Mérida.- Península Deportiva trae a la mente de la afición boxística de cualquier latitud la última defensa del campeonato mundial mosca que el más grande deportista yucateco logró hace ya 40 años como hoy.

El 10 de febrero de 1979, Miguel Ángel Canto Solís subió y bajó del ring del parque de béisbol Carta Clara por última vez como monarca del orbe. Fue su última defensa, la 14.

Todavía expondría la faja negra y plateada (esos eran sus colores en esa época) una vez más en las próximas semanas, pero no logró completar la defensa 15.

De clasico pantaloncillo blanco, con vivos en negro y las iniciales M.C. en una tipografía parecida al estilo gótico, Canto superaba una vez más su récord de defensas impuesto dos calendarios atrás, cuando venció por seguna vez, y en su casa, al chileno Matín Vargas en su décima exposición.

Enfrente tuvo a un ascendente, impetuoso retador jalisciense, Antonio Avelar, único mexicano con el que expuso su título y a quien venció sin asomo de duda, pero evidenciando ya un declive, más que boxístico, fisico.

Tenía ya 31 años en una división en la que los años cuentan más que en casi todas; venía de una durísima defensa en la que habría perdido alrededor de medio litro de sangre menos de tres meses antes en Houston, ante el tailandés Tacomrón Vibonchai.

Pero aún así ganó claramente, pero sin lucir, dominando a un fogoso “Poema”, quien hacía su tercera pelea al hilo en Mérida y venía de sufrir un nócaut técnico (con “ayuda” del réferi Francisco “Monkey” Muñoz) a manos del ya ex campeón del mundo Freddy Castillo.

Avelar, quien tres años después sería campeón mundial, se fajó, pero lució “verde”, ya no ante la velocidad, “timing” y desplazamientos de Canto, pero sí ante sus recursos e inacabable oficio, por lo que perdió una amplia decisión.

Una fuerte ovación de por lo menos 12 mil personas (cerca del doble de lo que hoy día lleva el tristemente célebre “mochado” Polifórum Zamná) saludó el triunfo del “Maestro”, sin saber que esa ocasión que lo verían como campeón.

Inexplicablemente, un mes y ocho días después, con mínimo descanso, Canto viajó a Corea a hacer frente a un bisoño adversario de nombre Chan Hee Park, quien lo sorprendió con su estilo poco ortodoxo, gran velocidad, para arrebatarle la corona por decisión unánime…e inobjetable.

Miguel todavía tendría una oportunidad más por la corona que fue suya durante cuatro años dos meses y 10 días y aunque le dio una lección al coreano, a quien incluso parecía tendría que haber vencido por nócaut  técnico por múltiples cortes, debió conformarse con el empate y con volver a América sin el cinturón.

Sin embargo, dejó muestra evidente, fehaciente, de que era mejor que Park y que seguía siendo, aunque simbólicamente, el campeón del mundo.

Ya lo que siguió después, a excepción de una brillante demostración ante el ex campeón mundial coreano Sung Jun Kim en Mérida, fue una debacle deportiva, que antecedió a la personal que el gran campeón vivió, pero que logró superar.

A continuación, algunos aspectos curiosos o anecdóticos de esa velada del 10 de febrero de 1979 en el desaparecido estadio de la Colonia Chuminópolis, enfrente de, donde, por cierto, Canto tenía su gimnasio.

1.- En la primera pelea de la noche, en duelo de dos fajadores y pegadores megaexplosivos, Rodolfo “Gato” González (homónimo del ex monarca mundial jalisciense), enfrentó en combate a cuatro rounds en peso ligero al sensacional novato Juan “Dinamita” Hernández (moriría poco después al ser atropellado en su motocicleta).

Hernández, al iniciar la pelea, prendió al “Gato” capitalino (quien incluso por su posterior popularidad llegaría a ser protagonista de películas) y lo dejó viendo las lámparas. González logró reincorporarse, y cuando estaba encima del “mixo” (gato en maya), una lámpara se zafó del arnés superior del ring y obligó al réferi a detener las acciones.

Una vez reanudadas las acciones, el “Gato” se aferró con sus otras seis vidas a la pelea y en el tercer asalto soltó un mandarriazo a la cara del yucateco al que causó una herida que le impidió seguir, para terminar perdiendo por nócaut técnico en el cuarto y último episodio.

“El Gato” González sería, poco tiempo después, el novato más querido y prometedor de todo México, por su gran carisma y explosivo poder, y aunque disputó dos veces la corona mundial de los ligeros y en una ocasión la de los súperligeros, no las ganó, en gran parte por su irresponsabilidad y gusto por la “Dolce Vita”. Hoy día cumple una segunda condena en prisión por asesinato.

2.- La de esa noche fue la única ocasión en la que Miguel Canto y Gustavo “Guty” Espadas compartieron cartelera.

Como es más que sabido, siempre se habló de una eventual pelea entre ambos, siendo los dos, por casi dos años, los mejores del mundo en su división y viviendo los dos en Mérida.

Fue en esa velada, cuando más cerca estuvieron ambos de compartir el mismo ring y el mismo público.

De hecho, Espadas peleó justo antes de Canto con Avelar y se deshizo en tres rounds de Rubén “Gato” Mancilla. Según recordamos, entre las brumas del tiempo, tanto Miguel, como “Guty” pelearon en la misma esquina y con pantaloncillo de mismo color.

3.- Pocos, muy pocos lo saben, pero el réferi de ese combate, el bien recordado Ray Solís, no era tijuanense, como siempre trascendió, sino jalisciense, de la localidad de La Barca, por lo que, paradójicamente, sobre el ring, Canto compartía lona con un retador de Jalisco y con un réferi que era originario de ese mismo lugar, lo que de acuerdo a los más estrictos cánones, no debía suceder por causas obvias, aunque no influyó en absoluto en el veredicto.

A final de cuentas, “Jalisco sí perdió” esa noche y no arrebató.

4.- En la pelea de emergencia estaba haciendo sombra en el dugout visitante (que servía como vestidor) un joven púgil amateur, de nombre Mario Candelario Mena Castro, quien fue programado como púgil emergente para lo que sería su debut, lo cuál finalmente no sucedió.

Mena, quien con el tiempo se convertiría en un réferi aficionado, en presidente de la Asociación e Boxeo Amateur de Yucatán (ABAY) y también en réferi profesional, ha, finalmente, subido al ring más veces que las que lo hubiera hecho como profeesional.

5.- En primera fila estaban esa noche los señores David Reynoso, José Sulaimán (que en paz descansen) y la súperestrella del momento, la sra. Silvia Pinal.

Así de importantes y de trascendentes eran los granes eventos boxísticos, a diferencia de los de ahora, cuando en plena pachanga de campeonatos, ya ni los diarios publican los resultados.

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