(Publicado en la icónica y ya desaparecida revista eletrónica Ko Boxeo Mundial en 2015)
Por Juan Carlos Gutiérrez
Mérida.- Próximo a cumplir 75 años de existencia, José Ángel Nápoles es una de las más grandes joyas vivas del museo pugilístico de todo el mundo.
Menor aún que el más viejo de todos ellos, Jake Lamotta (94 años), el nacido en Santiago de Cuba el 13 de abril de 1940 tiene un panorama sombrío enfrente, uno que él mismo se forjó con sus excesos y con su nula visión que no llegó más allá de sus momentos de gloria, de su día a día de entonces, distinto al que lo acompaña hoy.
Enfermo de múltiples males, vivo quizás por la última obra humanitaria de José Sulaimán (quepd) (lo mandó con el médico cuando estaba pésimamente de salud), Nápoles es uno más de los héroes del pasado que recordamos en Ko-Boxeo Mundial.
El mejor (al menos para nosotros) de la camada que vino de Cuba como consecuencia de la abolición del boxeo profesional por el socialismo, “Mantequilla” como fue conocido y es y será recordado, llegó a la cima, como todos, con mucho esfuerzo, aunque a él le tocó pagar un precio más caro que casi todos.
Exiliado de su patria, fue un personaje desde su llegada, a México, precisamente en la capital mexicana, donde acompañado de su apoderado Carlos Conde Gómez y su entrenador Alfredo Cruz Chávez, conocidos a perpetuidad como “Cuco Conde” y “Kid Rapidez”, fue recibido por un joven periodista que hacía sus pininos como matchmaker y que también sería una leyenda: Rafael Mendoza Realpozo.
¡¡Murió el gran José Ángel "Mantequilla" Nápoles!!
Luego de su campaña inicial en Cuba, principalmente en La Habana, Nápoles, ante los problemas que el deporte profesional enfrentaba con el nuevo régimen, hizo una pausa de poco más de un año en su carrera antes de debutar en México el 21 de julio de 1962 ante Enrique Camarena al que dejó para la cuenta de los 10 segundos en la segunda ronda.
A  partir de entonces, la buena fama que ya traía fue y no, la mejor aliada para ese entonces muy prometedor peso ligero de cabello “mulix” (como diríamos en Yucatán) o “achinado” como se dice en el español de México.
Sus continuas victorias, salvo tres traspiés por decisión en Hermosillo, México y Reynosa, ante Tony Pérez, Alfredo “Canelo” (el original) Urbina y L.C. Morgan, lo situaron en la ruta al campeonato del mundo que para entonces tenía el gran boricua Carlos Ortiz y por el que nunca recibió la oportunidad…nadie supo porqué nunca tuvo el gran chance en su división original, pero muchos sospechan la causa.
Sin opción y con la edad ya viniéndosele encima, Nápoles aceptó el desafío de hacer campaña en los wélters, donde tenía desventaja en todo lo externo, comenzando por el peso, estatura, alcance, pero no en lo interior: técnica, valor y determinación.
“Chiquito” para la división 1.71 m. “Mantequilla” comenzó a sembrar de cruces su camino entre los wélter mexicanos y del mundo, tras acabar con casi todo lo mejor de los ligeros e incluso noquear a domicilio al magnífico venezolano Carlos “Morocho” Hernández que reinaría entre los súperligeros.
Así, con la victoria incluida en su equipaje, a Nápoles le llegó la gran oportunidad de sentarse en el trono mundial ante Curtis Cokes el 18 de abril de 1969, ya con 29 años a cuestas.
El resultado fue un nócaut a su favor en 13 rounds luego de que el estadounidense avisó que ya no saldría a combatir para el que sería el penúltimo (entonces, las peleas de campeonato eran a 15 rounds, como debieran ser las de verdadero campeonato).
Desde entonces, el “Mantecas”, como también se le conocería por sus períodos de sobrepeso, haría tres defensas, una ante Cokes, otra ante Ernie López y la segunda ante el inconmensurable isleño Emile Griffith.
Para la cuarta, en Syracusse,  Nueva York, sufriría la pérdida de su corona al ser cortado en ambos ojos, problema que lo acompañaba desde tiempo atrás y que marcaría también el final de su carrera pocos años después. Billy Backus sería el verdugo el 3 de diciembre de 1970.
