Mérida.- El  campo de
los sueños de al menos tres generaciones de yucatecos se convirtió hoy en el
campo de los lamentos al recibir el parque Kukulcán el cuerpo del más que
querido, quizá el más venerado de quienes lo recorrieron e hicieron latir a mil
el corazón de quienes allá lo vieron ganarse el sustento y la vida durante 16
años, 10 de ellos como león de Yucatán.

Esa vida, concluida de manera trágica hace menos de 48 horas,
pasó por la mente de cerca de mil personas que vieron el cuerpo de su ídolo
llegar al centro del diamante del parque Kukulcán, donde Raymundo Torres Ruiz
se despidió de su pueblo adoptivo y que, seguramente, fue el que más lo quiso.

Ya no hubo mestizas con pavos en la mano o con panuchos o
pasteles, sí las hubo, algunas y “catrinas” también que fueron a despedirse del
hombre que les elevó el pulso cardiaco, sea por su apostura, o por su dinamitera
contribución a la causa de la segunda religión de nosotros los yucatecos: el
béisbol.

Bajo la guía espiritual del padre Lorenzo Mex, el eterno
capellán melenudo que dio la bendición a en ese campo a su segundo león de
Yucatán, tal como lo hizo el miércoles 31 de enero de 2008 con Gustavo Ricalde,
los asistentes, bajo una carpa, escucharon la misa y el recuerdo del eterno
ausente físicamente, pero cuyo número 18 observa desde el jardín central la
inmensidad del parque de “La Serpiente Emplumada”.

El sacerdote con sotana clara y que enfrente de sí tenía el
féretro, colocado en el campo con sus extremos hacia el home y el jardín central
que tanto resguardó Ray, hizo una evocación del sonorense ante la multitud
conformada por sus ex compañeros, familiares, amigos y personajes del béisbol,
entre ellos el gran Miguel Echeverría “Miguelito, el Rey de los Pastelitos”.

Poco antes, el féretro llegó en una carroza verde, idéntica
a la que llevó al mismo parque a Ricalde Durán, ¿acaso la misma?, y lo depositó
en el centro del diamante, donde sus ex compañeros como César Díaz, Norberto
Burke, Juan José Pacho y algunos otros, entre ellos uno que tuvo el poco tacto
de tomarle una foto con su celular y del que ni la pena vale mencionar su
nombre (por algo no está en el equipo), se unieron al duelo.

Tras el mensaje clerical, el ataúd con todo y la tapa
abierta fue llevado hasta el jardín central, donde decenas pasaron a
despedirse, entre llantos, porras, manifestaciones de dolor, acompañadas del
agradecimiento de su hijo, Ray jr. Que agradeció a nombre de la familia el
homenaje a su queridísimo e inolvidable padre.

Luego, el ataúd fue subido a la carroza que lo retiró, para
siempre, del parque por la misma puerta por la que salió el cuerpo del sr.
Ricalde Durán hace ya cerca de cinco años.

El cuerpo de Ray Torres es velado aún en la funeraria del
centro a la que llegó la mañana de ayer domingo para partir a su última morada,
el cementerio de Xoclán a partir de las 17:00 horas de hoy (quepd Ray Torres).

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