Por Jorge Canto Alcocer, publicado en el Diario Por Esto.

En 1983, Joe Altobelli, manager de los Orioles de Baltimore, sorprendió al mundo del béisbol al presentar prácticamente a dos equipos diferenciados, según enfrentara a pitchers zurdos o derechos. Sin una alineación propiamente titular, Altobelli, ganó su división, el campeonato de la Liga Americana y finalmente la Serie Mundial. Los comentaristas de aquellos años lo tildaban de gran genio, y auguraban que su sistema sería imitado por otros estrategas, con lo que se iniciaría una nueva era para el Rey de los Deportes.
Desde épocas ancestrales se había observado que, generalmente, a los bateadores zurdos se les dificultaba más hacer buenos contactos frente a lanzadores del mismo brazo que frente a pitchers derechos. Ello llevó a la sentencia que reza “pitcher zurdo domina a bateador zurdo”, considerada un axioma indiscutible. Hace unos 30 años, en una época en la que nuestro deporte vivió cambios agudos, Altobelli llevó el paradigma hasta la obsesión, logrando el campeonato del mundo que hemos rememorado.
Pero … ¿qué ocurrió en los años posteriores con el radical sistema Altobelli? En 1984, sus Orioles descendieron hasta el quinto puesto de su división, jugando apenas sobre .500. Un año después, ante un nuevo fracaso, Altobelli fue botado ignominiosamente, y jamás volvió a dirigir en Grandes Ligas.
Justo en aquellos tiempos del efímero éxito de Altobelli, Marco Antonio Guzmán se convirtió en pelotero profesional. Muy probablemente fue de la generación de peloteros que vivió los efectos de la aplicación del sistema Altobelli en los clubes mexicanos. No sería raro que alguna de dichas experiencias hubiera resultado asombrosamente exitosa, y dejara en el entonces joven receptor una profunda huella. Aunque desechado en su manifestación más radical por la mayoría de los managers profesionales, al parecer Guzmán se ancló en aquel sistema y, ahora que dirige a nuestros Leones, lo aplica a rajatabla.
A la pregunta de que si el lanzador zurdo domina al bateador zurdo, el inmortal Ted Williams respondía: “depende de quiénes sean el pitcher y el bateador”. He allí el quid de la cuestión. Un buen pitcher tendrá siempre más oportunidad de dominar que un pitcher regular, y mucha más que un pitcher débil. Aunque es indudable que siempre termina predominando otro viejo axioma: con un madero en la mano, todos son peligrosos.
Leones tuvo una buena semana, victimando tanto a los poderosos Tigres como a los mediocres Olmecas, pero sigue siendo preocupante que el nuevo manager no defina una alineación titular, y muchísimo más preocupante el manejo que le da a su cuerpo de relevistas. En este sentido, el juego del domingo contra Tabasco fue emblemático: con la casa llena y un out, el zurdo Jorge Flores demostró tremendo temple e impecable control para ponchar al jardinero dominicano Nelson Pérez, pero fue sustituido por “estrategia” por el derecho Iván Zavala, ante quien el veterano Abraham Valencia descargó sonoro doblete que limpió las bases e inclinó el resultado de manera definitiva a favor de los tabasqueños.
La “estrategia” de zurdos y derechos, bien manejada es extraordinariamente útil, pero llevada a cabo acríticamente, por sistema, sin la menor reflexión, puede ocasionar catástrofes como la que narramos. Además, condiciona al bateo otros factores igualmente relevantes y significativos. Al caso, ahí está el botón de muestra de Jonathan del Campo, cuyo ineficiente fildeo en la antesala ha producido varias carreras contrarias que muy probablemente no hubieran timbrado ante la defensa de Miguel Torrero.
Fernando Valenzuela es otro ejemplo de la inoperancia del sistemita. Desde que llegó Guzmán ha sido sentado frente a pitchers zurdos, pese a que frente a los lanzadores de brazo equivocado, el hijo del “Toro” Valenzuela le pega a la bola para .385 ¡casi cien puntos más que el porcentaje que compila frente a pitchers derechos!
En todo caso, cualquier estrategia tendrá mayores posibilidades de éxito en la medida en la que se aplique con inteligencia y en consideración del contexto y, sobre todo, en la medida en la que pueda resultar sorpresiva, es decir, de un modo totalmente diferente al actuar de Marco Antonio Guzmán.
Bienvenidos los éxitos de esta semana, pero no valen para echar las campanas al vuelo. Antes de llorar por los fracasos y los posibles nuevos despidos, corregir el rumbo y retornar al béisbol de inteligencia e imaginación es una prioridad.

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