El Boxeo y el Cine

Jorge Cortés Ancona despliega en un muy completo, anecdótico y gran trabajo, el añejo vínculo entre el celuloide y el boxeo y el porqué la más elemental de las actividades del hombre ha sido tan socorrida por el séptimo arte

Por Jorge Cortés Ancona, publicado en el Diario Por Esto

Mérida.- De todas las disciplinas deportivas, el boxeo es la que más se ha prestado a la épica y al drama que procura la condición comercial del cine, por lo cual en muchos países y diversos idiomas se han realizado decenas y decenas de películas acerca del tema, más que el futbol y mucho más que cualquier otro deporte.
Una explicación sobre estas potencialidades cinematográficas proviene del cineasta argentino Edmund Valladares: “El boxeo tiene además dramaticidad. Emociona al espectador de una forma que no se da en ningún otro tipo de espectáculo. No hay nada más excitante. Y además el boxeo encarna, como muchas veces ha mostrado el cine, nuestros deseos, nuestras epopeyas. En el boxeo se hace todo muy rápido. Cuando triunfa es elíptico. Cuando cae también. Esa sincronización del triunfo y la caída es el mejor drama que puede caber en cualquier guión cinematográfico”.
Varias películas han dado visiones de distinta intensidad y verosimilitud acerca del boxeo, en varios casos dentro de contextos de la más diversa índole, y entre ellas podemos mencionar Campeón sin corona, de Alejandro Galindo; Mi campeón, de Chano Urueta; Pepe el Toro, de Ismael Rodríguez; El beso del asesino, de Stanley Kubrick; Rocco y sus hermanos, de Luchino Visconti; Rocky, de John G. Avildsen (y la larga secuencia de cinco películas más, incluyendo la inverosímil Rocky Balboa); El toro salvaje, de Martin Scorsese; Cinderella Man, de Ron Howard; El huracán, de Norman Jewison; El boxeador, de Jim Sheridan; Million Dollar Baby, de Clint Eastwood, y El peleador, de David O. Russell. Incluso ha habido versiones cómicas como las protagonizadas por Charles Chaplin, Laurel y Hardy y Harold Lloyd.
Dentro de una idea de “metacinematografía”, que es decir de cine con referencias al propio cine, en este caso con voluntad de juego, se encuentra Ajuste de cuentas, de Peter Segal, comedia donde Sylvester Stallone y Robert de Niro evocan a sus personajes de Rocky y Jack LaMotta respectivamente, en un reencuentro con combates de vejez boxística.
Es de considerar a los boxeadores como actores de cine, entre los que figuran los casos de Mohammed Ali actuando como él mismo en The Greatest, que es la historia de su vida hasta los años 70 (y donde también aparece Bundini, uno de sus famosos ayudantes); de Carlos Monzón, que actuó en un sola película, La Mary, 1974, última película del realizador francés, Daniel Tinayre; de José Ángel “Mantequilla” Nápoles, en Santo y Mantequilla en la venganza de La Llorona; de Octavio “Famoso” Gómez, como chofer de taxi en Leyenda de una Máscara.
Asimismo, las actuaciones de José Legrá y otros boxeadores españoles en Cuadrilátero, de Eloy de la Iglesia. Luis Romero como preparador técnico del protagonista, en Young Sánchez, de Mario Camus. Curtis Cokes en Fat City, adaptación de la novela del mismo nombre, dirigida por John Huston, donde aun cuando se trata de una película sobre boxeo, no representa el papel de boxeador.
El tema del boxeo conduce a historias reales o ficticias que duplican su condición de espectáculo: lo es como deporte, pero su práctica, institucionalidad y contexto social y emotivo también son temas a desarrollar por otros medios artísticos.

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