Mérida.- El presidente de la Comisión de Box de Mérida (CBM), Santiago Basto Mejía anunció el alta médica definitiva y sin mayores consecuencias o secuelas para el boxeador poblano Longino Álvarez, quien, asegura, estuvo en riesgo de morir sobre el cuadrilátero del Polifórum Zamná  la noche del sábado tras ser noqueado espantosamente por el tabasqueño Iván Silva.

En atenta entrevista con Península Deportiva, el dirigente boxístico y, además, especialista en traumatología, celebró que, dentro de lo malo que resultó el percance, haya sucedido en Mérida y bajo el auspicio de una empresa como A&T que desde antes del inicio de la función había dado su consentimiento para que en caso de ocurrir, cualquier eventualidad fuese atendida en el Centro Médico de las Américas, una de las clínicas más prestigiadas del sureste mexicano.

Álvarez, explicó, sufrió una conmoción cerebral que derivó en problemas respiratorios:

“Comenzó a caer en apnea (falta de respiración), un poquito más y se nos va (muere) allá arriba (tendido sobre el ring), estuvo muy, muy grave”, comentó el especialista, luego de lo ocurrido que en su momento, a vista de los asistentes que quedaban en la arena (fue la penúltima pelea) no parecía lucir tan mal.

Amable, como suele serlo, el doctor Basto explicó que Álvarez sufrió un fortísimo impacto, no tanto del guantazo,  sino por golpearse la zona occipital (posterior) de la cabeza con la lona, lo que lo privó de la conciencia y le causó una serie de trastornos de los que no fue capaz de salir por sí mismo, sino con la asistencia de los reconocidos médicos, que además de conocer de estos problemas, tienen un “feeling” particular por la amalgama de sus conocimientos en la materia y los que tienen de boxeo, por los años que llevan involucrados en este deporte.

Agregó que debieron ponerle respiración, además de canalizarlo (ponerle una vía intravenosa externa -sonda-), para suministrarle medicamento que lo ayudase a revertir los síntoma que ya acusaba y que les causaron suma preocupación.

Afortunadamente, prosiguió, estaba todo el gremio (de médicos) que hicieron un equipo y se coordinaron para evitar que lo sucedido llegase a una tragedia.

Había una ambulancia con todo lo necesario, con equipo para medir gasometría (cómo el sujeto registra el consumo de oxígeno) y la anuencia y apoyo previo del promotor Andrew Pérez para que en caso de que esto pasara, como finalmente sí ocurrió, hubiese un traslado e ingreso al CEMA.

Basto Mejía agregó que acompañó al boxeador y a su entrenador en su ingreso y que requirieron del apoyo del neurocirujano Leopoldo Ortega Álvarez, que tras someter a Álvarez a los procedimientos y pruebas necesarias, no le detectó hemorragia, lesión o fractura que ameritase una operación, o que permaneciera más tiempo en el nosocomio, donde le fue practicada una Tomografia Axial Computarizada (TAC).

Insistió en la fortuna de que estuvieran todos los médicos, entre los que, por cierto, se encontraba el prestigiado anestesiólogo, Carlos Sáenz Larrache, quien hace exactamente 35 años, estuvo en el cuerpo médico de la misma CBM que evitó la inminente muerte del púgil izamaleño Miguel “Pulgarcito” Leal tras ser noqueado por el argentino Mario de Marco.

“Eso en Kanasín, o con otras comisiones, se moría el muchacho, te lo aseguro, te lo aseguro”, dijo convencido el experimentado médico y comisionado.

Finalmente, Longino Álvarez, se recuperó totalmente y pudo salir de la clínica con rumbo a Puebla, pero con un pronóstico de descanso total durante tres meses antes de pensar en volverse a calzar los guantes, toda vez que lo ocurrido no le dejó, heridas, lesiones o edemas que lo dejasen discapacitado.

Basto Mejía dijo que el propio Andrew Pérez se presentó a la clínica a enterarse del proceso del boxeador y que tras ser dado de alta, pagó los gastos originados por la pernocta del boxeador en esa clínica.

“Dios estuvo de nuestro lado, no fuimos nosotros ni nadie los que pudimos ayudarlo, sino Dios, resaltó el médico.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here