(Crédito de imágenes: Archivo propio, familia Orozco-Herrera y diarios Novedades y Yucatán)

Por Juan Carlos Gutiérrez Castillo

Ciudad de México, 1995.

¡¡¡Riiinggg!!!!…”señora Queta Popoca, llaman desde Mérida, es un reportero que busca a “los yucas”….no, a “Guty” no, al otro, a Orozco”, escuchó el periodista del otro lado de la línea al llamar a la casa de asistencia en la que los dos más prometedores púgiles de Yucatán vivían durante el tiempo en que fueron dirigidos por Ignacio Beristáin.

“Nooo está, ya se fue en la madrugada a Las Vegas”, fue la respuesta que el reportero oyó como eco desde una habitación lejana de ese edificio, confirmando que Enrique “Maestrito” Orozco sí participaría en la magna función del 16 de septiembre de 1995 protagonizada por Julio César Chávez y el keniata David Kamau.

Orozco, boxeador que para entonces ya había iniciado el declive de su carrera, por cuestiones emocionales, más que de capacidad, venció sin problemas en el Mirage Hotel el sábado próximo a Armando “Susuki Díaz.

Afectado por problemas personales y por un espantoso nócaut que sufrió un año antes, para perder su invicto, por quien parecía una víctima segura y propicia, el sinaloense Raúl Ríos, el “Maestrito” todavía peleó dos años, pero su camino si bien no fue hacia abajo, en caída libre, sí no fue el mismo de sus inicios en 1989, en el que despegó como cohete con trayectoria definida hacia el infinito…y más allá.

Pero al cohete se le acabó el combustible en el tanque del alma y así, el boxeo dejó de ser importante, el motor de la vida del boxeador que estaba destinado a ser el mejor de su época y a equipararse con Miguel Canto, Guty Espadas…y con su tío, Juan Herrera, todos ellos, campeones mundiales de peso mosca, misma división que era la suya.

“El sensacional chamaco de Mérida, Yucatán”, así lo anunciaba Don Jorge “Sony” Alarcón Rubio, el mejor cronista televisivo de boxeo que haya existido, al menos en castellano, junto con su mancuerna Don Antonio Andere Daher.

ME VA A HACER RICO

“Este chingado flaco me va a hacer rico”, comentaba entre risotadas en la arena, su para entonces aún representante (dejó de serlo en 1994), Eric Germon González (quepd), a quien el apoderado de Orozco, Don William Abraham Dáguer (quepd) le encargaba la supervisión de la carrera del pequeño dinamitero.

“En este momento, me parece que no hay mejores prospectos en México que César Bazán y nuestro paisano Enrique Orozco, lástima, me gustaría tenerlo, para hacerlo campeón del mundo; creo que después de la “Chiquita” González y Ricardo López, él sigue como estrella de las divisiones chicas”, comentó en diciembre de 1993 el agente boxístico Rafael Mendoza Realpozo a este reportero en la inauguración de la convención de ese año del CMB en el Hotel Sahara de Las Vegas.

Finalmente, Bazán si fue campeón del mundo en la división ligera…y Orozco se quedó en el camino.

Daniel Enrique “Maestrito” Orozco, de quien ayer se cumplió el primer año de su muerte, no fue, finalmente, el mejor boxeador de su época, ni en su peso, ni en su terruño.

GUTY JR. SÍ

Fue superado por su amigo y compañero de aventuras pugilísticas, Gustavo “Guty” Espadas jr., quien poco menos de cinco años después se convirtió en campeón del mundo y en el primer hijo de un monarca del orbe en imitarlo como tal.

Para el boxeo yucateco, Orozco será un especie de Ricardo “Pajarito” Moreno, el boxeador que tenía todo y que hasta le sobraba, pero que no llegó y no porque no quiso, como por ejemplo Róger Arévalo, no porque no tenía la capacidad, sino porque la fortaleza mental que tuvo para el boxeo y para ser disciplinado (en sus inicios) como no recuerdo a otro, le faltó para afrontar los problemas de la vida.

Tras ir invicto (27-0-1 con 26 triunfos antes del límite) Orozco subió como inmenso favorito para vencer a Raúl Ríos, quien venía de ser apaleado meses atrás en el mismo Polifórum Zamná por Javier “Candelita” Várguez.

