Birmingham.- Deontay Wilder confirmó su legitimidad como monaca mundial de los completos, pero siguió sin encender la chispa de la esperanza en torno a su persona como el primer gran campeón del orbe de la máxima división de los completos del siglo XXI, pese a derrotar por nócaut técnico a Chris Arreola que de nuevo evidenció no merecer la oportunidad, ni tener con qué ser titular de los pesados.

Wilder logró la cuarta defensa del cinturón completo del Consejo Mundial de Boxeo, mientras que Arreola quedó a deber, pero para fortuna del boxeo se alejará, para siempre, de la oportunidad por la máxima corona de este deporte.

El campeón derrotó prácticamente con una mano a ‘The Nightmare’ Arreola, quien mostró una vez más poco corazón para hacer una gran pelea.

Wilder se fracturó la mano derecha y con la izquierda dominó a un poco ambicioso Arreola sin ningún problema.

El primer round fue el clásico de estudio, ambos boxeadores mostraron respeto, midieron fuerzas, no se hicieron daño.

Wilder usaba muy bien la distancia, no se dejaba llegar a Arreola, quien traía bien ceñida la guardia. El campeón intentaba algunos ganchos, fallaba. El retador se iba encima como toro, pero el monarca salía por piernas, evitaba el choque franco. Al final del segundo rollo ‘The Bronze Bomber’ soltó un latigazo que abrió una herida en la ceja de su rival.

Poco a poco Deontay imponía sus condiciones, sus golpes llevaban fuego. A mitad del tercer asalto hizo cimbrar de pies a cabeza a ‘The Nightmare’, por momentos pareció que las piernas del mexicano-estadounidense se colapsaban, peor mantuvo la vertical y contestó la ofensiva.

Pocos recursos mostraba Arreola en el cuarto capítulo; poca defensa y un ataque bastante predecible, no sabía cómo acortar la distancia, no podía llevar la pelea a terreno corto.

El campeón tenía dinamita en los puños, cuando quiso se fue encima de su rival y lo tumbó, el retador se paró en malas condiciones, con la cara llena de sangre. Wilder se fue sobre la presa, la campana salvó al californiano.

Wilder era muy paciente, parecía un león que traía a su presa en las fauces y jugaba con ella. Cuanto atacaba era muy peligroso, movía toda la humanidad de Arreola, pero eran pocas las veces que el monarca se decidía a atacar. Estaba al tanto que en cualquier momento podía acabar con su rival.

La contienda se volvió monótona porque Deontay así lo quería; se batía en retirada, dejaba que Chris se le acercaba, luego se alejaba por piernas. El californiano iba para adelante, pero sin ideas claras. Se tambaleó al final del séptimo rollo y con ayuda de su esquina pudo sentarse en el banquillo.

El castigo era mucho e innecesario. Inteligentemente la esquina decidió parar la pelea al finalizar el octavo asalto.

Wilder sin pisar el acelerador a fondo consiguió una defensa más del cinturón completo del CMB. Arreola como siempre quedó a deber.

“Me rompí la mano. Pero eso hacen los campeones: pelear hasta el final”, dijo Wilder en la entrevista final.

 

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