Por Jorge Canto Alcocer.

Publicado en el Diario Por Esto.

Mérida.- En la intrascendencia, se acerca el final de la “temporada falsa”

Dicen que el nombre del juego es pitcheo, pero… ¿Cómo tomar el hecho de que el equipo campeón de la Liga saca para la calle a media nómina de lanzadores, reemplazándolos con otros tantos?. ¿Y dónde acabó la identidad?.

Otro adagio beisbolero señala que el equipo campeón debe conservarse intacto, pero con el terrible invento de la “temporada falsa”, aunado al muy extraño y repetido “jueguito” ese de la nacionalización de peloteros, que finalmente dejó fuera del roster al admiradísimo “Cacao”, los Leones campeones fueron desmantelados y rehechos hasta en dos ocasiones durante estas semanas en las que, la verdad, el interés popular ha venido cada vez a menos.

Veamos los cambios de la semana, para ver si le encontramos la cuadratura al círculo. Se fueron tres abridores: los refuerzos Carlos Zambrano y Ariel Peña, así como el nacional Jonathan Castellanos; llegaron a cambio el venezolano Robert Zárate y los mexicanos Jorge Reyes y Arnold León.

De los desempacados destaca Reyes, que fue campeón de efectividad en la primera mini-temporada, pero que ha estado por la calle de la amargura en la segunda. ¿Balance? Indudablemente negativo… En el renglón del relevo, llegaron el venezolano Arcenio León y el joven nacional David Gutiérrez, y salieron Mario Meza y Jesús Barraza, que habían sido puntales del relevo intermedio.

León fue el relevista del año en 2016, lo que le valió tomar su tacita de café con los Tigres de Detroit el año pasado –le reventaron los tímpanos en ese béisbol con un escandaloso 12.15 de carreras limpias en seis relevos-, pero retornó este 2018 con los Guerreros de Oaxaca, quienes le dieron las gracias por bajo rendimiento. ¿Balance? Más que negativo…

También a la ofensiva hubo cambios, y tampoco fueron halagüeños. Se fue Rubén Sosa, quien en los juegos de playoffs dio un aporte importantísimo y que le pegaba con sabor en esta segunda temporada (.341, con 18 anotadas y 4 robos en 23 juegos) y llegaron Matt Clark (doble nacionalidad) y el experimentado receptor Jonathan Aceves.

Clark, quien defiende con la nuestra su cuarta franela del año –pésimo antecedente-, ya demostró que le encanta el chocolate y no ha dado una desde su incorporación; Aceves, quien no había jugado esta segunda temporada, viene como tercer cátcher. Nuevamente salimos perdiendo con los movimientos.

El otro cambio, que ya lo veíamos venir, fue el del “Cacao” Valdez. Después de muchas mentiras y falsedades, por fin la directiva se dignó a decir lo que seguramente fue verdad desde el principio: el dominicano causó baja ya que no se consiguió su nacionalización.

Ese cuento, como hemos dicho ya en varias ocasiones, lo desempolvan cuando no quieren poner en el campo a alguien. Queda claro que la relación directiva-“Cacao” es mala, y que no tiene nada que ver su desempeño, como se quiso hacer creer el año pasado. Ahora sí que, sin maldiciones de por medio, creemos que la mejor decisión es un buen cambio para el pundonoroso quisqueyano.

Con todo y la locura de los cambios, los Leones tuvieron una buena semana, pues todos los equipos andan en la desmantelada.

Los Bravos, que estaban en la cima, tuvieron una semana de gatos negros, y cayeron hasta el cuarto peldaño, en tanto que ahora el liderazgo lo tienen los Pericos, con microscópica ventaja sobre los nuestros, con los luciferes en tercera posición.

Si la temporada hubiese terminado ayer, los filibusteros campechanos disputarían con los guanajuatenses el comodín, mientras los selváticos enfrentarían a los pingos. De cualquier manera, el interés sigue muy bajo a pesar de que sólo quedan cinco series por concluir la segunda campaña.

Esta semana vienen al Kukulcán precisamente los corsarios del vecino estado, para que luego los nuestros viajen a las tierras de Andrés Manuel, quien por cierto hizo en la semana importantes comentarios sobre nuestro deporte, que por supuesto motivaron los ladridos de “ya saben quiénes”.

Es claro que les duele a los “futboleros”, pero más claro es que nuevos y mejores tiempos vendrán para la pelota caliente. ¡Al tiempo!

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