Se esperaba un rápido nócaut y sí, lo hubo, pero fue del lado contrario.

Orozco, confiado, fue sorprendido por Ríos, que lo mandó “muerto” a la lona en el primer round, de donde se levantó con ayuda de un conteo largo y un criterio equívoco que lo mandó a seguir peleando, a pesar de que Ríos le pedía al réferi que no lo dejara seguir.

Finalmente, el caballeroso Ríos no se ensañó y con algunos golpes a las zonas blandas y una combinación rápida, pero no al 100 por ciento a la cabeza, lo dejó, ahora sí, tendido en el tapiz, para la primera derrota de su vida, tanto en amateur, como en profesional.

LLANTO INCESANTE

Nunca vi y jamás he vuelto a ver a un boxeador que llore de una manera tan impresionante al probar por vez primera el sabor de la derrota; ni siquiera el ahora campeón mundial Miguel Berchelt.

Ni su propia madre, esa señora tan madre y tan maravillosa que fue doña Teresa Herrera Marrufo, quien era su confidente y me parece, su mejor amiga, pudo, detener el ataque de nervios en que ese llanto se convirtió y con el que empapó el pelo rizado de la autora de sus días.

Allá, en su primera derrota, Orozco comenzó su declive, aquejado por problemas personales que hicieron ebullición en esa noche y su falta de fortaleza anímica y mental para remontar esos obstáculos, a diferencia de Berchelt, que tras perder el invicto, también en el primer round, supo reorganizarse, salir avante y llegar a la meta.

Finalmente, tras perder de manera estrepitosa en San Benito, Texas, una pelea que jamás debió haber aceptado, en peso pluma,  Ante Adán Vargas, a quien tuvo dos veces en la lona, Orozco se marchó del boxeo en 1997, a seguir su vida.

 

Se casó, tuvo una familia, esposa y un hijo, un hijo que a los 15 años de edad lo hizo abuelo y que a esa misma edad, pocos meses después le dio el nócaut más espantoso que se dice un ser humano puede sufrir: Morir antes de sus padres.

“El Maestrito”, hombre bueno, pero con muchos demonios internos, que no pudo resolver, fue ayudado en su época postboxeador por no pocas personas, entre ellas José Rivero Salazar, pero principalmente por Luis Rejón Castillo, quienes le organizaron una pelea de despedida en 2012, ya en la frontera de los 40 años, la cual ganó con no pocos apuros a Wilberth Collí,

Finalmente, no pudo con el golpe de la muerte de su pequeño hizo y, eso nos parece, le hizo inmunodeprimirse, dándole paso a una terrible enfermedad como la Leucemia, que ya parecía haber superado, pero cuyas secuelas cobraron su existencia la noche del miércoles 18 de octubre de 2017 en el Hospital Regional de Alta Especialidad de esta ciudad, muriendo a los 43 años.

De toda su familia, integrada por sus padres Enrique Orozco Padilla, Teresa Herrera Marrufo, él y su hermana Leticia, la única sobreviviente es esta última.

Un año después, seguimos lamentando que no haya llegado boxísticamente a donde tenía todo para llegar, pero sobre su muerte que no tendría por qué haberse dado y que fue acelerada por los pesares que socavaron su alma y su espíritu. Que Siga Descansando en Paz.

DATOS SOBRE ENRIQUE OROZCO:

1.- Fue miembro de una familia de boxeadores de alta escuela. Su tío Juan fue campeón amateur, campeón estatal y campeón mundial. Su tío Daniel, fue representante internacional amateur e incluso participó en una Espartaquiada en la entonces Unión Soviética y en torneos en otros países. Peleó como profesional y tras tener una buena carrera debió retirarse por problemas con los riñones.

Un hermano de su padre, en la década de los 60, boxeó. Sólo sabemos que llevó por nombre el “Gordito” Orozco.

2.- Fue, quizás, el primer “cachirul al revés” en la historia de México, al participar, presentando la Asociación de Boxeo Amateur de Yucatán (ABAY), presidida entonces por José Campos Santana, un acta de nacimiento falsa que acreditaba a Orozco como persona con 16 años de edad, cuando tenía 14.

Finalmente, contra toda la lógica, ganó el campeonato nacional en Michoacán en 1989, venciendo a José Vicenteño, quien tres años después, participó en los Juegos Olímpicos de Barcelona.

