México.- Ahora sí peleó como un consagrado, queriendo y pudiendo, austero, económico, rendidor, diferente. Algo en él cambió. El Bad Boy Rosas dominó al Bambino García y lo noqueó en el tercer round de la pelea celebrada en Tijuana. Ni siquiera había arrancado el combate y sus ojos prometían tempestades, ansias de desquite, actitud vindicante. Su mirada dejaba ver al buen observador que por él hablaría el carácter, estaba listo para una guerra, o dos. Un boxeador en buenas condiciones transmite seguridad sin que tenga que decir nada.

La pelea fue breve y buena. Alcanza para el optimismo cuando Daniel Rosas se acerca a disputar el campeonato mundial al argentino Omar Narvaes. Ha hecho una carrera corta y altamente beligerante. Lleva dieciséis, pero registraba sólo nueve apariciones cuando dio aquella batalla inolvidable con Felipe Orucuta en la final de Campeón Azteca. En otras palabras, hace mucho tiempo sabemos que este joven es de raza y todo terreno, y en el rigor se desenvuelve tan bien como el mejor.

Después de la pelea conté uno, dos, tres mensajes en twitter gritando que le ponemos (como si fuéramos los narradores los que armamos las peleas) ‘puros bultos’ al Bad Boy. Quiero creer que se trata de algunos televidentes despistados y no de mala leche. Si ese es el caso, que creen con sinceridad que el Bad es un sobreprotegido, puedo señalarles que ni Juan Carlos Sánchez (actual campeón del mundo), ni el Gallo Orucuta, ni Federico Catubay, ni Fernando Vargas, ni Enrique Bernache fueron rivales que se parecieran a bultos del boxeo. A todos ellos les ganó el Bad.

En una pelea inmediata anterior a la primera disputa de un título mundial Julio César Chávez enfrentó a Delfino Mendoza, un eterno perdedor que después de ese día nunca volvió a subir a un ring. Una antes de disputar su primer título Manny Pacquiao noqueó en un round a un japonés llamado Shin Terao, de cortísimo récord, que jamás volvió a ganar una pelea. Lo escribo para soportar la intención de educar al público cuando desconoce cómo se lleva una carrera de boxeador, no para justificar al Bambino García que peleó el sábado con Rosas, porque no lo necesita. García era un rival mediano-alto que satisfizo con mucho las expectativas en la pelea. Rosas lo pasó por arriba en una estupenda actuación, no porque a él le faltara calidad.

Bad Boy Rosas es un peleador fácil y es un hombre difícil. El boxeo se le da como cosa natural, pero la disciplina le cuesta tanto que no puede llevarla bajo control. Este Rosas que le ganó a García debe imponerse a Omar Narvaes, pero el que hace un año empató con José Cabrera (no merecía el empate, había perdido, en una no-actuación catastrófica), no. Jorge Barrera, que lo entrena con paciencia admirable, tendrá que trabajar más en su espíritu que en sus músculos, más en su actitud que en la mecánica de combate, para hacerle comprender que hay un tiempo para edificar el destino, y ese tiempo para él es aquí y ahora.

La buena vida es seductora, casi irresistible, a menos que en lugar de carne y hueso estemos hechos de algún extraño material inmune a los placeres. George Best, elplayboydel futbol, sobre quien leo que se está cumpliendo otro aniversario de su muerte, dijo alguna vez: “Gasté mi fortuna en mujeres, alcohol y coches de lujo, pero el resto lo desperdicié”. Esta frase a muy pocos provoca repulsión, arranca en cambio sonrisas porque se trata de un deseo universal inalcanzable. Es buena la vida buena, pero cobra un alto precio y el Bad está empezando a andar, como para pensar en ciertos excesos.

Debe quedar claro que no estoy trazando un paralelo entre Best y el Bad Boy, porque no tengo datos precisos de dónde se esconde nuestro boxeador cuando pierde el amor por el gimnasio. Estoy enunciando, eso sí, la fractura que hay entre las dos conductas de los boxeadores que eligen ser rigurosos con sus cuidados, y los indolentes. La alta competencia y el éxito son de los atildados, ascéticos, Miguel Cotto, Manny Pacquiao, Maravilla Martínez. Otros muchos prefierenla vida loca y no tardan en desbarrancarse. En el elegir el rumbo está el prosperar.

Mejor que despierte el Bad Boy, a una conciencia vencedora. Una sana ambición debe hacerlo sembrar un ejemplo de fervorosa pasión para hacer lo que sabe hacer. Que 2013 sea su año mejor. Todo el talento es estéril cuando se mira a la alcantarilla en vez de mirar a las estrellas.

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