campeonato ese mismo año, alcanzando y superando récords, entre ellos el de jonrones del club  tantos otros en rubros principalmente ofensivos.

Torres aún alcanzó a ser subcampeón con los Leones en 1989 y un año después, la diectiva que encabezaba Arturo Millet lo envió a los Industriales de Monterrey, para regresar años después a los melenudos.

En resumen, jugó mil 930 partidos, bateó mil 700 hits, dio 283 dobles, anotó mil 86 carreras, produjo mil 146 y ocupa el octavo escaño en vuelacercas de todos los tiempos de la LMB con 311.

El ídolo de ídolos tiene también el récord de todos los tiempos de más jonrones con casa llena con 13. Su porcentaje de bateo de por vida fue .268 milésimas. Su última campaña en el verano fue en 1998 con los Leones de Yucatán en la que se despidió en un inolvidable encuentro ante los Rieleros de Aguascalientes en el que una enorme camisola con su número (18) cubrió buena parte del que fuera el jardín que cuidó con su educado guante: el central.

Una vez concluida la década de los 80´s del siglo pasado, fue seleccionado como el mejor jardinero central de ese decenio en un proceso electivo a cargo de periodistas especializados y que fue decisivo para su llegada en 2006 al Salón de la Fama del béisbol mexicano.

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