Mérida.- El planeta boxeo recuerda este 16 de enero al más influyente dirigente que haya tenido y que con su sello de aguda inteligencia, desenfado, elegancia y polémica construyó el edificio normativo del deporte que mejor paga a sus atletas en el planeta: José Sulaimán Chagnón.

Sulaimán, nacido en 1931 en la provincia mexicana de Tamaulipas (aunque diversas versiones, una de ellas citada por él mismo lo ubican en Veracruz), murió el 16 de enero de 2014 en Los Ángeles, California, donde era atendido desde meses atrás de problemas cardíacos.

Personaje ligado al deporte desde muy joven, de manera particular al béisbol del que era gran aficionado y en el que incluso hizo negocios, Sulaimán comenzó a aproximarse al boxeo en la década de los 60´s, cuando el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) era encabezado por el gran hombre de letras mexicano Luis Spota Saavedra con quien versiones de esa época lo sitúan en polos antagónicos.

Con el tiempo, se convirtió en secretario general del organismo y en 1975, en la convención anual de Túnez, el 5 de diciembre, sucedió en la presidencia al también mexicano Ramón G. Velázquez, para iniciar una saga que duró 38 años, hasta su muerte.

El también empresario de las artes gráficas, quien en sus mensajes epistolares por correo en la década de los 90´s del siglo pasado siempre negó haberse beneficiado de su presencia en el cargo, fue un hombre de virtudes políticas innatas.

Asimismo, de una exacerbada inteligencia que le permitieron, primero, convertir al CMB en el organismo más importante de los dos que hubo hasta inicios de la década de los 80´s, tomando en cuenta a la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).

Luego, con el surgimiento de la Federación Internacional de Boxeo (FIB) y la Organización Mundial de Boxeo (OMB), como consecuencia de escisiones de la AMB, el talento político y personalidad mediática de Sulaimán lo llevaron a dictar la agenda internacional de este deporte, que fue imitada por los otros tres organismos.

Primero, fue la reducción de las peleas de 15 a 12 rounds en 1983, luego, el empleo del réferi como simple árbitro y ya no más ejerciendo labores simultáneas de juez.

Después, en 1992, en la convención del organismo en Cancún, Sulaimán dispuso que el pesaje para las peleas titulares fuera de unas 36 horas previas a los combates, en vez del mismo día, como siempre había ocurrido en el boxeo y, luego, ya en el siglo XXI.

Sulaimán alegó como motivo para tomar esas dos medidas la protección al boxeador, para evitarle pelear tres últimos rounds y para que no sufriera con la obligatoriedad de dar el peso de la división en la que pelearía.

Ambas medidas, polémicas y deploradas por los aficionados y periodistas de cuño antiguo fueron interpretadas como una forma de favorecer la transmisión de las peleas de campeonato acorde a los tiempos televisivos y, para publicitar más los pleitos, respectivamente.

Y en los hechos, haya sido o no esa la intención, sí, así fue, sobre todo en la lamentable anticipación del peso que sólo benefició a quienes no podían dar x o y división y que forzándose con todo, daban el tonelaje requerido, para subir, al día siguiente al ring con una ventaja de muchos kilos respecto a su rival.

Ya en el siglo XXI, Sulaimán puso en boga y estableció los por demás polémicos campeonatos interinos que desvirtuaron esa denominación de interina al ser concedidos a boxeadores que no eran sucesores temporales de los campeones que ni habían renunciado, ni habían sido desconocidos y que, además, estaban vigentes…¡¡UN VERDADERO DISPARATE!!

Estos campeonatos interinos, que son solo un mal invento que, eso sí les genera a todos los organismos ingresos por su aval, sólo contribuyeron a confundir a los aficionados y a los periodistas no especializados, sobre la legitimidad de los títulos.

Todas, absolutamente todas esas medidas fueron asumidas por los demás organismos que así, implícitamente, reconocieron el liderazgo de Sulaimán, quien debió nadar y evitar ahogarse en mares de polémica, siendo el más encrespado de ellos el que enfrentó en febrero de 1990 cuando Mike Tyson fue vencido sorpresivamente por James Douglas en Tokio.

Cuando Tyson, favorito 42-1 fue vencido por nócaut por Douglas, el CMB, encabezado por Sulaimán se negó a reconocerlo como campeón, alegando un conteo erróneo del réferi mexicano Octavio Meyrán, cuando el a la postre vencedor cayó en el octavo round, presuntamente por más de 10 segundos que habrían significado su derrota, lo que sólo cobró notoriedad con la derrota de “Iron Mike”.

Finalmente, la presión mediática mundial que percibió una atroz, injustificable, indecente y cínica injusticia contra el poco conocido Douglas, hizo prevalecer el reconocimiento de campeón del mundo en su favor y en contra  de Tyson, representado por Don King, quien por décadas fue percibido como cercano a Sulaimán.

Empero, King y Sulaimán también tuvieron sus diferencias, como la de la convención anual de 2010 en Cancún, donde una discusión pública en una sesión de asignación de peleas de campeonato, entre el promotor de “los cabellos erizados” y el dirigente mexicano llevó a este a renunciar a la Presidencia del CMB por “falta de apoyo de mis amigos”.

Claro está, pocas horas después, regresó y anunció que siempre no renunciaba y que permanecía en la Presidencia del CMB.

José Sulaimán fue un tipo de personalidad fascinante, podría decirse, siempre en guardia para contestar a cuestionamientos y con la lengua astuta y fina, educada, para responder a los mismos.

Era, lo que podría decirse “una dama” en su trato y ello mismo, esa habilidad política, lo llevaba a ganar cualquier batalla y a superar los obstáculos que fueran, para convencer generalmente y no imponer su manera de pensar y sus procedimientos, gustasen o no.

Amigo de reyes y presidentes, entre ellos Nelson Mandela, Sulaimán le dio una dimensión mundial al CMB y lo hizo, no el mejor, no el peor, sino que más allá de posturas maniqueas, lo convirtió, eso sí, incuestionablemente, en el organismo boxístico más influyente y reconocido por la opinión pública universal.

Su hijo, Mauricio, lo sucedió semanas después de su muerte en el cargo, tras permanecer un tiempo en la secretaría ejecutiva del organismo que ahora dirige con la responsabilidad de conducir al que sigue siendo el organismo más influyente de los que rigen al boxeo y de proseguir el legado de su famoso y legendario padre, inducido al Salón de la Fama del Boxeo Internacional de Canastota en 2017.

A cinco años de distancia, saltan preguntas, quizás las principales son.

¿Fue José Sulaimán malo para el boxeo?: La respuesta tendría que ser sí, lo fue, porque cometió errores, varios de ellos consciente de ello.

¿Fue Sulaimán bueno para el boxeo?: La respuesta tendría que ser sí, lo fue, porque cometió aciertos, varios de ellos desconocidos y que él no “cacareó”, sobre todo en beneficio de muchos boxeadores, incluso que no militaron en su organismo.

Fue un ser humano a final de cuentas, pero no uno coalquiera, sino uno muy especial. (Que en Paz siga descansando).

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