Poco tiempo después, Nápoles recuperaría la corona seis meses después en Los Ángeles al darle una verdadera paliza al sobrino de Carmen Basilio en una pelea que marcó un capítulo especial de su carrera al exclamar repetidamente y sin parar, como en trance, tras ser declarado ganador, la palabra: “Mío, mío, mío, mío, mío, mío”, en alusión al campeonato que volvía a llevar a su casa.
Ya con el título de nuevo, hizo una hilera de defensas en distintos escenarios de México y el mundo en Estados Unidos, Canadá, Inglaterra hasta que desafiando a la lógica y a un enorme de todos los tiempos en cualquier división, osó ir por la corona mundial de los medios ya en la curva de la debacle física.
Con casi 34 años a cuestas y con claras señas de la vida disipaba que ya llevaba, Nápoles viajó hasta Francia, donde se encerró en un ring ni más ni menos que con Carlos Monzón que con toda la ventaja del mundo, unos brazos más largos que el afluente del Río Sena, le dio una cachetiza hasta dejarlo sentado en su banquillo y obligarlo a renunciar a pelear después del sexto episodio.
Datos aportados en su momento por el excelso escritor Antonio Hernández Hinojosa (el máximo crítico que haya existido de boxeo en México, muerto en junio de 2000) señalaron que Nápoles, la noche previa a la pelea con Monzón departió alegremente en el Lido de París (centro nocturno) con un personaje ya para entonces importante y con influencia boxística.
Después de ello, “Mantequilla” noqueó a Hedgemon Lewis y al argentino Horacio Saldaño para ir a Acapulco y ganar una discutidísima decisión técnica con Armando Muñiz que fue el preludio de lo que vendría poco después.
El cubano de nacimiento de nuevo sufrió severos cortes en el rostro que le quedó inflamadísimo y con las cejas rotas.
Tras vencer a Muñiz en una revancha en la Ciudad de México, en ese mismo año de 1975, el “Mantecas” subió al ring de la Plaza de Toros México a darle una oportunidad al nóvel británico John H. Stracey que tras caer a la lona se levantó para cortar el rostro del gran “Mantequilla” y convertirlo en una máscara sanguiñolenta hasta que el réferi Octavio Meyrán se apiadó de la paliza y evitó un castigo mayor por respeto para quien ya era una leyenda y que en la defensa 15 de su segundo reinado abdicaba para siempre al trono y al boxeo la tarde del sábado 6 de diciembre de 1975.
Nápoles, nunca más volvería a boxear y a partir de entonces siguió una senda de infortunio que había iniciado años atrás con un tipo de vida poco idónea para un boxeador y peor aún para el futuro de cualquier ser humano.
Dilapidador, mujeriego, tenía, entre otras, una mujer a la que llamaba la “wera” y logró tener una cantina conocida como “La Regional”, en el Eje Central de la Ciudad de México y el bar “Mantequilla” en Dr.Vertiz, los cuales perdió, como muchas otras propiedades, entre ellas sitios de taxis, por mala administración y por su proclividad al juego.
Nápoles perdió la brújula tras su retiro y se metió en negocios e inversiones que lo dejaron en la calle y lo que le terminó dando el “empujoncito” al colapso económico fue su excentricidad, pues llegó a tener cerca de 300 trajes, con sus respectivos pantalones, camisas, corbatas y zapatos (¿Se imagina usted, donde meter cientos de zapatos?…yo no).
El gran “Mantecas”, cuyo nombre completo es José Ángel Nápoles Colombat,  terminó su carrera con 88 combates, de los cuales ganó 81, 54 por la vía rápida, con siete derrotas.
Si bien perdió por nócaut técnico, nunca sufrió uno efectivo, es decir, escuchar los 10 segundos tendido en la lona.
Quien más cerca estuvo de lograrlo fue Monzón que lo dejó sentado en su banquillo, aunque al no sonar la campana para el siguiente round, no recibió el conteo fatídico.
El Diario Esto lo calificó a mediados de la década de los 80´s en uno de sus suplementos dominicales como el mejor de los pesos wélter que México había tenido y que para entonces habían sido solo tres: Él, Pipino Cuevas y Carlos Palomino; “Pocos Pelos, pero Bien Peinados”, titulo el que entonces era aún el “Diario de los Deportistas y que hoy día es el “Diario de los Futbolistas”.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here