3.- Lo distinguía su pegada, que era, en verdad impresionante, al grado de que al menos cinco de sus rivales perdieron la conciencia sobre la tarima y unos 20 más, si bien no quedaron privados, si se quedaron tendidos en la lona o sentados en su banquillo. (tuvo 28 nócauts).

4.- “Estrenó”, como arena de boxeo, la Plaza de Toros de Cancún en agosto de 1990 en la pelea en la que recibió su primera buena paga y que fue la primera contienda del programa presentado ese día por un “promotor cometa” llamado Carlos Garza Rico, quien, sin saberlo, hizo historia al ser el primero en presentar boxeo en el coso de la Avenida Bonampak.

Fueron mil 500 dólares en su novena pelea en agosto de 1990, contra el capitalino Ricardo Flores, con quien peleó a seis rounds en Cancún a donde fue llevado como víctima del capitalino, sparring de Humberto “Chiquita” González y al que dejó sentado en su banquillo en el round cinco, luego de darle una paliza y ser un fantasma al que el del altiplano no pudo golpear.

Al término del combate, los manejadores Paco y Justo “Manzana” Sánchez se acercaron a su colega y antagonista yucateco, Román Acosta (los tres eran muy buenos amigos), para preguntarle de dónde había sacado a ese prodigio.

5- La pelea estrella de esa noche fue Humberto “Chiquita” González contra Jorge “Estudiante” Rivera, por el campeonato mundial minimosca del CMB.

6.- Una de las motivaciones, quizás la principal de Orozco, para ser boxeador no fue su tió Juan, sino Sylvester Stallone, o mejor dicho, su personaje “Rocky”.

7.- Su sueño, era conocerlo y quiso Dios que así fuera. Sucedió la noche del sábado 22 de octubre de 1994 en el Pavillion, la mítica arena del Caesar´s Palace Hotel de Las Vegas, que albergó, entre otros, el pleito Salvador Sánchez vs. Wilfredo Gómez.

8.- Tras bajar del ring perdiendo en el último round de la pelea en la que debutó en Estados Unidos contra Mark Johnson (el mejor peso mosca en los 30 últimos años), con la boca rota y una herida interna en ella, de la que manaba abundante sangre, un grito venido desde las primeras filas de la arena llegó a sus oidos: “Orroozzcoou”.

Y así fue que la voz que ahora conocemos como “Te hace falta ver más baxx”, lo llamó justo cuando bajaba de la tarima e iba al tráiler habilitado como vestidor, haciéndole el pulgar arriba y sonriéndole. Como dijo después a un aficionado mexicano que lo felicitó y le señaló el saludo de su ídolo al salir del baño tras orinar sangre: “Valió la pena, pese a la putiza que me acaban de dar (y creemos que le satisfizo más que los alrededor de cinco mil dólares que ganó por esa pelea).

La de Johnson fue una pelea durísima, pero no sólo para el yucateco, sino para el estadounidense que antes de bajar del ring y luego de la felicitación a ambos y especialmente a Orozco (quien llegó como víctima fácil) de parte del anunciador Jimmy Lennon, le puso su cinturón pentacontinental que estuvo en juego en esa pelea reconociendo la valía de su oponente.

9.- Al encontrarse ambos en el tráiler-vestidor del estadounidense, Orozco lo vio tendido en la alfombra forrado con bolsas de hielo alrededor del torso, desde la cintura, hasta el pecho. El padre y manejador del “Too Sharp” (muy certero) como Johnson era conocido, Ham Johnson, abrazó al “Maestrito” y jaló de un hombro a su manejador Román Acosta a quienes les confesó:

“Has sido el boxeador no más difícil, pero sí el que más duro le ha pegado a mi hijo; no se dieron ustedes cuenta, pero desde el tercer round le diste un golpe que lo dejó ciego de un ojo, no dejamos que se dieran cuenta y tuvimos que ser serenos, y esforzarnos para evitar otro golpe así que nos hubiera obligado a abandonar”, admitió antes de la despedida.

Minutos después, en el lobby del hotel San Remo (hoy dia Hooters), el concesionario para boxeo de la empresa del Forum de Los Ángeles y promotora de la velada de esa noche en Las Vegas, John Jackson, le dijo al yucateco: “tienes calidad, no aún la suficiente para Johnson y por eso aceptamos la pelea, porque aún vienes en ascenso, pero te sobran agallas muchacho, sigue así, no te desanimes y vas a llegar lejos”. 

