Tomado del Facebook del sr. Eduardo Lamazón.

Por Eduardo Lamazón

Otro que se baja del pedestal y repudia la privilegiada oferta que la vida le ha hecho para trascender su origen miserable al dotarlo de condiciones exuberantes para el boxeo.
El Chocolatito González hizo una diminuta presentación ante su gente en Managua, y ayudado por el réferi Onofre Ramírez ganó por KOT en 7 a Francisco Rodríguez. Gordo, indolente, exhibiendo una preparación que mejor hubiera sido esconder, sin voluntad, González no tenía resuelta la pelea cuando el buen Onofre, que quiso ser protagonista de la noche y lo logró (un pésimo protagonista) se interpuso en la acción para decir que por sus pistolas había ganado su compatriota. “El Chihuas” Rodríguez estaba tirando golpes en ese momento.
El Chocolatito Román González, queridos amigos, es un superdotado para hacer lo que hace, y cuando ustedes y yo vemos a esta gente que nació con posibilidades de ganar un millón de dólares en una noche, no podemos dejar de sentir cierta envidia al advertir que la mayoría tenemos que estudiar mucho más, trabajar mucho más, esforzarnos mucho más para obtener mucho menos. ¿Qué hace el Chocolate con el privilegio que le fue concedido? Tirarlo a la basura, cuando menos ayer.
Ayer nomás yo lo ponderaba sin límites, invitando a la gente distraída a que no se perdiera nuestra transmisión de TVAzteca, porque aunque “El Chihuas” Rodríguez no parecía amenazarlo demasiado, los del boxeo nunca dejamos de ver a un talentoso, ni siquiera cuando su aparición da pistas de que no tendrá una batalla atroz. 
Mala idea la mía. No escapará, sin embargo a la inteligencia de mis lectores el que yo ponderaba al Román González que peleó y derrotó a Yutaka Niida, a Francisco Rosas, a Katsunari Takayama, al que venció en combate espectacular al Gallo Estrada. Como no adivino, no podía saber que mis lisonjas serían mal pagadas con una actuación que rozó el desastre.
“El Chocolatito” marcaba una mínima ventaja cuando terminó la pelea, y es posible que por una serie de razones se acercara a una definición favorable, entre otras cosas porque había en él mayor fortaleza y peso, pero nadie puede estar seguro de eso, y además presuponer lo que podía pasar sería asaz injusto con el regiomontano Rodríguez que ya había tomado el segundo aire y nada indica que no podía tomar un tercero y un cuarto para llegar al final acordado haciéndole la vida pesada al local.

La explicación a lo sucedido, lo irrisorio de la entrega de González y lo encomiable y generoso del aporte de Chihuas a la pelea, es posible que no pase de algo muy visto y muy frecuente en el boxeo: el gran campeón que subestima al rival que le pusieron y piensa: “¿Ése qué me va a hacer, ni me merece, si soy tan grande?” Muchas veces el peor regalo que se le puede hacer a un peleador de ralea es una pelea fácil.

Volverá el Chocolatito, porque a los 26 años la vida no se acaba, y habrá aprendido algo anoche, si tiene algo funcionando en su cerebro. Pero deja dudas graves sobre su compromiso con la profesión y eso lo perseguirá durante un tiempo. El talento es poca cosa si no se acompaña con determinación acerada y conducta de campeón. Los Pacquiao, los Márquez, los Mayweather, los Cotto, esos que no fallan nunca, se preparan sin pensar en el tamaño del rival. El rival es la vida misma, con la que hay que permanecer alertas, porque cobra un tropiezo como si fuera un crimen.

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