Antes de la pelea las opiniones eran cautelosas sobre lo que podía hacer el Gallo Estrada contra Brian Viloria. Algunos creían que había ido a la guerra sin fusil. Venía de perder dos divisiones abajo, por lo que la misión en Macao se antojaba imposible. ¡Para colmo Viloria!, que había derrotado a 22 mexicanos. “¡Yo mejor ni la voy a ver, no soy masoquista!”, me dijo un amigo el viernes.

Nunca hay que descartar a un boxeador que vale y que no ha tocado techo. Nos lo ha enseñado la experiencia ya muchas veces. En este caso uno que estaba abajo (Estrada) iba subiendo y otro que estaba arriba (Viloria) venía bajando. Era inevitable que se encontraran e invirtieran posiciones, pero antes de la pelea no lo sabíamos. Yo no lo dije ni sé que lo haya dicho nadie. Al contrario, puse valladares para contener la ilusión de los muy optimistas. En una entrevista que me hizo Sergio Favela para TVAzteca Sonora el día antes del combate le dije: “Esperemos con calma, el nuestro no es favorito”. Una porción pequeña de aficionados arriesgaban su apoyo en las redes sociales: “¡vamos Gallito que sí se puede!” o “¡con el poder de los sonorenses!” o “¡échale ganas, Gallo, y muéstrale de qué estás hecho!”. Lo de siempre. Expresiones de deseos sin sustento en convicciones sólidas. ¡Quién iba a sospechar que Estrada podía hacer tanto si no lo había hecho nunca! Esta fue su mejor pelea, su mejor noche y -hasta hoy–la culminación de lo que ha logrado como boxeador.

Hay días en que las cosas salen de maravillas para un peleador. O porque es su gran noche, o porque dio una entrega adicional de la que no lo sabíamos capaz, o porque sigue creciendo como combatiente, y sorprende a todos. Fue con justeza lo que pasó el sábado al Gallo Estrada, un día que no va a olvidar sin importar qué otras cosas pueda hacer como campeón. No era favorito y ganó, lo hizo en territorio enemigo, sumó un título al historial del boxeo mexicano y se coronó campeón del mundo. Además, lo construyó golpe a golpe, sin la ayuda de nada accidental y aplastando cualquier intento de robo en las tarjetas porque la amplitud del triunfo no dejó dudas ni siquiera a los dela Asociación Internacionalde Ciegos que es la institución que envía los jueces a la mayoría de las peleas de campeonato mundial.

¿Por qué entonces un Estrada tan eficiente perdió con el Chocolatito González en noviembre?

En primer lugar, porque lo afectó el peso. Él es mosca, y bajó a peso paja con demasiado sacrificio. En segundo lugar, el nicaragüense González (estoy seguro que ustedes se han dado cuenta) es un peleador fuera de serie. No sé si mejor que Viloria, pero es posible que sí. Sobre todo que este Viloria del sábado, opaco y disfuncional con relación al otro, al de siempre, al que conocíamos.

Difícil decir que Viloria no peleó bien sin que parezca que estoy quitando méritos al trabajo del Gallo Estrada. Las cosas tienen matices, y fue muy observable que Estrada se paró delante del hawaiano con un brinco perpetuo de piernas en movimiento, con resortes en las extremidades inferiores, con bríos y con empuje. Viloria sufría apoyado y quieto sobre las plantas de sus pies. No fue el Viloria de noches más felices para él, el que peleó contra Tyson Márquez, contra el Pingo Miranda o contra Giovani Segura. No le quito nada a lo que hizo el sonorense, un despliegue deslumbrante de ganas, de actitud y el usar como un cirujano las herramientas que se necesitan para trabajar. La coordinación, bien; el ritmo, bien; la capacidad de respuesta, bien; y en los momentos de fricción, cuando hay que entrarle a los catorrazos, irreprochable. Le ganaba a Viloria en número de golpes intercambiados y en oportunidad. La derecha del ahora ex campeón, su mejor arma, se fue haciendo ridícula, cada vez más triste y previsible. Todo Viloria -su derecha también–sobre el final de la pelea, provocaban un poco de pena.

Dio, el Gallo Estrada, lo que podía y lo que no podía. Lo quiero subrayar porque es ahí donde deben tomar ejemplo, si son capaces, varios que andan en el sendero del boxeo y no entienden por qué no les va del todo bien. Hay que entrenar veinticuatro horas por día, porque un campeón se prepara hasta cuando descansa. Llegó en tan perfectas condiciones el sonorense que cuando un boxeador está así de afinado se nota desde que arma la guardia. Todo es actitud y ganas, quiere que lo suelten, quiere que ya suene la campana para ir a hacer lo que tiene que hacer. Después de entrado en gastos, exudaba confianza. Transmitía esa sensación gloriosa que nos hace decir que ya se le calentó la mandíbula y que es improbable que nada lo sorprenda.

Bien por el Gallo. Tan bien como los grandes en sus mejores noches, cuando sorprendieron y se registraron entre los que querían llegar lejos. Dentro de pocos días, el 14 de abril, cumplirá 23 años, lo que indica que le sobra tiempo para hacer realidad todo lo que hoy es capaz de soñar.

Es el campeón mundial mexicano número 15 en peso mosca, y el campeón mundial mexicano número 139 de todos los tiempos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here