Indio.- El mexicalense Diego de La Hoya aplicó una guantiza a lo largo de seis rounds  a un valiente y excelentemente bien preparado yucateco Luis Ruiz Martín “Lizarraguita” al que no noqueó por su valentía, resistencia y porque Dios así lo dispuso.

Bajo la supervisión de su padre Luis Ruiz Lizarraga, quien no debió haberlo dejado salir para el cuarto asalto (y aún así lo dejó tres más), el joven estudiante de Ingeniería de la UADY le metió ganas, pero nunca pudo quitarse las manos de un mucho más veloz, de brazos y piernas De la Hoya que le mostró otro nivel de boxeo al originario de Mérida, Yucatán, quien se reveló como un guerrero que ni con el castigo más intenso y reiterado abandonó e incluso aceptó el intercambio hasta llegar al final de los 18 minutos de combate.
Antes, desde el inicio, De La Hoya marcó superioridad clara, pero no aún abrumadora sobre “Lizarraguita” sobre el que impuso su estilo y logró los mejores golpes, incluso uno que le aflojó las piernas al peninsular que con apuros logró terminar de pie la ronda inicial.
Para el segundo, un ataque del radicado en Indio, que agarró fuera de balance al rubio yucateco, le redituó una seguidilla de unos 10 golpes seguidos a su rostro, pero luego de recomponer la figura, “Lichito”, volvió a las acciones solo para recibir más candela.
Un golpe bajo posterior afectó el redimiento del chamaquito yucateco que siguió más por orgullo que por su convicción de ganar ante un rival que se había llevado todas las canicas del juego hasta entonces.
Ya para el cuarto, lo aconsejable era no dejar salir a “Lizarraguita” que no tenía oportunidad de ganar, ni por decisión y menos por nócaut, pero así lo fueron permitiendo en su esquina hasta que llegó a los seis asaltos, sin caer a la lona.
Con el resultado que si bien le deja el orgullo herido, pero con la dignidad por delante, “Lichito” se quedó con cinco éxitos, dos de ellos por la vía rápida, con tres reveses ya y un empate, mientras que de La Hoya llegó a siete victorias en siete pleitos y cinco “dormidos”.
Fue una muy mala noche para el blondo yucateco que sufrió mucho en los rounds cuarto y quinto, sobre todo en los que el réferi Jerry Cantú (de pésima memoria para el boxeo yucateco por haber destronado él y no Adrián Hernández a Gilberto Keb) debió haber detenido la pelea por el castigo que recibía y la improbabilidad de que tuviera una reacción que lo llevase a revertir el destino de las acciones.
“Lizarraguita” estaba en el ring, mas no competía y tiraba golpes para evitar más castigo, pero no para hacer daño. Eso no lo entendió ni su esquina, ni el tercero sobre la superficie que, por lo visto, aplica su criterio para detener pleitos según le venga en gana.

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