10.- En esa misma noche, el árbitro fue el insigne filipino Carlos Padilla, sí, el mismo que trabajo en Alí-Frazier y Durán-Leonard, entre otros grandes pleitos y en el vestidor, minutos antes del inicio de la función no hallaba como darles las recomendaciones y regla de rigor. Tuve que entrar “al quite” como su traductor.

11.- Allá mismo, en Las Vegas, un año antes, su apoderado, el sr. Abraham Dáguer le hizo una oferta al promotor japonés, Masaki “Mack” Kanehira, para que su representado, el ruso-japonés, Yuri Arbachakov defendiera la corona mundial mosca del CMB ante Orozco, pero el controvertido empresario asiático le dijo no de la manera mas burda que hay en el boxeo: “Price is 500 000 dollars” (El precio es de 500 mil dólares), que es una forma de decir no quiero la pelea, por valer al menos cinco veces más del precio real.

12.- En 2012, en un buen detalle, su jefe y amigo, Luis Rejón Castillo, con apoyo de José Rivero Salazar, le promovió una pelea de despedida ante Willie Collí, a seis rounds. Orozco, ya en la frontera de los seis años y peleando en peso ligero, ganó a un algo complaciente Collí, por decisión en seis rounds en el Polifuncional Francisco Villa de Kanasín.

PERFIL BOXÍSTICO

PROS:

1.- Fue un boxeador de gran, enorme pegada, solamente imitada en la península después de él, por Miguel Berchelt (ambos capaces de noquear con un solo golpe y con cualquier mano).

2.- De nacimiento trajo algo que caracteriza a los grandes: intuición, para anticiparse a lo que iba a ocurrir y para defenderse, atacar o resolver una pelea ganándole el pensamiento a su rival.

3.- Tenía buena estatura (superaba por poco el 1.60) y contaba con buen alcance de brazos.

4.- Era de cuerpo y piernas delgadas, lo que lo ayudaba a desplazarse rápida, pero sobre todo oportunamente.

5.- Era treméndamente veloz, de gran desplazamiento de piernas, y también con las manos.

6.- Fue dueño de una gran técnica y el último yucateco que boxeó usando las cuerdas, a la manera en la que Miguel Canto lo hacía.

7.- En sus inicios y sus primeras 20 o 22 peleas, fue sumamente disciplinado. No recuerdo haber visto hasta ahora un boxeador tan profesional en ese sentido. Llegó a correr en la pista de la Prepa 1 de Mérida, los 10 kilómetros en 34 minutos y fracción.

8.- Era bravo, “macho”, valiente, decidido, aunque no tenía un instinto asesino. Quizás su fuera de serie pegada le impidió desarrollar ese sentido.

CONTRAS:

1.- Su más grande handicap fue su fragilidad. No tenía que recibir un cañonazo para irse a la lona, como le sucedió más de una vez en sus inicios, o resultar noqueado como le pasó al final de su carrera.

2.- Su indisciplina, al comenzar a subir sus bonos. No controlaba su ansia de comer y se confiaba mucho en bajar al peso mosca en los últimos días previos a sus peleas. Eso, muy probablemente, incidió en su pelea con Ríos, al casi no comer en las 48 o 72 últimas horas previas a su cita con la báscula.

3.- Falta de fortaleza. si bien pegaba durísimo, Orozco no era un boxeador de estamina infinita; su cuerpo no lograba generar una condición de cavernícola y eso incidía en su fragilidad. A diferencia de Berchelt, pegaba, pero no era un coloso de fortaleza como el campeón mundial súperpluma del CMB.

4.- Su carácter y su “corazón de pollo”, que le ocasionaron conflictos personales muy serios y caer en el alcoholismo, lo que le afectó incluso siendo boxeador activo.

Confiado, admitió que entregó en manos de un abogado de aquellos que uno no quisiera encontrarse, un caso de despido injustificado que le afectó mucho y que aunque el asunto iba bien para él, se enteró posteriormente que el “leguleyo” hizo “ko´ox virar” hacia la otra parte. Ese sujeto era, por cierto, hijo de un ex comisionado boxístico.

 

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